En Ikiru , la obra maestra de Akira Kurosawa de 1952, un burócrata del Departamento de Obras Públicas de Tokio se ve obligado a repasar la vida que ha llevado y el legado que dejará cuando se entera de que tiene cáncer y le queda un año de vida. Mientras el protagonista de la película elabora la idea de que morirá en poco tiempo, decide que disfrutara de la vida como nunca antes. Inspirado y con nuevo vigor, dedica sus últimos meses de vida y trabajo a acelerar la burocracia que impedía que un grupo de padres preocupados tuvieran un patio de juegos público en un lugar que querían limpiar porque los niños jugaban en un terreno contaminado. La actuación de Takashi Shimura le valió un premio BAFTA como protagonista, y la película deja un mensaje agridulce pero lleno de esperanza sobre qué les dejamos a nuestros hijos.
No extraña entonces que Ikiru se mencione siempre como una de las mejores películas de todos los tiempos. Ahora se da el caso contrario, como si fuera Ikiru pero en reversa: un terreno donado a la ciudad bajo la estipulación de que se convirtiera en un parte público va camino a convertirse en un manchón contaminante en el paisaje del lugar, porque se vendió a un desarrollador de centros de datos. Según informa 404 Media , la ciudad de Taylor en Texas pagó apenas US$10 en 1999 para aceptar la donación de casi 35 hectáreas de parte de la propiedad rural de la familia Bland. Según los documentos que pudo ver 404 en los títulos originales la condición impuesta era que la tierra fuese destinada a “Texas Parks and Recreation Foundation, una corporación sin fines de lucro de Texas, que la gestionará para su futuro uso como parque público en el condado de Williamson, Texas”.
Sin embargo, con el tiempo la propiedad fue cambiando de manos. Texas Parks and Recreation Foundation la cedió a otra organización sin fines de lucro, Williamson County Park Foundation en 2003, y un mes después, pasó a manos de la Ciudad de Taylor. Hasta allí, ningún problema. Pero en 2008 la ciudad le vendió las tierras por US$15.000 a la Taylor Economic Development Corporation (TEDC).
Y no se le dio uso hasta el año pasado cuando la TEDC le vendió esas tierras a la compañía que hoy desarrolla un centro de datos, Blueprint, por US$10 millones. El recuerdo que reveló una condición olvidada Cuando los residentes locales se enteraron de la venta, la preocupación era la habitual, como cuando te enteras de que junto a tu casa van a construir edificios enormes que seguramente alterarán la vida de tu pequeña ciudad sin que nadie haya consultado a los vecinos. Pero gracias a la buena memoria de Pamela Griffin, residente de la ciudad de Taylor que creció jugando en un terreno adjunto a estas tierras, los opositores al centro de datos se enteraron de la cláusula del parque público que había en los títulos originales, y lograron el apoyo legal que respalde su lucha. Griffin recordó que cuando era pequeña su padre y el Sr.
Bland habían estado conversando, según le dijo a 404: “Estoy pensando en donar estas tierras para que haya un parque porque a los niños les hace falta un lugar donde puedan jugar”, recordó que dijo Bland. El año pasado cuando los activistas llamaron a la puerta de Griffin y la alertaron de los planes de Blueprint de construir un centro de datos en esa ciudad, con tan solo 16.267 habitantes, ella anunció que la estipulación de la donación de las tierras era para un parque. Buscaron en los registros públicos, y los opositores al centro de datos encontraron documentos que corroboran lo que recordaba Griffin, y revelaron la curiosa historia de las tierras y sus diferentes propietarios. La ciudad de Taylor en su sitio web sólo menciona como al pasar la preocupación de la gente por el aire, el ruido, la luz y otras emisiones potencialmente perjudiciales que podría ocasionar el centro de datos, y también dicen que el acuerdo ya está firmado y que aunque quisieran ya no hay cómo volver atrás con este proyecto. “¿Puede la ciudad decir que no a los centros de datos?
No”, dice el sitio en las Preguntas Frecuentes. El director ejecutivo de los servicios a la comunidad de la ciudad, Daniel Seguin, le dijo a 404 que Blueprint solo podrá usar las tierras para el centro aunque la ciudad no lo apruebe porque “la zona es de Centro de Empleo, y eso permite que se use para tal fin”. También afirmó que el centro representará US$30 millones de ingresos en impuestos para la ciudad en los próximos diez años. Pero Griffin no se deja convencer por este argumento Siente que el título de la donación es claro en cuanto a lo que puede hacerse en esas tierras. “Les digo a todos ¿qué podría pasar si en Texas los títulos de donación y propiedad ya no significan nada?”, explicó.
Está claro que para Griffin la lucha es algo así como existencial. Con su familia ha contratado a un abogado para luchar contra la construcción del centro de datos, y que las tierras vuelvan a la comunidad. Blueprint presentó su oposición a la denuncia, y cuando el abogado de Griffin pidió que se frenara la construcción hasta que el caso se resuelva en el Tribunal Tercero de apelaciones, el juez lo negó. El deseo benevolente del Sr.
Bland muestra que la vida tiene esa capacidad de imitar lo mejor de la humanidad, algo que el arte refleja. Pero lamentablemente, hoy nuestro mundo está bajo el control de gente que parece hostil a las artes y a lo que pudiera beneficiar al público aunque no represente rédito. El arte de la visión original de Bland se ha robado, masticado y regurgitado como basura de IA. Tal vez quienes autorizaron este escandaloso acuerdo del centro de datos, y los del consejo municipal y TEDC, que no parecen interesarse en escuchar a los residentes o a frenar la injusta construcción de este centro, podrían tomar decisiones más humanitarias si tan solo se sentaran a ver el clásico de Kurosawa.
Los que no tienen la energía cognitiva necesaria como para ver una vieja película en blanco y negro, bueno, incluso para ellos tal vez haya tiempo para que cambien de idea y hagan lo correcto. La remake inglesa de Ikiru de 2022 protagonizada por Bill Nighy está disponible ahora mismo en la mayoría de las plataformas de streaming.