Hay una razón por la que los servicios de streaming apuestan constantemente por contenido antiguo, y todas esas veces que terminas viendo una serie de dibujos animados de tu infancia les estás dando la razón. Algunos creen que detrás de la práctica hay un exceso de nostalgia, de no saber o querer avanzar, pero para la psicología hay una explicación mucho más natural. La clave está en que volver a caer en un episodio de Dragon Ball Z o He-Man no es sólo una mirada al pasado, es una forma de romper con lo actual y aliviar la fatiga mental que nos genera la vida adulta. Más allá de hasta qué punto algunos buscan ese "todo tiempo pasado fue mejor", esos dibujos animados y series de nuestra infancia y adolescencia actúan como un botón de reinicio para nuestro cerebro.
Una inesperada terapia para adultos Digamos que perdernos entre las imágenes de los opening de cuando éramos críos hace que nos enfrentemos a lo que la psicología llama programas de confort. La idea es que, de la mano de algo predecible, conocido y sin grandes sorpresas, el cerebro entra en calma y la carga mental se reduce. Tal y como ocurriría con un analgésico, el problema que causó esa carga mental no desaparece, pero el proceso de estrés se frena. El estudio, publicado en el Journal of Consumer Research, se suma también a otras investigaciones similares que meten en la ecuación conceptos como el refuerzo de identidad que supone asomarse a ese pasado televisivo, enfrentarse desde la perspectiva de un adulto a los dramas que te marcaron de niño, o incluso aliviar esa fatiga que supone ponerte a decidir qué ver cuando lo único que quieres es desconectar un rato.
La idea de los programas de confort, y su estudio desde un marco psicológico, empezó a ganar fuerza cuando la pandemia provocó un significativo aumento de contenidos antiguos. Si series de Netflix como Friends o The Office se convirtieron en las más vistas durante aquella época fue, precisamente, porque el cerebro necesitaba ese botón de reset como el respirar.