Bloomberg Línea — El oro cerró la semana pasada por debajo de su media móvil de 200 días por primera vez desde octubre de 2023, una señal técnica que coincide con un cambio en las fuerzas que han dominado el mercado durante los últimos meses. Ver más: La salida a bolsa de SpaceX impulsa una fiebre bursátil en la economía espacial Datos laborales más sólidos de lo esperado en Estados Unidos y nuevas preocupaciones sobre la inflación reforzaron las expectativas de que las tasas de interés permanezcan elevadas durante más tiempo, presionando al metal precioso. La ruptura marca un revés para un activo que había mantenido una tendencia alcista durante los últimos dos años gracias a las compras de bancos centrales, la incertidumbre geopolítica, las preocupaciones sobre la deuda pública y la búsqueda de diversificación por parte de los inversores. Sin embargo, el mercado ha pasado a concentrarse en factores de corto plazo.
Ole Hansen, director de Estrategia de Materias Primas de Saxo Bank, dice que desde hace un mes y medio el oro se ha visto golpeado por una serie de factores. “Desde mediados de abril, el oro se ha visto cada vez más afectado por el temor a la inflación derivada del sector energético, ya que los inversores se centran en el aumento de los precios del petróleo, las mayores expectativas de inflación, los rendimientos más altos de los bonos y un dólar más fuerte”, escribió Hansen. No obstante, el analista señala que “el caso alcista de largo plazo sigue intacto”, aunque añade que actualmente el mercado está dominado por fuerzas distintas a las que llevaron al metal a máximos históricos a comienzos de año. La inflación desplaza el papel tradicional de refugio La corrección del oro se produce en un momento en que las tensiones geopolíticas continúan presentes, pero sin generar el impulso habitual sobre los activos refugio. → Suscríbete al newsletter Línea de Mercado, una selección de Bloomberg Línea con las noticias bursátiles más destacadas del día. Según Hansen, “mientras el conflicto siga amenazando los suministros energéticos y manteniendo elevados los riesgos de inflación, es probable que los inversores sigan centrados en la perspectiva de tasas de interés más altas durante más tiempo en lugar del papel tradicional del oro como diversificador de cartera”.
La diferencia radica en la naturaleza del riesgo actual. Los episodios en los que el oro suele destacar como refugio coinciden normalmente con crisis financieras o desaceleraciones económicas que empujan a los bancos centrales a recortar tasas. En esta ocasión, el shock proviene de la oferta energética, un factor que eleva las expectativas de inflación, respalda al dólar y reduce el margen para una flexibilización monetaria. Ese contexto aumenta el costo de oportunidad de mantener un activo que no genera rendimiento, una circunstancia que ha limitado la demanda de inversión incluso en medio de la incertidumbre geopolítica.
La ruptura de la media móvil de 200 días también tiene implicaciones para los participantes del mercado. Este indicador es utilizado por fondos sistemáticos, operadores de tendencia y estrategias de gestión de riesgo para evaluar la dirección predominante de los precios. Un movimiento sostenido por debajo de ese nivel puede favorecer recortes de posiciones y retrasar nuevas entradas de capital. Pese a esto, otras instituciones mantienen una visión favorable para el metal a más largo plazo.
UBS destacó la semana pasada que el oro representó el 27% de las reservas oficiales globales al cierre de 2025, por encima de los bonos del Tesoro estadounidense, y reiteró que sigue siendo una cobertura frente a riesgos geopolíticos y de diversificación. El banco suizo afirmó que siguen “siendo constructivos con el oro a medio plazo, pese al riesgo de una mayor volatilidad a corto plazo”. Los inversores buscan ahora una zona de soporte Tras perder ese soporte técnico, la atención del mercado se desplaza hacia la zona comprendida entre US$4.100 y US$4.075 por onza. Ese rango coincide con el mínimo registrado en marzo y con el retroceso del 38,2% del avance que comenzó en 2022 y llevó al oro cerca de US$5.600 este año.
La evolución de la inflación estadounidense aparece ahora como uno de los principales factores a seguir. El próximo dato de precios al consumidor y la reunión de la Reserva Federal del 17 de junio serán observados para determinar hasta qué punto el encarecimiento de la energía está trasladándose al resto de la economía y condicionando las decisiones de política monetaria. Aunque el sentimiento se ha deteriorado, algunos indicadores muestran que parte del exceso de optimismo ya se ha corregido. Las tenencias de ETF de oro monitorizadas por Bloomberg disminuyeron en 88 toneladas durante 2025 hasta 3.048 toneladas, aunque todavía se sitúan 282 toneladas por encima de los niveles de hace un año.
Al mismo tiempo, las posiciones especulativas netas en futuros de oro del COMEX se mantienen cerca de 171.000 contratos, por debajo del promedio anual de 194.000 contratos. Hansen considera que el impulso sigue siendo el elemento ausente para una recuperación sostenida y afirma que “el ingrediente clave que falta para una renovada demanda es el impulso”. Por ahora, los operadores seguirán atentos a la capacidad del metal para estabilizarse sobre la zona de soporte identificada por Saxo Bank y, posteriormente, recuperar los US$4.500 y la media móvil de 50 días cercana a US$4.600, niveles que podrían modificar la dinámica predominante del mercado.