«Nadie puede arrodillarse ante Dios y despreciar al hermano», recalcó la máxima autoridad del Vaticano en una referencia implícita al rechazo a inmigrantes y personas vulnerables en sociedades a las que instó a «romper las cadenas de todo egoísmo». Una cálida mañana dominical se activó desde horas tempranas con el traslado de cientos de miles de personas hasta la Plaza Cibeles y sus entornos, en una ceremonia que constaría de la eucaristía y la procesión del Corpus Christi, la primera fuera de Roma liderada por Su Santidad. Acompañado por los reyes Felipe VI y Letizia, y sus hijas, Leonor, princesa de Asturias, y la infanta Sofía, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez, y numerosas autoridades, Leon XIV inició su segundo día de visita a España con un acto que superó las expectativas. En el comienzo de su homilía, Robert Francis Prevost lanzó una declaración de intenciones al repetir: «quien está en Madrid, es de Madrid.
Estoy entre vosotros como un madrileño más». Su frase está claramente relacionada con el espinoso tema migratorio, en debate actualmente en Europa. De ahí su insistencia en remarcar que la convivencia debe basarse en el respeto mutuo, la solidaridad y el reconocimiento de la dignidad de todas las personas. Ya la víspera y apenas tocar suelo español, el sumo pontífice habló varias veces de la cultura del encuentro y la convivencia pacífica, su distanciamiento ante la polarización y la amenaza del uso desproporcionado de las nuevas tecnologías.
Lo hizo ante medio millón de jóvenes en la Plaza Lima de Madrid, en una primera jornada en la que invitó a los jóvenes a “buscar la verdad que permanece frente a las mentiras» que se encuentran en las redes y a «dar una nueva dirección a la sociedad». Antes había reflexionado acerca de “la tentación de ganar popularidad”, avivando el fuego de las polarizaciones. ”Por eso, necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia», acotó. Finalmente, Leon XIV encabezó la procesión del Corpus Christi caminando unos 700 metros por la calle de Alcalá convertida en una gran alfombra floral con más de 30 mil claveles. Antes, tuvo lugar el rito de la comunión, con una hostia consagrada en custodia consistente en una pieza elaborada en 1943 por los talleres de Arte Granda en plata dorada, esmaltes, amatista y diamantes, vinculada a la historia de Madrid.
Después, 500 sacerdotes y mil 800 ministros comunitarios, ofrecieron la comunión a cientos de miles de personas asistentes al evento religioso. Además de un grupo de actividades en Madrid, incluyendo este lunes su intervención en el Congreso de Diputados, el papa visitará también Barcelona, Las Palmas de Gran Canaria y Tenerife, donde concluirá su estancia el 12 de junio. oda/ft