En 2020, un estudio sevillano de 12 personas lanzó Blasphemous, un videojuego ambientado en una España oscura y barroca que vendió más de un millón de copias en todo el mundo. Detrás no hubo ninguna multinacional ni un publisher americano que creyera en el proyecto desde el principio: había talento local, financiación modesta y una idea extraordinaria. Seis años después, ese talento sigue existiendo en España y Blasphemous 2 acaba de anunciar el lanzamiento de un DLC gratuito que expande la historia, pero lo que no llega es el dinero que debería acompañarlo. Los datos del Libro Blanco del Desarrollo Español de Videojuegos (2024), publicado por DEV, retratan una industria con músculo creativo… y pulmón financiero débil.
España cuenta con 495 estudios constituidos como empresa, pero el 54% factura menos de 200.000 euros al año. ¿El principal freno? La falta de financiación: limita la creación de proyectos propios, la contratación de personal y la estabilidad del empleo. Ningún estudio de capital español ha dado todavía un título AAA en el mercado global, ya que el talento está, pero el sistema que debe sostenerlo no. El dinero llega a España para otros propósitos Mientras los desarrolladores españoles pelean por financiación, otro sector ha recibido una avalancha de inversión sin precedentes.
Según SpainDC, los centros de datos movilizarán hasta 66.900 millones de euros en España hasta 2030 con un impacto anual en el PIB de 7.300 millones. Además, generarán más de 16.000 empleos gracias a las inversiones de Microsoft, Google y Amazon y su apoyo a la infraestructura digital española. Así, España se ha convertido en uno de los destinos más codiciados de Europa para instalar servidores, pero el motivo nunca es el talento: lo es el precio del suelo, el acceso a renovables y la posición geográfica. La paradoja es exacta.
El mismo país que produce estudios capaces de crear Blasphemous o Rime no ha conseguido que ese éxito se traduzca en un ecosistema de inversión comparable al de Reino Unido o Alemania. El capital riesgo español en videojuegos sigue siendo marginal, ya que los grandes publishers adquieren estudios españoles, pero la cadena de valor creativa se desplaza fuera. Mientras España acoge infraestructura, opta por exportar talento, así que esa jugada se convierte en una combinación que beneficia a otros más que a ella misma. No se trata de un problema de capacidad, sino más bien de prioridades.
Los centros de datos generan titulares de inversión récord y promesas de empleo cualificado; los videojuegos, por su parte, generan reconocimiento internacional y comunidades fieles, pero rara vez consiguen que un fondo apueste por ellos con la misma convicción con la que Microsoft confía en Aragón. La industria española facturó 2.408 millones en 2024, cifra récord que, por desgracia, corresponde a la distribución de títulos extranjeros, no al desarrollo propio. Blasphemous no necesitó kilómetros de suelo ni megavatios de electricidad para conquistar el mundo. Le hizo falta una idea, un equipo y su empeño de seguir hacia delante sin una red de seguridad.
España va sobrada en ese campo, pero le falta alguien que decida que esa dedicación merece miles de millones. Mientras sucede, el suelo se alquila a precios ridículos a grandes tecnológicas que siguen llenando sus bolsillos mientras la población es cada vez más pobre. En 3DJuegos | Prince of Persia nació en un dormitorio de San Francisco. Irán lleva 37 años intentando cambiar todo lo que nos ha enseñado En 3DJuegos | Hollywood lleva años haciendo dos cosas con Rusia: ponerla como "la mala", y copiar su film más propagandístico