Aviso sobre una nueva crisis alimentaria provocada por los biocombustibles y el cierre del estrecho de Ormuz: el aumento de los precios de las materias agrícolas

Aviso sobre una nueva crisis alimentaria provocada por los biocombustibles y el cierre del estrecho de Ormuz: el aumento de los precios de las materias agrícolas

Coches Eléctricos Aviso sobre una nueva crisis alimentaria provocada por los biocombustibles y el cierre del estrecho de Ormuz: el aumento de los precios de las materias agrícolas El encarecimiento de los combustibles tradicionales puede tener consecuencias inesperadas, como el encarecimiento de la comida. El conflicto de oriente está generando consecuencias insospechadas. Híbridos y Eléctricos 08/06/2026 15:30 Actualizado a 08/06/2026 15:30 La combinación de una nueva crisis energética y el auge de los biocombustibles podría estar sentando las bases de un importante problema para la seguridad alimentaria mundial. Esa es la advertencia que lanza un reciente análisis de la organización Transport & Environment (T&E), que alerta de que el cierre del estrecho de Ormuz y el encarecimiento del petróleo derivado están impulsando una mayor demanda de combustibles obtenidos a partir de cultivos agrícolas, lo que amenaza con disparar los precios de materias primas esenciales como el maíz, los aceites vegetales o el azúcar.

Según el informe, la crisis geopolítica en Oriente Medio ha alterado las cadenas globales de suministro de energía, fertilizantes y alimentos. A medida que el petróleo se encarece, los biocombustibles se vuelven económicamente más atractivos como alternativa, lo que provoca una competencia directa entre el sector energético y el alimentario por los mismos recursos agrícolas. Es decir, que productos que podrían destinarse a la alimentación terminan utilizándose para llenar depósitos de combustible. Transport & Environment aboga por la electrificación en lugar de los biocombustibles.

La alternativa a los combustibles fósiles La organización señala que numerosos países están acelerando sus objetivos de mezcla obligatoria de biocombustibles para reducir su dependencia de los combustibles fósiles, entre ellos grandes potencias agrícolas como Estados Unidos, Brasil, India o Indonesia. Si todas las medidas propuestas llegan a aplicarse, la demanda mundial de biocombustibles podría aumentar un 30 % ya en 2026 y llegar a crecer un 70 % antes de 2030. La consecuencia más inmediata sería una presión extra sobre unos mercados agrícolas que ya muestran señales de tensión. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha registrado incrementos en los precios de diversos grupos de materias primas alimentarias durante los últimos meses, especialmente en los aceites vegetales y, según T&E , este fenómeno sigue un patrón ya observado en crisis anteriores: cuando el petróleo sube, aumenta el atractivo económico de los biocombustibles y las refinerías pueden llegar a pagar más por determinados cultivos que las propias industrias alimentarias.

El informe advierte de que esta dinámica puede desencadenar un efecto dominó. Los procesadores de alimentos se ven obligados a asumir costes más elevados para adquirir materias primas y, posteriormente, trasladan esos incrementos al consumidor final. De esta manera, un problema energético acaba convirtiéndose en inflación alimentaria. Un problema añadido Además, existe otro factor que agrava la situación: los fertilizantes.

El cierre del estrecho de Ormuz también ha afectado al comercio internacional de productos esenciales para la agricultura. T&E calcula que las actuales políticas de biocombustibles consumen ya alrededor de 7 millones de toneladas de nutrientes fertilizantes, incluyendo nitrógeno, fósforo y potasio. Esto equivale, según la organización, a utilizar para la producción de combustible aproximadamente la mitad de las exportaciones de fertilizantes procedentes de Oriente Medio. Otro aspecto preocupante es la reducción de las reservas mundiales de productos agrícolas, ya que el análisis señala que el volumen de biocombustibles consumido para cumplir los objetivos obligatorios equivale aproximadamente al 40 % de las existencias finales de algunas materias primas básicas.

Al mismo tiempo, grandes exportadores agrícolas como Brasil e Indonesia están reteniendo parte de su producción para abastecer la demanda interna de biocombustibles, reduciendo así la oferta disponible en los mercados internacionales. Para T&E, esta combinación de mayores costes energéticos, escasez de fertilizantes, aumento de la demanda de biocombustibles y reducción de las reservas agrícolas podría desembocar en una “tormenta perfecta” para la seguridad alimentaria mundial. Es por eso que considera que la solución pasa por limitar el uso de cultivos destinados a producir combustible, establecer mecanismos de emergencia que permitan suspender temporalmente determinados objetivos de biocombustibles durante periodos de tensión alimentaria y acelerar la electrificación del transporte. Según sus cálculos, utilizar electricidad renovable para mover vehículos resulta mucho más eficiente desde el punto de vista del uso del suelo que destinar grandes extensiones agrícolas a la producción de combustibles vegetales.

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