La otra noche, en el Summer Game Fest, me pasó una de esas cosas que hacen pensar que le dedico mucha energía mental a los robots, mechas y de más ingenios mecánicos antropomórficos. Diré en mi defensa que en el nuevo tráiler de Gen Atlas, lo nuevo de Fumito Ueda, me lo puso fácil. En este avance una enorme cabeza metálica salía despedida por los aires debido a lo que parecía un mamporro descomunal, y a mí, lo primero que se me vino a la cabeza fue un recuerdo de plástico: Rock 'Em Sock 'Em Robots, aquel juguete de dos muñecos dándose tortazos hasta que a uno le saltaba la cabeza fuera de los hombros. Tal vez en España no os suene de mucho, porque nunca caló aquí como lo hizo en Estados Unidos, pero dejó su poso en la cultura pop a base de cameos y de guiños.
Y enseguida, claro, llegaron los otros robots gigantes peleones: Mazinger Z, Gundam, y toda esa mitología de chavales subidos a máquinas de guerra con forma de persona. Lo curioso es que una cosa es el muñeco que se parte la crisma para divertirnos y otra muy distinta es lo que Ueda lleva veinte años haciendo, que es contarnos historias emocionantes de la mano de personajes de gran tamaño. Así que sí, los robots de Gen Atlas se dan de lo lindo y pierden la cabeza en el sentido más literal del término, pero me apostaría algo a que esto va a tener más de El gigante de hierro que de Evangelion. Y si no me equivoco mucho con este nuevo proyecto suyo, la pelea no es el tema.
La pelea es el cebo. Si Rock 'Em Sock 'Em puso a dos robots a pegarse como juego de niños (pra evitar poner a dos figuras humanas que fomentaran la violencia), fue el anime el que metió a los niños dentro de los robots. La idea de subirse a una máquina con forma de persona y pilotarlo desde una cabina, un coloso de acero que obedece a quien lo tripula, tiene ya casi 70 años. Luego vino la versión adulta, la de las guerras políticas y los pilotos que no son héroes sino soldados, donde el robot ya no era un juguete sino una herramienta de un conflicto que les venía grande.
Esa mitología es enorme, lleva décadas funcionando, todos hemos crecido un poco con ella y sabemos ver el poso que ha ido dejando en la cultura occidental gracias a los Power Rangers y Pacific Rim. Pero hay una bifurcación en la evolución de esa mitología que es la que de verdad me interesa hoy. Por un lado está la rama luminosa, la del robot como compañero, como amigo descomunal que te cuida; por otro, la rama oscura, la que cogió esas mismas máquinas y las llenó de angustia, de cuerpos que duelen y de adolescentes rotos por dentro. No hace falta que diga qué obra encarna mejor esa segunda rama, porque cada uno tendrá la suya, ya que hay donde elegir: ¿eres más de Amuro o de Shinji?.
Yo la pregunta que me hago, viendo a Ueda asomarse por primera vez al mundo de los gigantes mecánicos en un entorno más de ciencia ficción que de fantasías, es muy sencilla: ¿hacia qué lado de esa bifurcación va a tirar? Porque ahí, en esa elección, se decide si Gen Atlas será una historia de guerra o una historia de afecto disfrazada de guerra. El gigante de hierro era un arma de destrucción masiva pacifista Aquí aparece el contrapeso perfecto a esos animes de los que os hablaba: El gigante de hierro, que Brad Bird dirigió en 1999 a partir de una novela de Ted Hughes. Cuenta justo lo contrario que la rama oscura del anime.
Ambientada en plena Guerra Fría, va de un niño que se hace amigo de un robot caído del cielo y descubre que esa mole metálica, diseñada para arrasar, puede escoger no hacerlo. El crío le insiste una y otra vez en que no está obligado a ser un arma, en que puede decidir en qué se convierte, y el gigante acaba dándole la razón de la forma más rotunda posible: llegado el momento, en lugar de disparar, elige ser Superman y salvarnos a todos. Es un arma que escoge la ternura, y por eso seguimos llorando con ella casi treinta años después. Lo paradójico, si me permitís el apunte, es que aquella película fue un fracaso en taquilla, apenas recaudó 31 millones frente a un presupuesto de 50, hundida por una campaña de Warner que no creyó en ella.
Tardó años en convertirse en el clásico de culto que hoy es. Y fijaos en el detalle que la cierra, porque resuena con el tráiler de Ueda de una forma inquietante: al final, las piezas del gigante se mueven solas y van convergiendo hacia su cabeza, perdida en un glaciar de Islandia, que sonríe mientras vuelve a ensamblarse. La cabeza que se reconstruye, que busca de nuevo un cuerpo. Casi la misma imagen que Ueda nos enseñó anoche.
Con todo esto sobre la mesa, volvamos al tráiler de Gen Atlas. Lo que enseñó genDESIGN es un planeta abandonado sembrado de robots colosales, algunos en funcionamiento y otros oxidados y parcialmente desmantelados. Hay un mecha cargando un pilar gigantesco como si fuera una maza (muy Pacific Rim, otra vez), hay un héroe a escala humana trepando por una máquina en movimiento, muy Ueda eso. Y claro, también hay gigantes que se enfrentan, lo del puñetazo y la cabeza que sale volando que os mencionaba al principio y que conecta con otra imagen del juego, la de una cabeza metálica que flota por el aire, encuentra un cuerpo derribado, y ese cuerpo se incorpora despacio para reunirse con ella.
Una especie de reencuentro donde yo veo al Ueda de siempre, el de Shadow of the Colossus y The Last Guardian, el del niño y el gigante, el de una relación desigual entre un ser frágil y otro inmenso. Así que dejadme especular un momento: tal vez Gen Atlas sea una odisea de soledad y silencio, tal vez sea una historia de duelo entre máquinas, tal vez sea las dos cosas a la vez. Lo único que me atrevo a afirmar es que las peleas, por espectacular que se vean, no van a ser nunca el corazón del juego. ¿Y vosotros, los que habéis trepado alguna vez a un coloso sabiendo que tendríais que derribarlo, no intuís ya lo que se nos viene encima? Ueda lleva veinte años contándonos lo mismo Si algo une a aquel juguete de los robots de plástico de colores, a la película de Bird y a lo que intuyo en Gen Atlas, no es la chatarra ni los puñetazos, es la idea de que dentro de la máquina más grande cabe un corazón.
Rock 'Em Sock 'Em sustituyó a los dos boxeadores que originalmente protagonizan el juguete para que no fuera algo violento; El gigante de hierro volvió a meter el alma dentro del metal para hacernos soltar una lagrimita; y Ueda, que lleva desde Ico hablándonos de relaciones y de emociones, parece dispuesto a recordarnos otra vez que un coloso no es lo que está hecho para hacer, sino lo que escoge hacer. Por eso me da bastante igual cuántas balas dispare el protagonista en tercera persona. Lo que me importa es esa cabeza buscando su cuerpo, porque ahí, en ese gesto, está toda la promesa de lo que me quiere contar Ueda: tú eres quien eliges ser. ¿Y tú qué opinas? ¿Te ha llamado la atención la propuesta de Ueada en Gen Atla? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.