La verdad nunca es subjetiva. Es un concepto que como especie hemos asegurado entender y dominar: es absoluta, es buena y es incorruptible. Se nos llena la boca reclamándola cuando está de nuestro lado y echándola en cara a otros cuando reniegan de ella. Es fácil, pensamos: la verdad no se puede negar.
Y entonces es cuando vienen los grises. Todos creemos tener la verdad, mientras que esta es maleable a diferentes gustos y opiniones. Sólo hace falta un trozo de ella para arrojar desinformación, malas prácticas y lo peor que como humanos representamos. Esa realidad fracturada nos divide y aleja unos de otros, precisamente porque sólo queremos verlo como algo absoluto.
Pues va a haber dos verdades cuando la gente acuda a los cines a ver 'El día de la revelación'. Unos dirán que no está a la altura de un director excelso, que se limita a sensibilizar al espectador y que se limita a lo superficial, y que su trama es delirante y poco satisfactoria. Otros, en cambio, vamos a mantener que esta es la mejor película de Steven Spielberg en los últimos veinte años, que su mensaje es tremendamente profundo y que la historia es valiente y contundente en los tiempos que corren. Puedo apostar que 'El día de la revelación' va a ser una película muy divisiva y que se discutirá de aquí a muchos años.
Y también puedo decir que no la querría de otra manera. La verdad está ahí fuera 'El día de la revelación' lo ha hecho posible un Spielberg más sabio que nunca. El mítico director de 'Encuentros en la tercera fase' y 'E.T., el extraterrestre' vuelve a su género favorito, la ciencia ficción, y le da un toque conspiranoico: ¿y si el gobierno oculta la verdad sobre los alienígenas desde hace décadas? ¿Qué sucederá entonces cuando se descubra, el impacto que tendrá en la humanidad? Es un conflicto que parece sencillo y los primeros minutos nos llevan a tenerlo claro, pero a medida que profundiza se matizan las diferentes filosofías que surgen al respecto.
Revelar algo así al mundo puede ser ético, pero el resultado puede ser divisivo y catastrófico. El mundo ya se encuentra lo suficientemente dividido entre conflictos globales, malestar en redes sociales y políticas extremistas como para añadir una realidad tan explosiva al día a día. Spielberg hace un equilibrio para contar estos puntos de vista con una narrativa que salta entre media docena de protagonistas. Todos siguen un hilo fácil de seguir, pero con un coste importante: en ocasiones la trama se estanca.
Pasamos de un personaje cuya trama nos deja al vilo para pasar a otro que no sólo no tiene la misma urgencia por hacer avanzar las cosas, sino que se da su tiempo para discutir la filosofía y moralidad de sus acciones. Pueden ser saltos algo difíciles de recibir, especialmente cuando el talento de su reparto no es unánime. Emocionalmente intensa Hay una actriz que ha protagonizado más posters que nadie, y tras ver la película es comprensible. Emily Blunt es, sencillamente, el corazón de la película.
Este es el mejor papel que ha interpretado hasta la fecha, sin lugar a dudas, y no se trata de alguien que no haya brillado antes. Da vida a Margaret Fairchild, una reportera insatisfecha con su trabajo, su pareja y perdida en la vida. Lo último que necesita es una conspiración global en la que ser parte, y sin que ella lo pida, se ve involucrada en lo más profundo de esta. Su papel exige muchos tonos diferentes y un gran rango para actuar.
Debe ser empática, mostrar al público a alguien vulnerable que disfruta y sufre al mismo tiempo lo que vive. Blunt es capaz de ello y más: aporta una energía sin igual en toda la cinta, capaz de remover emocionalmente al espectador cada vez que está en pantalla. Hace llorar, estresa y alegra como nadie, y todo mientras es el personaje que menos entiende lo que está pasando en la trama. Claro que Spielberg siempre ha sido un sentimental y ha sabido conmover al público.
Es su mayor especialidad, y lo tiene más fácil cuando se rodea de talentos como el de John Williams. El músico vuelve a darnos temas de gran calibre que nos ponen la piel de gallina, sobre todo en lo que se refiere al tema principal de la película. Esta banda sonora será recordada en los próximos años como uno de los últimos regalos del compositor. Para recordar Aunque hay muchas alabanzas que otorgar en favor al largometraje no todo podría ser perfecto.
Su mayor error es aquel que el director estadounidense siempre comete: apela a las masas y a la emoción de forma recurrente sin mojarse demasiado. Esta es probablemente una de las obras más políticas de Spielberg desde 'Minority Report', y aun teniendo mucho que decir y criticar del mundo actual, tiende a quedarse con un mensaje a medio cocer. Quiere transmitir algo bueno, pero no entra en lo provocativo, no hace reflexionar al espectador. Claro que quizás no sea el momento para ofrecer una obra más desafiante.
Los años han dado sabiduría al director, y sabe que si quiere apelar a las masas necesita hacerlo a través de su corazón. 'El día de la revelación' podría haber sido conmocionadora y provocadora, pero en su lugar prefiere mirar nuestro futuro con optimismo y dar un mensaje de esperanza a las familias que lo vean. Esta va a ser una cinta de la que se hable mucho en los próximos años. Quizás ahora choque con los intereses de muchos y se empuje cierta agenda sobre ella, pero estoy convencido de que en una década se reconocerá como un imprescindible que no se terminó de comprender en su momento. O quizás este crítico esté equivocado y sea muy bien recibida desde el principio, tal y como merece.
El tiempo dirá, y si nuestra sociedad está lista o no para la verdad, también.