"El cine de los últimos seis años hace que los años 80 parezcan los años 30". Con esta frase, Quentin Tarantino dejaba claro su desprecio por el estado actual de la industria y, de paso, me empujaba a viajar 40 años atrás, a una década en la que Hollywood —igual que hoy— empezó a abusar de las secuelas. Los estudios descubrieron que las franquicias eran una máquina infalible de ingresos y se lanzaron a explotarlas sin freno. A veces con resultados brillantes —Aliens es el ejemplo perfecto, y vaya ejemplo—, pero otras con fracasos tan sonados que hoy solo sobreviven como curiosidades infames de las que me gustan hablar.
En concreto hoy vengo a compartiros un largometraje que puede presumir, no miento, de ser el peor valorado de toda la década de 1980 por miles de usuarios en IMDb (en Letterboxd tampoco sale mucho mejor parado: medalla de bronce). Me refiero, por supuesto, a Tiburón: la venganza (1987), la cuarta entrega de la saga iniciada magistralmente, aunque con un rodaje bastante complicado, por Steven Spielberg 12 años antes, que, ya os lo podéis imaginar, no estuvo a su altura. Ya fuera porque técnicamente parecía algo descuidada o por un guion que hacía aguas por todos lados, la película fue un desastre. Pero al menos podía presumir de contar con nada menos que un flamante ganador de un Oscar.
Es más: Michael Caine faltó a la ceremonia de entrega de los Premios de la Academia de 1987, donde fue coronado mejor actor de reparto por su papel en Hannah y sus hermanas (dirigida por Woody Allen), por estar rodando a miles de kilómetros de distancia este esperpento. La ironía quiso que el día en que era reconocido por una de las mejores obras de su filmografía estuviera ocupado rodando el peor largometraje de su carrera (aunque en los 90 firmó también alguna que otra cosa cuestionable). Pero el actor no se arrepintió de ello. "Me pagaron un millón de dólares por dos semanas y con ese dinero, compré una casa a mi madre" ¿El motivo? Él mismo lo contó en una entrevista: "Yo tenía un papel pequeño ahí por el que me pagaron un millón de dólares por dos semanas de trabajo.
Y con ese dinero, compré una casa. Luego alguien me dijo: 'Vi Tiburón: la venganza y es un asco'. Yo le dije: 'No la he visto'. A lo que añadí: 'Pero he visto la casa que le compré a mi madre, y es maravillosa'", recordó charlando con la televisión australiana. "Que mi madre tuviera una casa fue increíble porque crecimos en viviendas de protección oficial", agregó.
En su autobiografía dijo lo siguiente: "Siempre la recordaré como la época en la que gané un Óscar, pagué una casa y pasé unas vacaciones estupendas. Nada mal para un fracaso de película". Desde luego, ¡quién pudiera rodar hoy Tiburón 4! Por cierto, en 1999 volvió a ganar un Oscar, y este sí que pudo ir a recogerlo.
Una película... difícil de ver Tiburón: la venganza no puede verse actualmente en servicios de streaming. La trama narraba una historia bastante absurda en la que un escualo parecía perseguir a la familia Brody, como si guardara un rencor personal, desde la Isla de Amity hasta las Bahamas. Allí conocíamos al personaje de Michael Caine, con el que la madre de la familia entablaba una relación romántica (por contexto: Martin Brody había muerto de un infarto fuera de pantalla). En definitiva, un despropósito que, oye, igual tiene su punto si eres muy fan del género.
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