Hace 74.000 años estuvimos a punto de desaparecer por culpa de este volcán, pero también fue lo que nos catapultó en la cadena alimenticia

Hace 74.000 años estuvimos a punto de desaparecer por culpa de este volcán, pero también fue lo que nos catapultó en la cadena alimenticia

La raza humana no ha sido siempre la dueña y señora de la Tierra. En sus inicios era una especie más como cualquiera de las miles que hay, solo que tenía un potencial de adaptación superior a las otras. Pero a la hora de la verdad, era tan sensible y frágil a fenómenos medioambientales como las demás, incluso más débil. Y esa capacidad de resistencia y adaptación se puso a prueba con una de las erupciones volcánicas más devastadoras que ha sufrido el planeta: la del volcán Toba, en Indonesia, hace 74.000 años.

Esta caldeara, que media aproximadamente 100 × 30 km (bastante atípica para un volcán, pues es alargada y no circular como la mayoría), expulso en su erupción más violenta material volcánico a la estratosfera suficiente como para oscurecer los cielos durante seis años, y provocando un descenso severo de la temperatura global. Los seres humanos estuvimos a punto de extinguirnos debido a su explosión, pero también actuó como el catalizador que hizo que nos alzáramos como la especie dominante al forzar nuestra adaptación ante eventos así. El volcán Toba, la mayor erupción jamás analizada Registros científicos han determinado que la explosión del Toba fue la erupción volcánica mas violenta que ha sufrido la Tierra en los últimos 2'5 millones de años. Ubicado en Indonesia, cuando tuvo lugar esta violenta explosión, expulsó a la estratósfera 2.800 km³ de material volcánico, nublando casi todo el globo de forma que apenas entraba luz solar.

Esto dio lugar a los que se conoce como la Hipótesis de la catástrofe de Toba: un invierno volcánico de hasta seis años y que redujo la población humana global a menos de 10.000 individuos. Es un número muy peligroso para cualquier especie, porque se encuentra cerca del "cuello de botella" genético mínimo para que una especie pueda recuperarse y prosperar sin degenerar biológicamente en generaciones posteriores, reproduciéndose de forma natural. Soportan estas teorías registros de una caída en diversidad del ADN de los humanos en un periodo comprendido entre 70.000 y 80.000 años atrás; justo en la época en la que el Toba explotó. Sin embargo, la humanidad consiguió no sólo sobrevivir, sino evolucionar más allá de sus capacidades como especie gracias a las catastróficas consecuencias de este Evento Ligado a la Extinción.

Entre los materiales que el Toba expulsó, había enormes cantidades de tephra, el material sólido que expulsa todo volcán durante una erupción. Se puede generar en forma de grandes bloques, pero la mayor parte se expulsa en forma de ceniza muy fina (de entre 20 y 80 micrómetros de grosor, mas delgada que un cabello humano). Este material viajo transportado por los vientos estratosféricos miles de kilómetros y se aposentó por toda la superficie planetaria. La criptotephra, cómo la ceniza de Toba fechó la supervivencia human Lo sabemos porque su firma geológica es muy precisa, capaz de identificar estratos de tephra, con semanas de diferencia entre una capa y otra.

Y ese material es lo que permite fechar con precisión las distintas "épocas" que atravesaron nuestros antepasados en ese periodo de adaptación. Ante las condiciones climatológicas extremas que devinieron de la explosión del Toba, los humanos de varios asentamientos del mundo -principalmente Pinnacle Point 5-6 en Sudáfrica, o Shinfa-Metema 1 en Etiopía-, comenzaron a refinar las herramientas para sobrevivir que tenían. Se han descubierto restos de animales con marcas de corte, fuego controlado, y las puntas de flecha más antiguas conocidas. Hallazgos similares se encontraron en India, Indonesia o China.

La criptotephra (fragmentos microscópicos de vidrio volcánico, que quedaron depositados en los mismos estratos sedimentarios que los restos arquelógicos) permitió datar esa evolución. Y se puede especular que la humanidad perfeccionó y refinó el uso de esas herramientas en la misma época en la que el Toba estuvo expulsando cenizas para protegerse de los brutales cambios en el ecosistema; usaron más el fuego para calentarse que para cocinar y comenzaron a consumir más pescado ante la reducción de fauna salvaje comestible o la desaparición de plantas y frutas. El Toba entonces, casi mata a la humanidad, pero fue lo que la empujó a adaptarse de forma radical para sobrevivir. Combinado con la primeras migraciones masivas de la especie que tuvieron lugar después de la explosión, la humanidad se fue asentando por casi todo el globo ya con las herramientas precisas para alzarse como la especie dominante del planeta.

Imagen de portada: PL 05 SIGIT / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0 En 3DJuegos | Casi 1,6 kilómetros de largo y 80.000 personas a bordo: bienvenidos a la primera ciudad flotante del planeta