Bloomberg Línea Brasil — El capital de riesgo global vive una obsesión comprensible por la inteligencia artificial aplicada a las pantallas, pero hay inversionistas que ya miran más allá, hacia donde el bit se encuentra con el átomo. En una entrevista con Bloomberg Línea durante el AWS Latam Startups en San Francisco, California, evento que reunió a unos 20 emprendedores de la región, Shomik Ghosh, socio de la gestora de Silicon Valley Sierra Ventures, señaló una paradoja contraintuitiva: el verdadero boom de la robótica y de la llamada Physical AI (IA física) puede provenir de mercados emergentes como América Latina. La tesis sorprende a quienes están acostumbrados a ver a Brasil y sus vecinos solo como exportadores de materias primas o creadores de fintechs. Pero, según Ghosh, la dinámica geopolítica y regulatoria actual cumple un papel y ejerce presión sobre la lógica del tablero global.
La ruta de Shenzhen En Estados Unidos, el desarrollo de hardware avanzado se enfrenta a una especie de barrera geopolítica. Las startups estadounidenses que necesitan componentes críticos — como actuadores de alta precisión, brazos mecánicos y sensores magnéticos — se ven limitadas por las restricciones de seguridad nacional y los aranceles impuestos a China. Es lo que el mercado comienza a llamar la “carga del pionero”. Elon Musk, por ejemplo, se ve obligado a verticalizar y construir el robot Optimus prácticamente desde cero dentro de Tesla, porque no puede simplemente comprar piezas listas del ecosistema chino e integrarlas si quiere vender al sector de defensa o a la infraestructura crítica de EE.UU.
Latinoamérica no carga con esa carga. “Si vas a China hoy, los problemas de destreza que tenemos con las manos de los robots ya los han resuelto ellos”, afirma Ghosh. “Los fundadores en México, Brasil o Colombia pueden simplemente comprar esas manos, obtener los actuadores y los imanes directamente de proveedores chinos y comenzar a implementar sus soluciones de inmediato”. El directivo se incorporó hace seis meses a Sierra Ventures, una gestora estadounidense de fase inicial con 45 años de trayectoria y US$2.000 millones bajo gestión. En la cartera, compuesta por empresas de SaaS, deeptech, infraestructura, salud, seguridad y defensa, se encuentran startups como las mexicanas Yalo y Eden, que operan en Brasil. Shomik también fue socio de Boldstart Ventures, donde invirtió en startups de IA como CloudQuery, Kiln AI, Noded AI y CrewAI, del brasileño João Moura.
Anteriormente, en Top Tier Capital Partners, aportó capital a empresas en fase de crecimiento, entre ellas CircleCI y Shape Security. Esta facilidad de financiación ofrece a las startups latinoamericanas una especie de “atajo de desarrollo” que el proteccionismo estadounidense prohíbe hoy en día en Silicon Valley. La paradoja regulatoria de la automatización El segundo pilar que sustenta el optimismo de Sierra Ventures en la región es la velocidad de homologación en el terreno. En EE.UU., el costo de la mano de obra es más alto, lo que haría que el robot resultara atractivo por su costo, pero las regulaciones frenan las ventajas, con licencias, entre otros trámites burocráticos.
En América Latina, aunque existen regulaciones, hay muchos menos sistemas heredados (legacy systems) que protegen los mercados. Esto, desde la perspectiva del inversor, abre espacio para una experimentación más agresiva y ágil. La validación de esta tesis ya no proviene de los laboratorios académicos, sino de gigantes corporativos locales que actúan como los grandes laboratorios de pruebas de la región. Cita como ejemplo a MercadoLibre, que lidera la vanguardia de la automatización y la robótica en sus centros de distribución para cumplir la promesa de entregas rápidas.
El próximo salto Para el inversor de capital de riesgo, el gran premio no está en crear robots para el consumidor final, sino en la transición al mercado corporativo B2B. Ghosh argumenta que el ecosistema que hoy desarrolla drones para entregar comida en América Latina, como es el caso de iFood, puede ser el mismo que, mañana, usará esa experiencia en robótica y sensores de bajo costo para abordar mercados multimillonarios e ineficientes. “Lo que nos entusiasma es el siguiente paso. Quien hoy utiliza drones para entregar comida comenzará a darse cuenta de que puede reconfigurar el software para inspeccionar líneas de alta tensión, detectar fallas estructurales en grandes obras civiles, realizar seguridad patrimonial avanzada o crear sensores acústicos para predecir dónde hay reservas de petróleo”, proyecta el inversor. Dado que la barrera del hardware se ha democratizado gracias a la cadena de suministro asiática, la ventaja competitiva de estas nuevas empresas de IA física sería el software: los modelos y algoritmos propios entrenados para interpretar los datos generados por estos robots en el mundo real. “Los fundadores sabrán adónde va esto, pero ahí es donde nos emocionamos mucho, porque esos serán mercados masivos”, afirma Ghosh, con el optimismo de quien está firmando el primer cheque a una startup que descubrió mediante indicaciones y consultas analíticas utilizando Claude, de Anthropic.
De origen italiano, la startup, cuyo nombre no se ha revelado, se dedica a la defensa marítima, operaba en modo sigiloso en Italia y estaba fuera del radar de las bases de datos que utilizan los fondos para encontrar posibles inversiones. La empresa está construyendo una red de sensores en boyas para proteger contra los llamados vehículos de superficie no tripulados y vehículos submarinos no tripulados. Al ser preguntado sobre cómo encontrar a estos potenciales fundadores latinoamericanos en el área de la robótica y la IA física, Ghosh dijo que, dado que Sierra Ventures no tiene operaciones físicas en América Latina, puede aplicar la misma táctica. “La parte más difícil sigue siendo simplemente cómo encontrarlos”, dice el inversor. “Y vamos a usar IA para intentar hacerlo”.