Las próximas semanas serán un auténtico no parar para el catálogo de Nintendo Switch 2 con el lanzamiento de varios juegazos muy destacados, como el remake de Star Fox, pero Nintendo no se ha querido olvidar de todos aquellos que todavía no han dado el salto a esta última consola y continúan disfrutando de la primera Nintendo Switch. Sobre todo porque uno de los títulos que publicará en menos de un mes será Rhythm Paradise Groove. Esta alocada y simpática saga de juegos musicales comenzó hace justo 20 años en Game Boy Advance y desde entonces ha ido dando el salto a diferentes plataformas, pero lo cierto es que llevábamos 15 años sin un juego totalmente nuevo de la serie. Desde luego, ya iba siendo hora de poder disfrutar de más minijuegos musicales que ponen a prueba nuestro nivel de ritmo y la capacidad de seguir los compases con unos reflejos y una precisión sin igual.
En los últimos días he tenido la oportunidad de probar un adelanto y lo primero que me quedó claro desde el primer momento es que se ha mantenido intacto el apartado artístico tan colorido y simpático que ha caracterizado a estos títulos a lo largo de las últimas dos décadas. Aun así, lo realmente importante son las diferentes pruebas de lo más variopintas y con las que resulta inevitable esbozar una sonrisa mientras estás jugando. Ya no solo por las melodías y canciones en sí por lo que enganchan y te dejan con ganas de escucharlas miles de veces, sino también por todo lo que sucede en pantalla a medida que vas pulsando los botones en el momento adecuado. En este sentido, en el adelanto al que tuve acceso pude jugar a varios minijuegos, a cada cual más divertido y loco que el anterior, comenzando con unas esferas con patas que debían saltar unos aros mientras andaban sin parar, de manera que requería estar concentrado para no tropezar por saltar antes o fuera de tiempo.
He de decir que, a pesar de ser la primera prueba, fue la que más me costó durante el tutorial que te explica los pasos a seguir, que es algo que siempre viene bien para familiarizarte con la jugabilidad que te van proponiendo en cada caso individual. No fue hasta el momento de la verdad, con música de fondo y con otras cuatro esferas gritando cuándo había que saltar, cuando empecé a dar brincos en los momentos exactos. Y es que hay ocasiones en las que, precisamente, resulta perjudicial mirar a la pantalla, porque al final resulta inevitable fijarse en lo que está ocurriendo para pulsar los botones en lugar de prestar atención únicamente a la música y a los sonidos, que son lo más relevante de todo. De hecho, hubo otro minijuego en la que la dueña de un perro lanzaba un frisbee y tenías que contar hasta siete para saltar en el momento exacto, lo que supone un ejemplo estupendo de que aquí te podías vendar los ojos y jugar igual de bien (o de mal).
Más allá de los diferentes minijuegos principales, algo que me encantó fue una de las novedades que se han incorporado, como un modo en forma de RPG. En él controlas a un personaje capaz de ejecutar hechizos y que debe combatir contra los monstruos que habitan en unas cuevas. La única manera de machacarlos es siguiendo el ritmo, como no podía ser de otra manera, lo que ayudará a potenciar las distintas magias a las que puedes dar rienda suelta y que vas aprendiendo a base de subir de nivel. Al principio parece relativamente sencillo cuando solo tienes que estar pendiente de dos botones que vas alternando al compás de la música para lanzar bolas de fuego.
Sin embargo, la cosa cambia cuando aprendes un hechizo curativo y tienes que alternar entre estos a un ritmo diferente, de forma que recuperar el ritmo habitual se vuelve un tanto complicado a no ser que mantengas una concentración extrema. Por suerte, no noté que penalizaran tanto los fallos, pero también porque eran las primeras fases, así que imagino más adelante todo se volverá más enrevesado todavía. En otro orden de cosas, no tengo ninguna duda de que Rhythm Paradise Groove se convertirá en otro rey de la fiesta en las reuniones con amigos gracias a las pruebas destinadas a su multijugador, dado que algunas son cooperativas y también competitivas. Por ejemplo, una consistía en que unos ninjas debían desviar unas flechas para que no destruyeran el carruaje del personaje que deben proteger sea como sea.
Eso supone que no basta con que uno o dos lo hagan bien, porque cualquier fallo cuenta, así que el equipo entero debe esforzarse al máximo de principio a fin. Pero hubo otro que fue el que más risas generó, el cual consistía en que había que contar hasta diez para atrapar una tarta. El que más se acercara al número exacto es el que se ponía las botas, lo que suponía que cualquier victoria se podía determinar por tan solo unas milésimas, así que os podéis hacer una idea de los piques que generó esta prueba por los tiempos tan extremadamente similares que llegamos a conseguir unos y otros. Es innegable que Rhythm Paradise Groove es la diversión personificada.
Da igual que seas un crack o un negado para seguir el ritmo, porque cada minijuego ofrece una tremenda dosis de diversión, dejándote con ganas de volver a jugarlos una y otra vez para así practicar e ir mejorando. Además, me ha dado la sensación de que es una de las entregas más completas de toda la saga, pero eso será algo que descubriré dentro de unas semanas cuando llegue a las tiendas el 2 de julio. En VidaExtra | Los desarrolladores de Rhythm Paradise tuvieron que dar clases de baile para entender el secreto detrás de su adictiva propuesta