Ya he visto cuatro episodios de la temporada 2 de X-Men '97 y la serie demuestra que la nostalgia funciona mejor cuando está al servicio de una gran historia

Ya he visto cuatro episodios de la temporada 2 de X-Men '97 y la serie demuestra que la nostalgia funciona mejor cuando está al servicio de una gran historia

Tener esta versión de los X-Men es, sencillamente, un regalo para cualquiera que creciera con los mutantes. La primera temporada de X-Men ’97 no solo recuperó el espíritu de la serie noventera, sino que lo refinó hasta convertirse en uno de los estrenos de animación más vistos de Disney+: cosechó aclamación de la crítica, una nominación a los Emmy y un 99% en Rotten Tomatoes, según Deadline. No es poca cosa para un revival que muchos veían como puro ejercicio de nostalgia y que terminó siendo bastante más. Ahora llega la segunda temporada, que se estrenará el 1 de julio de 2026 con nueve episodios.

Y ya he podido ver por adelantado los cuatro primeros. Con solo cuatro capítulos de los nueve, hay una cantidad de cosas de las que hablar que da casi vértigo. La serie no se anda con rodeos ni gasta episodios de transición; entra a saco y empieza a desplegar tramas, épocas y personajes desde el primer minuto, así que os recomiendo empezar a verla con el final de la primera temporada fresquito. Eso es, a la vez, su mayor virtud y su riesgo más evidente, y de las dos cosas vamos a hablar.

Porque el objetivo que persiguen los protagonistas , devolver a los X-Men a los 90, es exactamente el mismo que persigue Marvel con la serie. Y entender esa coincidencia es entender por qué la temporada funciona tn bien como funciona. Devolver a los mutantes a los 90 no es solo la misión de los héroes: es la jugada de Marvel El tema que vertebra la temporada es que hay devolver a los X-Men a los 90. Lo repiten los personajes, lo empuja la trama y, mira por dónde, es también la consigna no escrita de Marvel Animation.

Los cómics mutantes de aquella década son una mina de oro de ideas que el estudio conoce al dedillo. No en vano fueron los años del arranque del X-Men a secas en 1991, uno de los mayores hitos de la historia del cómic de superhéroes, del nacimiento de X-Force, de la llegada de Cable y Bishop, del Factor-X gubernamental de Peter David y de la traca final de La Era de Apocalipsis en 1995. No hace falta haberse leído todo aquello para disfrutar la serie, pero quien lo hizo va a sentirse como en casa. La temporada saquea con cariño aquel arsenal narrativo de los cómics Marvel de los 90 La temporada saquea con cariño aquel arsenal narrativo y lo coloca en pantalla con una naturalidad que solo se consigue cuando conoces muy bien lo que tienes entre manos.

Por eso el plan de los héroes y el del estudio acaban siendo el mismo plan, y por eso la nostalgia aquí funciona como combustible, no solo como fanservice. La diferencia entre explotar un recuerdo y rendirle homenaje está precisamente en multitud de detalles que no solo son guiños aquí y allí, ayudan a reforzar la trama creando la sensación de que este universo de los X-Men lleva años desarrollándose y reforzándose dentro de su propia continuidad. Cinco mil años de distancia entre los X-Men La premisa de partida está justo en el final de la primera temporada, los X-Men han quedado repartidos por el espacio-tiempo. En el Egipto de hace cinco mil años aparecen Xavier, Magneto, Bestia, Pícara y Rondador Nocturno; en el Siglo XL, en pleno futuro lejano, despiertan Cíclope, Jean Grey, Tormenta, Morfo y Lobezno.

No es un capricho narrativo: ese reparto permite explorar al villano Apocalipsis en tres momentos distintos de su existencia, su juventud como En Sabah Nur en el antiguo Egipto, su presente y el futuro en el que su visión se ha hecho realidad. El eje de la temporada es detener a Apocalipsis, la mayor amenaza jamás enfrentada por los X-Men. Ojalá la versión cinematográfica de 2016 hubiera sido una cuarta parte de lo interesante que es esta propuesta… La estructura de estos primeros cuatro episodios es además muy clara. Los dos primeros se reparten entre el futuro y los años 90, donde la ausencia de los X-Men ha dejado un hueco peligroso y donde alguien tendrá que ocupar su lugar: para salvar a los X-Men hacen falta unos nuevos X-Men… o algo distinto.

El tercero y el cuarto se vuelcan por completo en el equipo perdido en el pasado. Ese salto al Egipto de hace cinco mil años no es solo espectáculo: sirve para reconciliar la cronología mutante con la del resto del universo Marvel mediante una serie de elementos que prefiero no destriparos, porque quiero que los disfrutéis tanto como yo. Y sí, los que lleváis años atando cabos de la continuidad Marvel vais a tener trabajo. Parece la historia de cómo frenar a Apocalipsis, pero en el fondo es la historia de dos mesías mutantes Si hay un personaje que sostiene el corazón emocional de la temporada más allá del villano Apocalipsis, ese es Nathan Summers.

El hijo de Cíclope y Jean Grey, infectado por un virus tecno-orgánico y enviado al futuro lejano, donde el clan Askani lo entrena para enfrentarse a Apocalipsis, es el germen de uno de los personajes más queridos del cómic mutante: Cable, el John Connor de los mutantes. ¿Han enviado a los X-Men a través del tiempo para evitar que Nathan se convierta en el soldado Cable, o precisamente para provocarlo? La serie juega con esa ambigüedad con más inteligencia de la que cabría esperar de un producto pensado también para un público joven. De la respuesta depende qué clase de historia nos están contando. Los dilemas morales que plantean las aventuras de los X-Men son siempre interesantes, incluso en un formato tan ligero y tan pensado para todos los públicos como este Y es que pocos equipos de Marvel son tan familia como los X-Men.

Con la honrosa excepción de Los 4 Fantásticos, ningún grupo de la Casa de las Ideas ha hecho de los lazos personales su verdadero motor de la forma en que lo hacen los mutantes, y esta temporada lo subraya separándolos nada menos que cinco mil años. La reunión de Cíclope y Jean con su hijo en el futuro es, literalmente, una familia reencontrándose a través de los siglos. Hay además una segunda vuelta de tuerca: Cable montando su propio equipo de operaciones encubiertas, una idea que llega con una sorpresa considerable escondida en los propios títulos de crédito de la serie. No os digo más, pero estad atentos.

De las cenizas de los X-Men llega… Factor-X Uno de los grandes regalos para el fan es el regreso de Factor-X, y no de cualquier Factor-X: el que aparece es el gubernamental, calcado del equipo que Peter David relanzó en 1991. Aquí lo lidera Caos (Alex Summers, el hermano de Cíclope) y lo completan Polaris, Fortachón, Loba Venenosa y el Hombre Múltiple, luciendo su alineación y sus diseños más reconocibles. Lo interesante este equipo es que, a diferencia de los X-Men, trabaja para el gobierno deteniendo y encarcelando mutantes, aunque esos mutantes sean, a veces, solo niños. Y ahí es donde X-Men ’97 recuerda lo que siempre ha sido por debajo del espectáculo.

Que nadie se llame a engaño: los X-Men van de eso desde 1963. Porque los dilemas morales que plantean las aventuras de los X-Men son siempre interesantes, incluso en un formato tan ligero y tan pensado para todos los públicos como este. La persecución, el colaboracionismo, la identidad y la lucha por los derechos civiles e individuales son temas importantes, especialmente en el contexto histórico actual, y la serie lo sabe. Y en mitad de todo eso ahí sigue Magneto, que da igual si lo leemos en los cómics, lo vemos en las películas o lo encontramos en esta serie: continúa siendo de los personajes más fascinantemente complejos que ha dado el tebeo.

Su eterno baile entre el villano y el líder vuelve a ser uno de los grandes alicientes. Nadie en este universo encarna mejor la pregunta de hasta dónde es legítimo llegar para proteger a los tuyos. Convertir a En Sabah Nur en el primer mutante y también en el primer X-Men es una gran idea La apuesta más ambiciosa de estos episodios está en el pasado. La idea de presentar a En Sabah Nur no solo como el primer mutante de la historia, sino como el primer X-Men, es de las que dan que pensar y de las que reordenan toda la mitología desde la raíz.

Hay algo muy antiguo en ese planteamiento, además: el dios-rey que decide quién merece sobrevivir, la lógica del más fuerte elevada a religión, conecta de forma directa con cómo el poder se ha sacralizado a sí mismo desde el Egipto faraónico. Funciona, y funciona bien, porque dota a Apocalipsis de una profundidad que rara vez se le concede en pantalla. La peli, desde luego, dejó pasar esa oportunidad… El problema es de equilibrio, porque una idea tan interesante que en mi opinión, amenaza con eclipsar el resto de temas. Y es que a lo mejor un problema que tiene esta serie en su arranque de la temporada 2 es precisamente el gran número de tramas y personajes que están en funcionamiento a la vez.

Hay una cantidad abrumadora de tramas, personajes e ideas ocurriendo en paralelo, y seguirlo todo a la vez con comodidad no siempre es fácil Porque toda esa épica del pasado, por fascinante que sea, compite por el foco con la trama de los 90, que es la que de verdad sostiene la temporada, y que imagino que se desarrollará en los episodios que quedan por ver de esta segunda tanda. Aquí aparece la otra cara de la moneda que os adelantaba al principio. Con solo cuatro episodios ya hay una cantidad abrumadora de tramas, personajes e ideas ocurriendo en paralelo, y seguirlo todo a la vez con comodidad no siempre es fácil, especialmente si no estás muy puesto en la mitología mutante. No es que la serie no sea capaz de sostenerse, ni mucho menos, pero sí pide al espectador estar un poco atento.

Quien venga de nuevas puede sentirse, por momentos, un poco perdido en el limbo de la continuidad. Otros aspecto a destacar el peso de tener tantos elementos en acción al mismo tiempo es que hay personajes que quedan relegados a un segundisimo plano, como por ejemplo, Lobezno, que en estos primeros episodios tiene una presencia meramente testimonial a pesar de ser el mutante más popular de Marvel.Tampoco pasa nada, porque en mi opinión uno de los fallos de Marvel es que tiende a saturar con la presencia de determinados héroes en cuanto percibe que son bien recibidos por el público. En este caso, no pasa nada por olvidarse un poco de Lobezno, que realmente tiene poco que aportar en estas tramas, y centrarse en personajes que bien merecen un poco más atención, como Júbilo, que no solo era el reclamo original de la serie de los 90 para enganchar al público más joven, si no que ahora retoma esa función renovándose para una nueva generación. Y X-Men '97 lo logra de manera elegante y espectacular.

La temporada está hecha por fans y para fans Si sois de los que pausan la imagen para cazar detalles, esta temporada es una fiesta. Los uniformes esconden guiños para quien sepa mirar: bajo las distintas piezas de ropa y armadura, Jean y Cíclope llevan los trajes de la primera etapa de Factor-X, un Easter egg que solo pillarán los fans de cierta edad. Lobezno aparece en su versión salvaje, sin el adamantium soldado a los huesos, una decisión que los lectores reconocerán al vuelo. Mutantes tan actuales como Kid Omega (una creación muy posterior, ya de los 2000) asoman en cameos, aunque no pintan nada en los 90, y que están ahí por puro gusto.

Y la serie empieza ya a dejar migas de tramas futuras, como la presencia de los Externos. La riqueza de la mitología mutante de lso cómics de los X-Men empapa toda esta serie y es un verdadero disfrute para aquellos que hayan crecido con los cómics originales. Entre todos esos detalles hay uno que merece mención aparte: una escena poscréditos en el cuarto episodio que guiña el ojo a uno de los cómics más inolvidables de Lobezno, y que no voy a destriparos por nada del mundo. Quien lo reconozca lo va a disfrutar tanto como yo.

Por encima de todo está el apartado técnico, porque la calidad de la animación es sobresaliente, especialmente en las escenas de acción, con un acabado que sostiene tanto los momentos más freneticos como los momentos íntimos. Pero si hay que quedarse con un instante, es el final del cuarto episodio: un cierre ante el que es difícil que un marvelitano rompa a aplaudir. Cuatro episodios para enamorar y para abrumar Con cuatro episodios sobre la mesa, el balance es el de una temporada que va sobrada de ambición y de amor por el material original de los cómics, y que solo de vez en cuando amenaza con que se le vaya de las manos. Es un regalo para el fan de los mutantes y, a la vez, un producto que pide cierto bagaje para disfrutarse del todo.

Pero ese desequilibrio, lejos de hundir la serie, es justo lo que la hace tan reconocible: demasiadas cosas pasando a la vez, demasiados personajes a los que querer, demasiada historia que atar. Pero no tiene por qué ser algo necesariamente negativo. Quien venga de la primera temporada sabe ya que merece la pena el esfuerzo. X-Men '97 vuelve a tratar a los mutantes como lo que siempre fueron: héroes que han jurado defender a un mundo que les odia y les teme Y permitidme una confidencia: yo no soy capaz de recordar mi adolescencia sin los cómics de los X-Men.

Por eso ver a Marvel volver a aquella misma época, para mí, algo más que una buena noticia. Lo de menos es que la serie acierte o falle en según qué momentos; lo importante es que vuelve a tratar a los mutantes como lo que siempre fueron: héroes que han jurado defender a un mundo que les odia y les teme. Porque a estas alturas la pregunta ya no es si los X-Men conseguirán volver a los 90, sino si nosotros vamos a querer que se vayan de ahí. En 3DJuegos | Disney+ ya ha renovado para una temporada 4 una de sus mejores series, y eso que acaba de estrenar el tráiler de la 2 En 3DJuegos | Marvel lo rechazó y han tenido que pasar 35 años para que conozcamos el origen real de uno de los X-Men más carismáticos