Si has notado que la nitidez de los vídeos que ves en YouTube en streaming cae en picado en escenas con mucho movimiento, e incluso los colores sufren una degradación perceptible, probablemente estés ante la peor experiencia de uso que se puede tener. Muchos usuarios llevan tiempo experimentando la molesta sensación de configurar un vídeo en resolución Full HD, pero que a la hora de verse, se siente con menos definición que hace unos años. Este problema, que antes no pasaba, o era menos perceptible, se produce sobre todo en escenas de conciertos con lluvia de confeti, en planos con agua en movimiento e incluso en videojuegos con transiciones rápidas. Pero no es un fallo de tu conexión, sino una consecuencia directa del trabajo que hacen los ingenieros de cada fabricante.
Para entender el problema, es clave diferenciar que un archivo esté etiquetado como «1080p» o «4K», únicamente define la cantidad de píxeles que se dibujan en la pantalla, pero no la fidelidad de la información que transportan. Qué es el bitrate El núcleo del problema está en la tasa de bits por segundo o bitrate, que es el volumen de datos que se transmite desde los servidores de la plataforma hasta tu dispositivo en cada segundo de reproducción. Tradicionalmente, un vídeo a 1080p disponía de un ancho de banda generoso que permitía un procesado limpio de la imagen. Sin embargo, para absorber el colosal volumen de contenido que se sube cada minuto y mitigar los costes multimillonarios de infraestructura, las plataformas de streaming aplican perfiles de compresión que los limitan.
Cuando se reduce el bitrate para ahorrar ancho de banda, la imagen se resiente de manera inmediata. Es aquí donde aparece el fenómeno técnico conocido como macrobloques o pixelación por compresión de la imagen. En secuencias estáticas, como un creador de contenido hablando frente a la cámara con un fondo liso, el algoritmo apenas necesita actualizar la información de los fotogramas, por lo que no se nota tanto. El problema aparece de verdad en escenas de alta entropía, es decir, donde hay mucho movimiento y casi todos los píxeles cambian simultáneamente de posición y color.
Si el vector de movimiento de la transmisión se satura debido a un ancho de banda recortado, el decodificador de tu teléfono o televisor es incapaz de rellenar los huecos, agrupando los píxeles en cuadrados borrosos. Nuevo estándar AV1 Para intentar paliar esta pérdida de fidelidad sin disparar el consumo de datos de las redes globales, los ingenieros de software acuden a nuevos estándares. A nivel de codificación, las plataformas han ido sustituyendo de forma progresiva sus tecnologías de compresión para exprimir cada bit de información: - El antiguo estándar: Durante años, el formato H.264 o AVC sostuvo la web, pero su ineficiencia matemática obligaba a consumir demasiado ancho de banda para mantener la nitidez. - La transición de Google: Para solucionar el problema, la compañía implementó el códec VP9, un algoritmo propietario capaz de ofrecer una calidad similar con casi la mitad de peso en el archivo. - El despliegue del códec AV1: En la actualidad, el ecosistema se está desplazando hacia el formato AV1, un estándar de compresión de nueva generación que utiliza predicciones espaciales ultraavanzadas para mantener los perfiles de color y la definición, reduciendo drásticamente el uso de datos. Sin embargo, el despliegue del códec AV1 introduce saca a la luz los problemas de hardware.
Al ser un algoritmo matemáticamente muy complejo, requiere que el procesador de tu smartphone o de tu Smart TV cuente con un módulo de descodificación por hardware específico. Si tu dispositivo tiene más de tres o cuatro años, carecerá de este componente físico, viéndose obligado a procesar el vídeo mediante software antiguo (lo que calienta el terminal y gasta más batería) o a recibir una versión del vídeo con un códec inferior y un bitrate sumamente castigado.