Bloomberg Línea — La inminente salida a bolsa de SpaceX ha reavivado una pregunta que durante años parecía reservada a la especulación: ¿podrían Tesla (TSLA) y SpaceX acabar formando una sola compañía? La posibilidad ha ganado visibilidad a medida que ambas empresas profundizan su colaboración, aunque los analistas mantienen posiciones divididas sobre la viabilidad y el calendario de una operación de este tipo. La cuestión adquiere relevancia porque SpaceX y Tesla ya comparten mucho más que a Elon Musk. Tesla aparece mencionada 87 veces en el formulario S-1 de SpaceX previo a la oferta pública inicial, mientras que ambas compañías participan en proyectos conjuntos como Terafab, una iniciativa para desarrollar chips de inteligencia artificial, y Macrohard, una plataforma de agentes de IA capaz de operar ordenadores de forma autónoma.
Las relaciones comerciales también se han intensificado. Según Morningstar, SpaceX adquirió en 2025 alrededor de US$506 millones en sistemas Megapack de Tesla y otros US$130 millones en Cybertrucks para sus instalaciones. Además, Tesla mantiene una participación financiera en SpaceX tras la conversión de su inversión de US$2.000 millones en xAI. Para algunos analistas, estas conexiones reflejan una integración creciente.
Seth Goldstein y Nicolas Owens, de Morningstar, consideran que hay “una sólida justificación empresarial para una fusión o alguna otra estructura legal que combine ambas compañías”, una tesis que se apoya en la expansión de proyectos compartidos relacionados con la inteligencia artificial y la infraestructura tecnológica. Así se ha comportado la acción de Tesla La IA es el principal punto de encuentro El elemento que más acerca a ambas compañías es la construcción de una cadena de valor vinculada a la inteligencia artificial. Goldstein y Owens sostienen que Tesla y SpaceX podrían volverse “cada vez más interdependientes en los próximos años”, a medida que avancen proyectos relacionados con software autónomo, conectividad, centros de datos y computación avanzada. Entre las áreas identificadas por la firma figuran el posible uso de Grok como sistema de interacción para los vehículos autónomos de Tesla, la utilización de Starlink como plataforma de conectividad para robotaxis y la participación de Tesla en el desarrollo de centros de datos orbitales, uno de los proyectos estratégicos de largo plazo de SpaceX.
Wedbush va un paso más allá. La firma dirigida por Dan Ives considera que la salida a bolsa de SpaceX marca el inicio de una nueva etapa para la inversión en tecnologías espaciales, inteligencia artificial e infraestructura computacional. En su análisis, sostiene que siguen “creyendo que SpaceX y Tesla terminarán fusionándose (probabilidad superior al 80% en nuestra opinión) en una sola compañía en 2027”. → Suscríbete al newsletter Línea de Mercado, una selección de Bloomberg Línea con las noticias bursátiles más destacadas del día. La casa de análisis argumenta que parte de la infraestructura necesaria para una integración ya está siendo construida.
La inversión de Tesla en xAI, posteriormente transformada en acciones de SpaceX tras la adquisición de la empresa de inteligencia artificial por parte de la compañía espacial, y el desarrollo conjunto de Terafab son ejemplos de una convergencia que, según Wedbush, podría desembocar en una organización unificada. Detrás de esa visión aparece una idea más amplia. Wedbush interpreta que Musk busca controlar cada vez más componentes del ecosistema de inteligencia artificial, desde los chips y los centros de datos hasta la energía, las redes de comunicaciones, los vehículos autónomos y las aplicaciones empresariales. La magnitud de la apuesta resulta visible en las cifras presentadas por SpaceX en su documentación para la oferta pública inicial.
La empresa identifica una oportunidad de mercado direccionable de US$28,5 billones repartida entre actividades espaciales, conectividad y aplicaciones de inteligencia artificial. Solo en inversión vinculada a IA, la compañía destinó US$12.700 millones en 2025 y otros US$7.700 millones durante el primer trimestre de 2026. El impacto financiero sigue siendo limitado Aunque los argumentos estratégicos han ganado fuerza, Bloomberg Intelligence considera que los beneficios económicos de una eventual integración continúan siendo relativamente modestos. Ver más: La salida a bolsa de SpaceX impulsa una fiebre bursátil en la economía espacial El analista Steve Man sostiene que “una fusión entre Tesla y SpaceX parece lejos de estar asegurada en el medio plazo, pese a la amplia especulación del mercado”, debido a que los beneficios derivados de Terafab, Macrohard y cualquier participación relevante de Tesla en la exploración espacial todavía requerirían varios años para materializarse.
Su análisis se centra especialmente en Tesla Energy, la división que aparece más directamente vinculada al crecimiento de SpaceX. Bloomberg Intelligence estima que la empresa espacial podría aportar cerca de US$16.910 millones de ingresos acumulados a Tesla Energy entre 2026 y 2030 mediante la compra de sistemas Megapack destinados a centros de datos y proyectos de inteligencia artificial. La progresión prevista es significativa. Los ingresos procedentes de SpaceX pasarían de US$510 millones en 2025 a más de US$5.000 millones en 2030, elevando el peso de la compañía espacial desde el 4% hasta el 14,3% de los ingresos de Tesla Energy.
Sin embargo, el efecto sobre la rentabilidad sería mucho más reducido. Bloomberg Intelligence calcula que esas ventas aportarían aproximadamente US$4.710 millones de beneficio bruto acumulado hasta 2030, equivalentes a cerca del 3% del beneficio bruto total generado por Tesla Energy durante el período. Esa diferencia ayuda a explicar por qué la firma considera que la tesis de inversión basada exclusivamente en las sinergias financieras resulta insuficiente. El crecimiento de Tesla Energy continúa dependiendo principalmente de la expansión global del mercado de almacenamiento energético más que de la demanda procedente de SpaceX.
Los datos operativos también refuerzan la importancia creciente de esta división. El negocio energético generó el 22% del beneficio bruto de Tesla y el 13% de sus ingresos durante el último ejercicio. Sus ventas aumentaron un 27%, hasta US$12.770 millones, mientras que el margen bruto se situó cerca del 30%, frente al 17% registrado por la actividad automotriz. Valoración, accionistas y regulación: los grandes desafíos Más allá de las sinergias operativas, la principal dificultad para una fusión podría encontrarse en la valoración de ambas compañías.
Según Morningstar, SpaceX llega al mercado con una capitalización cercana a US$1,77 billones, superior a los aproximadamente US$1,54 billones atribuidos a Tesla. La diferencia resulta llamativa, porque Tesla generó US$94.830 millones de ingresos en 2025 frente a los US$18.670 millones de SpaceX. La distancia también aparece en la generación de caja. Tesla produjo US$6.220 millones de flujo de caja libre durante 2025, mientras que SpaceX registró un flujo de caja libre negativo de US$13.980 millones debido a sus fuertes inversiones.
Estas diferencias complican cualquier negociación sobre el reparto accionarial de una compañía combinada. Morningstar considera que los accionistas de Tesla podrían mostrarse reacios a aceptar una transacción basada en los múltiplos actuales de SpaceX y estima que podrían exigir entre el 50% y el 66% del capital de la entidad resultante. La regulación representa otro factor de incertidumbre. SpaceX mantiene una posición relevante como contratista del Gobierno y del sector militar estadounidense, mientras que Tesla conserva una presencia industrial significativa en China.
Esa combinación podría atraer un escrutinio adicional por parte de las autoridades estadounidenses en materia de seguridad nacional y cadenas de suministro. Por ahora, la evolución bursátil de SpaceX tras su debut en el mercado será una de las variables más observadas. La valoración que los inversores asignen a la compañía espacial determinará en buena medida si una integración con Tesla se convierte en una posibilidad real o permanece como una hipótesis vinculada a la visión de largo plazo de Elon Musk.