Sintiendo la amenaza de los calambres en sus piernas. El box de Alexander Zverev tocó a rebato ante la petición del jugador de algún remedio que evitase sufrir un episodio como el que se llevó a Jannik Sinner del torneo dramáticamente. No hacía calor extremo, pero en su su vida el alemán había padecido tantos nervios. El vértigo a la victoria o al fracaso.
El mismo impostor, un huracán de sensaciones que llevó al límite al tenista de Hamburgo. Que acabó tirado de espaldas rebozándose en arcilla y llorando de emoción. Y alivio. Era un todo o nada.
Cuarto set, 3-5 abajo, con la posibilidad de irse a un quinto. Zverev, el eterno candidato, haciendo estiramientos contra las rampas. Ante la emergencia, el golpeo a la carrera de la pelota, sin el miedo que tanto había penalizado su juego por momentos. A su favor, la falta de experiencia de su rival, el italiano Flavio Cobolli, también un flan, muy nervioso.
Dramático. No quedó otro remedio que desempatar en el quinto, entre masajes e incertidumbre. En la agonía sobrevivió Alexander Zverev, porque de repente se fundió físicamente Flavio Cobolli. El alemán, 29 años y nº 3 mundial, que por fin se quitó la etiqueta de eterno perdedor de Grand Slam.
Todo un oro olímpico, bicampeón de las ATP Finals, 24 títulos profesionales. Pero es el 25º el que marca un antes y un después. ¡Ya es campeón de Grand Slam! En su cuarta final, tras las pérdidas ante el austríaco Dominic Thiem (US Open 2020), el español Carlos Alcaraz (Roland Garros 2024) y el italiano Jannik Sinner (Open de Australia 2025). Dolió especialmente la primera.
El azar quitó de su camino a los dos 'monstruos' del tenis actual, al murciano, bicampeón lesionado, y al italiano, víctima de las rarezas de esta edición. Zverev se impuso a su amigo italiano Flavio Cobolli, 24 años y nº 14 (será nº 10 ese lunes, por 6-1, 4-6, 6-4, 6-7 (5) y 6-1 en 4h.15' de partido condicionado por la presión que sintieron uno y otro. De una de las mejores finales de la historia, del Alcaraz-Sinner de 2025, a una resolución entre humanos, fluctuando en una montaña rusa de emociones. A trancas y barrancas, y con más experiencia en encuentros maratonianos, aguantó Zverev, que en condiciones anímicas normales hubiera dominado como lo hizo en el set inicial.
Su nivel en Roland Garros siempre ha sido muy alto. Pero cada vez que se veía acercándose a la Copa de los Mosqueteros, dudaba. El lastre histórico que acarreaba y del que se ha soltado por fin. Primer alemán que gana el torneo en la era moderna, después de Gottfried von Cramm (1934 y 1936) y Henner Henkel (1937), recupera un puesto en el historial de Grand Slam para un país que no celebraba un triunfo igual en modalidad masculina desde el de Boris Becker en el Open de Australia de 1996.
Sascha Zverev cumplió un objetivo vital. Cumplió un sueño, recompensado además con un talón por 2.800.000 euros. Lo hubiera hecho gratis. Después de los nueve Grand Slams monopolizados entre Carlos Alcaraz y Sinner, el triunfo del teutón.