Mucho flashback, poco cerebro: El nuevo 'Cape Fear' me ha exasperado

Mucho flashback, poco cerebro: El nuevo 'Cape Fear' me ha exasperado

SensaCine / Apple TV Vamos a hablar de Cape Fear , la nueva adaptación de El cabo del miedo . Para los que no lo sepáis, esta obra nos llega ahora en formato de serie de la mano de Apple TV Plus, compuesta por 10 episodios de casi 50 minutos cada uno . Curiosamente, la plataforma solo me ha dejado ver ocho episodios, guardándose el secreto de los dos últimos, por lo que a día de hoy ni siquiera puedo garantizar al cien por cien que estemos ante una miniserie cerrada o si habrá una segunda temporada. Y la primera pregunta que me asalta, y que seguramente os asalte a vosotros si conocéis el material original, es muy sencilla: ¿A quién en su sano juicio se le ocurre coger una película maravillosa de dos horas y estirarla para convertirla en una serie de diez? .

Cape Fear nace del libro The Executioners escrito por John D. MacDonald en 1957. Esta obra fue adaptada al cine por primera vez en 1961 bajo la dirección de J. Lee Thompson, titulándose en España El cabo del terror .

Era una película que se salía de los códigos habituales del cine de gánsteres de la época para adentrarse en un cine negro que recordaba al estilo de Samuel Fuller. Aquella cinta nos regaló una obra maravillosa sobre la psicopatía y el miedo psicológico, protagonizada por unos inmensos Gregory Peck y Robert Mitchum . Treinta años después, en 1991, llegó Martin Scorsese y multiplicó las capas morales de la historia. En un momento en que Hannibal Lecter había triunfado como villano seductor, un Robert De Niro de 47 años nos entregó a un psicópata extravagante, seductor y monstruoso que torturaba a la familia formada por Nick Nolte , Jessica Lange y Juliette Lewis .

En esta versión, el abogado decidía ocultar una prueba, planteando la inquietante duda moral de si la familia merecía sufrir por no haber hecho bien su trabajo. Y llega la serie de 2026: aburrida e innecesaria Volviendo a 2026, todos los elementos de esta nueva serie de Apple TV parecían estar dispuestos para mi absoluto disfrute. El creador y showrunner es Nick Antosca , un tipo que considero una figura vital en la renovación del terror actual, especialmente por su brutal serie Channel Zero y la cronenbergiana Nuevo sabor a cereza . Antosca coordina aquí a siete guionistas y a directores de la talla de Morten Tyldum o Jon S.

Baird. Y por supuesto, tenemos al mejor Max Cady posible para esta época: nuestro Javier Bardem , un actor tan impresionante que justifica ver cualquier película, y que aquí recoge el testigo de su icónico Anton Chigurh. A nivel visual y de trama, la serie hace apuestas arriesgadas. Se ambienta en Savannah, una localización maravillosa, y utiliza una saturación fotográfica con colores muy extremos .

También intenta simular la tensión de la obra de Scorsese usando travellings abruptos y zooms rápidos para generar ansiedad . En cuanto a la historia, es mucho más alambicada y barroca, introduciendo grandes cambios: ahora la abogada es ella ( Amy Adams ) y él ( Patrick Wilson ) es el fiscal del caso de Cady. A pesar de tener una gran historia, un creador brillante y unos actores que son la caña, la serie me ha aburrido un montón. Me ha exasperado por completo .

Uno de los peores males del cine y las series contemporáneas es la necesidad imperiosa de explicarlo todo, tratándonos como si no tuviéramos imaginación. Me ponen flashbacks en blanco y negro de Max Cady sufriendo en la cárcel y me quiero cortar el cuello. ¡No lo necesito!. En la película de Scorsese o en la de Thompson, uno se imaginaba el horror que debía haber pasado el villano en prisión para justificar ese odio visceral. Hoy en día, si a un personaje le falta un ojo, te hacen un capítulo entero de flashback para masticarte la explicación; venga ya, hombre.

Para rellenar tantas horas, se han dedicado a complicar la historia a un nivel en el que todo se acaba desplomando a medida que avanzan los capítulos . El gran problema es que la familia protagonista es increíblemente imbécil. Te desesperas viendo a los personajes tomando copas con Max Cady o subiéndose a su coche sin sentido común alguno. No logras empatizar con nadie, y solo sientes peligro por inercia.

Aunque Bardem es seductor y peligroso, a veces lo usan de forma muy gratuita, poniéndolo a hacer cosas bizarras solo para recordarnos que es el malo. En definitiva, esta serie es un símbolo de lo mal que están ahora mismo los tiempos para el cine y la televisión. Siendo un material de partida súper interesante, resulta ser una obra completamente innecesaria.