Con su chaqueta de cuero y su inusual cercanía, Jensen Huang, CEO de Nvidia, se autodefine como uno de los mejores jefes de la industria tecnológica por una sencilla razón: "He creado más millonarios en mi equipo directivo que cualquier otro CEO del mundo". No miente, y sus 42.000 empleados dan buena cuenta de ello con una media de 301.233 dólares al año. El director de Nvidia reconoce que el reparto de ingresos de las empresas está roto: "Creo que la gente debería cobrar todo lo posible. Yo pago a mis empleados todo lo que puedo”.
Sin embargo, eso no significa que trabajar para Jensen Huang sea fácil y, en contraposición a ese premio, también mantiene una filosofía de torturar “hasta la grandeza". La productividad según Jensen Huang La idea, que a oídos de Occidente no podría sonar peor, es ampliamente conocida por la comunidad asiática: "Es la misma tortura que aplican los padres taiwaneses. Para un padre taiwanés, nada es suficiente. No pasa un día sin alguna crítica.
No puedes mostrarme nada sin que te dé algún tipo de crítica. Siempre soy crítico con el trabajo de todos para ayudarles a ser mejores". Pese a que buena parte de estudios sobre productividad y psicología en la empresa reconocen que hay mucho valor en ese planteamiento, también recuerdan que hay una línea muy fina entre el éxito y el desastre de esa filosofía. En un entorno de confianza y respeto, ese feedback no se lee como un gesto de menosprecio, sino de cuidado.
En ambientes laborales tóxicos, en cambio, donde la relación entre jefe y empleado es completamente distinta, el rendimiento se destruye por completo en vez de subir. Puede que, de hecho, la razón por la que a Jensen Huang le funciona ese método venga precisamente de esos sueldos, de la confianza que genera que un jefe deje de ganar otro bonus más para poder repartirlo entre sus empleados. Frente a ese respeto generado, las críticas para mejorar y seguir siendo su ojito derecho entran mejor.