Bastaron dos imágenes satelitales, una de 2022 y otra de 2023, para demostrar hasta qué punto era evidente. El Parque Nacional de Doñana se estaba secando, y lo que antaño eran zonas de agua habían desaparecido casi por completo. Si en tierra firme eso suponía un drama, bajo el subsuelo aquello tenía que ser un desastre. Aunque España ha pasado por varios años de una sequía extrema, lo que constataban las imágenes no era falta de lluvias, sino una explotación desmesurada que, en forma de pozos ilegales ocultos en los invernaderos que suministran fresas y arándanos al norte de Europa, habían secado el acuífero hasta dejarlo al límite.
Tres años después y una buena temporada de lluvias de por medio, el drama sigue ahí. Las imágenes satelitales no mentían: Doñana sigue en riesgo La clave, según citaba a principios de año Eloy Revilla, director de la Estación Biológica de Doñana: "Las precipitaciones de este año apuntan a una evolución positiva de Doñana, aunque persisten problemas muy importantes que requieren esfuerzos constantes a largo plazo y no se solucionan con un año bueno de lluvias, ni con dos". Aunque la marisma llegó a inundarse hasta el 100% en marzo de 2025, algo que no ocurría desde 2010, con las lagunas que son más dependientes de los acuíferos ese hito sólo se produjo en la mitad de ellas. Ese enorme pozo subterráneo del que dependen tanto las lagunas como las especies que llevaron a convertir Doñana en Patrimonio de la Humanidad, no se llena con cuatro lluvias.
Habiendo pasado por décadas de explotación en la que los pozos ilegales no sólo no han desaparecido, sino que hay centenas esperando tramitación, el agua que se robó de Doñana durante cuarenta años no va a volver en dos tardes. Precisamente por eso, algo que nos queda tan lejos como conseguir imágenes satelitales desde el espacio, resulta ser tan importante a nivel terrenal. En 3DJuegos | La Generación Z cree que se está volviendo estúpida. El 46% asegura que se vuelven menos inteligentes conforme más usan la IA En 3DJuegos | Un clásico de 1968, originalmente un fracaso de taquilla, está considerado "la mejor película del Oeste de todos los tiempos"