El otro día, en mi crítica de El Día de la Revelación, os decía que soy de los que quieren creer, y buena parte de la culpa la tiene Steven Spielberg. Esta nueva película de trasfondo alienígena que se estrena en cines el 12 de junio, llega en un momento extraño de nuestra historia, y como toda la buena ciencia ficción, habla de más temas de los que parece. En concreto, del control, manipulación y ocultación de la información, contenga esta hombrecillos grises del espacio exterior o no. El caso es que en una charla en el festival SXSW, el pasado marzo, el cineasta de 79 años admitió que tiene la firme sospecha de que la vida extraterrestre es real, aunque reconoció que él nunca se ha cruzado con un ovni.
Hace tiempo fue incluso más lejos y deslizó una teoría preciosa: que esos fenómenos no vendrían de galaxias lejanas, sino que podríamos ser nosotros mismos llegados desde el futuro. La pregunta que abre la película, esa de si saber que no estamos solos te daría miedo, la propone alguien que lleva décadas respondiéndola, ahora con El Día de la Revelación. No es casualidad que el cine lleve setenta años usando a los visitantes para hablarnos de nosotros mismos El regreso de Spielberg al cine de visitantes después de dos décadas largas, es su primera historia de alienígenas desde La guerra de los mundos. Escrita por David Koepp, y sostenida por la pareja que forman Emily Blunt y Josh O'Connor, en una interesante reflexión sobre la mitología que rodea al fenómeno de la ufología, y la construye casi al pie de la letra sobre lo que sabemos del Proyecto Libro Azul, aquel programa de las Fuerzas Aéreas estadounidenses donde se investigaron miles de avistamientos entre 1952 y 1969 sin llegar a anunciar nunca gran cosa.
En la peli hay guiños que cualquier aficionado pillará al vuelo, como el del multitudinario caso de las Luces de Fénix o el avistamiento Campeche, y un guiño al chamanismo que enlaza con una intuición antiquísima y que establece que el fenómeno se ha camuflado de muchas maneras dentro de la tradición cultural de todo el mundo a lo largo de la historia de la humanidad. El contacto, con uno u otro disfraz, lleva acompañando a la humanidad desde mucho antes de que algo se estrellara (o no) en el desierto de Nuevo México. No es casualidad que el cine lleve setenta años usando a los visitantes para hablarnos de nosotros mismos, y cuando la película se adentra en ese terreno es justo cuando más brilla. La trama, eso sí, tira por otro lado bien distinto.
El conflicto narrativo, con persecuciones y drama y tensión, lo protagoniza Daniel Kellner, un experto en ciberseguridad reconvertido en filtrador, una especie de Edward Snowden que tiene en su poder el archivo completo de imágenes de contacto que Estados Unidos guarda desde Roswell y que decide que el mundo merece saber. No es un astrónomo soñador ni un crío con una bici voladora, es un tío con un puñado de memorias USB robadas y que tiene a una empresa de seguridad subcontratada por el gobierno pisándole los talones. En paralelo, Emily Blunt interpreta a una meteoróloga que, tras un encuentro raro con un pájaro cardenal, empieza a hablar idiomas que no conoce y suelta una ristra de chasquidos imposibles en pleno directo televisivo. Entre las referencias la historia de la ufología y un plano de un platillo saliendo de entre las noves hay quien jura que esto es casi una secuela encubierta de Encuentros en la Tercera Fase.
Mientras Spielberg rodaba su desclasificación de mentira, el gobierno preparaba una de verdad Aquí es donde la cosa se pone rara, donde este estreno se convierte en algo más que una peli de marcianos. El 8 de mayo de 2026 el Pentágono empezó a publicar su primera tanda de archivos desclasificados sobre fenómenos anómalos a través de un sistema bautizado como PURSUE, después de que Trump ordenara en febrero a las agencias federales identificar y liberar documentos sobre ovnis y vida extraterrestre. Los colgaron en una web del gobierno habilitada para la ocasión, con la promesa de ir sumando material poco a poco, tal como informó la CNN. Apenas dos semanas después, el 23 de mayo, llegó una segunda remesa vinculada a 209 avistamientos.
Es decir: mientras Spielberg terminaba de montar una historia sobre alguien que filtra los archivos ovni del gobierno, el gobierno se puso a descalcificar de verdad sus archivos ovni, y la coincidencia de fechas es de los llamativa. Tal vez alguien en la productora supo leer bien el momento… La verdad, al menos la que se hizo pública, resultó decepcionante El terreno venía abonado desde la publicación oficial de los vídeos del Pentágono en 2020, la creación de la oficina AARO y una larga sucesión de comparecencias en el Congreso. El momento más sonado fue el testimonio del exoficial de inteligencia David Grusch en 2023, que aseguró ante los legisladores haber sido informado de un programa de décadas para recuperar y aplicar ingeniería inversa a naves estrelladas, e incluso habló de restos biológicos no humanos; el Pentágono lo negó de plano. La cosa no termina ahí, porque, según ha contado la prensa esta misma semana, Grusch ha vuelto al Capitolio junto a varios legisladores para reclamar más archivos e inmunidad para los denunciantes.
Muchas veces la realidad supera a la ficción: pocas campañas promocionales han contado con un cómplice semejante. La verdad de verdad da menos miedo que la de Spielberg La primera tanda de archivos no confirmó la existencia de vida extraterrestre, y la propia comunidad que llevaba años pidiendo la desclasificación lo resumió en un análisis con una frase demoledora: los datos, por sí solos, no son una revelación. Buena parte de lo publicado eran cosas que ya habíamos visto, imágenes granuladas y de escasa calidad documental. La verdad, al menos la que se hizo pública, resultó decepcionante.
La película, que juega con la ventaja de ser mentira, tampoco termina de exprimir su propio mitología extraterrestre, y el motivo por el que en mi opinión se queda a medias. En lo formal no le pongo una sola pega: es un Spielberg técnicamente impecable, con una banda sonora de John Williams para aplaudir. El problema es de guion, porque decide que el malo sea una oscura corporación privada que lleva setenta y nueve años ocultando la verdad por encargo, en lugar de mirar de frente al aparato gubernamental que de verdad tendría medios y motivos para hacerlo, y en esa coartada tan amable se le diluye lo más interesante de su propuesta: el impacto político, económico y espiritual que tendría una noticia así. La crítica internacional la ha coronado como su mejor película en veinte años y, con todo el cariño, a mí no me parece para tanto.
Me queda una preocupación que va más allá de la propia película, y quiero dejar claro que no la digo desde la incredulidad, porque yo sigo pensando que la verdad está ahí fuera y que conviene vigilar los cielos. Lo que me inquieta es otra cosa bien distinta: que un relato así sirva para revitalizar la fiebre por el fenómeno justo ahora. Lo pretenda Spielberg o no, y seguramente no lo pretende, toda esta fiebre por la desclasificación de lo inexplicado suele servir, fuera de la pantalla, para distraernos de problemas reales, inmediatos y bastante más feos, como recordaba El País a cuenta de esta misma desclasificación. No es una idea nueva, porque ya el ufólogo John Keel describía el fenómeno como una especie de caballo de Troya, parte de la parafernalia diseñada para despistarnos de otros asuntos.
Y lo paradójico es que este complicado escenario histórico que nos ha tocado vivir es justo el telón de fondo de la película, que transcurre en los días previos a una escalada de violencia global. No olvidemos lo efectivo que ha sido siempre Hollywood para divulgar determinadas agendas políticas o establecer ciertos estados de recepción ideológica en la opinión pública. No me parece mal pararse a recordar que somos una sola especie subida a una roca diminuta que se vuelo por el espacio a una velocidad de vértigo. Y ojo, que falta nos hace.
Pero hay una línea muy fina entre la invitación a la empatía que propone la película, el escapismo de los blockbusters, la búsqueda de la verdad (por misteriosa y fantástica que sea) y la simple huida hacia delante. Y la película la pisa más de una vez. ¿Nos ayudará esta clase de relato a mirarnos de verdad a los ojos y abrazarnos como una sola especie de individuos semejantes, a comprender nuestro lugar en el cosmos, o solo nos servirá para ignorar nuestro propio contexto sociopolítico? ¿Y tú qué opinas? ¿Crees que estamos solos en el universo o que somos una anomalía única en el universo? ¿Tienes ganas de ver El Día de la Revelación? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans. En 3DJuegos | Steven Spielberg es un gran fan de los videojuegos pero (casi) nunca ha tenido éxito con ellos En 3DJuegos | Los creadores de una de las mejores series de ciencia ficción creen que la humanidad repetirá su historia en el futuro En 3DJuegos | Estos son todos los géneros de la ciencia ficción en cine, videojuegos y literatura, y algunos títulos que no debes perderte