No hay mejor revulsivo a la visita del Papa que 'La Luz', una osada y fabulosa película en la que Fernando Franco vuelve a meterse en un jardín y salir indemne

No hay mejor revulsivo a la visita del Papa que 'La Luz', una osada y fabulosa película en la que Fernando Franco vuelve a meterse en un jardín y salir indemne

Es imposible escapar a la visita del Papa a España, sobre todo si vives en una de las ciudades que va a pisar: las calles están repletas de jóvenes enfervorecidos con la religión, los autobuses empapelados con la cara de León XIV y las noticias monotemáticas con cada una de sus palabras. No se podía haber escogido un mejor momento para estrenar 'La Luz', la nueva película de Fernando Franco donde, como viene siendo habitual, se mete en un jardín planteando preguntas muy complejas sobre la fe, el perdón y el silencio cómplice entre aleluyas. Bajo mi sotana puedes encontrar a Dios Fernando Franco se está volviendo un experto en encontrar la puntilla a los temas más espinosos posibles, poniendo el foco en los lugares más inesperados y saliéndose del camino marcado por los discursos paternalistas. Consciente de que ya podemos intuir perfectamente qué va a ocurrir en una película actual cuando vemos a un cura con un secreto inconfesable, le da la vuelta rápidamente: lejos de ser una película sobre la investigación o el dolor causado a las víctimas (aunque algo de esto también hay, por supuesto), el director se centra en el perdón a lo imperdonable, la culpa y el supuesto arrepentimiento cristiano rechazado por la sociedad.

Pocos protagonistas más complejos podemos encontrar en el cine actual que Manuel, un sacerdote muy querido por su comunidad hasta que su secreto inconfesable sale a la luz y él mismo es quien lo lleva a la vista de todos. Desde ese momento empieza un (merecido) calvario a medio camino entre el arrepentimiento genuino y tratar de lavar y salvar su imagen denunciando a aquellos que le protegieron durante años. Por el camino se va a encontrar con sentimientos más que lógicos del resto de la sociedad , desde el odio hasta la incomprensión. Nuestro trabajo como público es tratar de traspasar nuestros instintos naturales y empatizar con un villano que quiere reformarse.

Si podemos. En Espinof 'La consagración de la primavera' ha sido la gran olvidada en los premios gordos de los Goya, pero es una de las mejores películas del año Aunque es un punto de vista comprensible, es cierto que la escena final de la película se equivoca a la hora de captar el sentimiento de un público lógicamente desconfiado. Sí, Manuel está haciendo todo lo posible por recibir un castigo por sus pecados (delitos, como le recuerda su abogado), pero solo lo hace cuando ve que va a explotar y tras tratar de tirar a otros compañeros a los leones. ¿Cuánto hay de verdad en sus actos y cuánto es para autoconvencerse de que es buena persona? ¿Desea ser perdonado o sentir, simplemente, que se perdona a sí mismo? ¿Hay salvación en una iglesia católica envenenada, o están eternamente condenados a un flujo constante de pedofilia y dolor? Madre, misericordia 'La Luz' teme, con razón, la literalidad de un público que parece haber olvidado los segundos sentidos y el análisis fílmico.

Ese público que decidió que 'Los Domingos' era una película a favor de la iglesia católica pese a su más que obvio discurso (tanto explícito como visual) podría destruir esta película si se estrenase sin subrayar y sobreexplicar cada una de las decisiones de su protagonista... y acaba convirtiéndose en uno de sus mayores problemas. Franco no puede evitar volver una y otra vez a lo mismo, sin dejar dudas en el ambiente o situaciones en tonos de gris . Es comprensible, pero la película resultante acaba sufriendo mella y perdiendo una sutileza que le vendría estupendamente. Al final, excepto las víctimas, todo el mundo es culpable en la historia: quien perpetra el delito, quien lo encubre, los medios que lo convierten en morbo, los que atacan a ciegas, los que perdonan por cariño. 'La Luz', aún presentando personajes bondadosos, presenta una visión pesimista del mundo, donde vivimos entre monstruos con piel de cordero que creen ser perdonados por un avemaría y dos padrenuestros .

Es más: los pone en el centro del relato, obligándonos a ponernos en sus zapatos, tratando de entender su camino de redención, por inexplicable e inadmisible que nos resulte. Alberto San Juan, que se rodea aquí de un reparto de primer orden espectacular, demuestra por qué debería llevar camino a ganar el Goya también este año. Su trabajo dota de una sensibilidad exquisita a un personaje que podría parecer carente de empatía, y consigue que el público se replantee todo en lo que cree apoyado por un guion abrumador. 'La Luz' podría haber sido un panfleto sencillo y fácil de deglutir sobre la pedofilia en la iglesia católica , pero, en su lugar, da por hecho el punto de vista del público y gira el foco para hacernos pensar, debatir con nosotros mismos, aprender y juzgar sin, por ello, tener que poner a prueba nuestras creencias más profundas. Ojalá el Papa aproveche su visita por España para verla, ya puestos.

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