Sol León dice que hasta antes de La Mansión VIP, ella no se consideraba una influencer. “Yo me manejaba como una persona, como una más del público”, dice al explicar lo que hacía en redes sociales. Sol fue la ganadora de los 2 millones de pesos del reality show y desde entonces su presencia mediático es cada vez más viral. “Ahora entiendo lo que es ser una influencer”, le dijo a Wendy Guevara en su podcast. TE RECOMENDAMOS: Tras su ruptura, Peso Pluma se consuela con regalo millonario mientras Kenia Os luce look de la venganza Al preguntarle entonces cómo es que comenzó a ser conocida, respondió que ella en realidad es empresaria. Nicola Porcella entonces quiso indagar sobre su pasado y le preguntó por su ex marido: “Tengo entendido que él fue quien te metió en esto de las fajas”, le dijo en referencia a la venta de fajas reductivas, que es el negocio madre de Sol León. ¿Quién es el ex marido al que Sol León se refiere como “el vejestorio”?
Entonces Sol León explotó. Sin mencionarlo por su nombre, se limitó a llamarlo “viejito fracasado” y explicar que hubo una época en que ella lo defendió y habló bien de él porque pensaba que era el padre que sus hijos necesitaban. Sol León tiene dos hijos, “cada uno de ellos de un padre diferente”, y cuando conoció a Roberto López pensó que era el hombre que necesitaba para formar una familia. “Yo tuve una etapa en la que sentí una necesidad urgente de darles un buen padre a mis hijos, Y este viejito llegó con la idea de que era el papá que necesitaban”. La experiencia, asegura Sol León, fue amarga. “Pero imagínate que tú andas con un vejestorio y te lo atacan mucho.
La verdad es que yo le puse pecho, le puse nalgas, le pagué lipos, implante de glúteos, cirugías de cara. Entonces yo tuve la culpa porque lo defendí mucho”. Roberto López se presenta en su perfil de Instagram como un empresario, coach de vida y mentor. En sus videos hace disquisiciones ontológicas sobre las relaciones humanas y tiene 200 mil seguidores.
Sol León no lo perdona y le da con todo. “El viejito no sirve de nada. Hasta a fecha, el viejito no hace nada, intenta su línea de fajas y fracasa. Yo decía antes: pues está viejo pero de perdida le sabe a los negocios. Pero la verdad es que ya llevo tres años del divorcio y el viejito no cambia ni de carro”