En la primera parte de este artículo señalé que, tras siete décadas de ataques contra Cuba por parte de todos los gobiernos estadounidenses, sean demócratas o republicanos, desde 1959 hasta la fecha, esa política se ha recrudecido hasta niveles que superan todo lo que puede considerarse delictivo en el plano del derecho internacional, especialmente bajo el segundo período presidencial de Donald Trump. Medidas coercitivas, sanciones, bloqueos, embargos, prohibiciones para comerciar bienes básicos e impedimentos al suministro energético sitúan a la isla bajo las peores condiciones económicas desde el denominado período especial en tiempos de paz, tras la caída de la extinta Unión Soviética y el derrumbe del campo socialista a principios de la década del 90 del siglo XX. Además, la acción legal emprendida contra la figura política de Raúl Castro Ruz representa una más de las nuevas jugadas de Washington, para seguir hostigando de manera ilegal a la nación caribeña. Hoy, la maquinaria legal estadounidense vuelve a ponerse en marcha, con todo el peso y las implicancias que ello supone, bajo las más diversas interpretaciones: sentar una base jurídica para amparar una agresión contra Cuba e, incluso, un eventual secuestro de Raúl Castro, siguiendo un modelo que ya se aplicó en Venezuela.
Cuba: Una nación agredida en forma crónica. Parte I | HISPANTV Estados Unidos lleva 67 años impulsando y llevando a la práctica una política de máxima presión contra Cuba y su pueblo. El bloqueo como sistema de presión integral No se puede hablar aquí de justicia. Lo que Washington intenta hacer es alterar la lectura histórica para desviar la atención del problema de fondo.
El verdadero debate debería centrarse en el largo historial de agresiones de Estados Unidos contra Cuba y los efectos que es apolítica criminal ha generado sobre la nación latinoamericana. Un expediente que incluye violaciones sistemáticas y que, desde esta perspectiva, debería ser perseguido y sancionado internacionalmente. En ese marco, es Cuba la que tiene autoridad moral para exigir responsabilidades a políticos, parlamentarios y mandos militares estadounidenses por décadas de acciones hostiles. Es Cuba la que debería exigir la captura, prisión y juzgar al mandatario estadounidenses.
Es cuba el que tiene que exigir la aplicación del capítulo VII de la carta de las naciones Unidas por la conducta de amenazas a la paz de los gobiernos estadounidenses. Ese historial de agresiones de EE. UU. contra la isla puede sintetizarse en los siguientes hechos: Invasión de Playa Girón (1961): operación militar financiada y dirigida por la CIA, en la que una fuerza paramilitar desembarcó en Cuba para derrocar a la naciente Revolución cubana, dejando más de un centenar de muertos antes de ser derrotada. Agresiones contra la población y la industria: entre 1961 y 1965 se ejecutaron bombardeos aéreos directos contra ingenios azucareros y zonas pobladas, con el propósito premeditado de echar abajo la economía y sembrar el pánico, causando la muerte de decenas de campesinos.
Terrorismo y guerra biológica: Cuba ha denunciado múltiples actos terroristas, como fue el atentar volar el vuelo 455 de Cubana de Aviación en 1976, que dejó 73 víctimas mortales, así como la introducción deliberada de plagas agrícolas y sanitarias, entre ellas el dengue hemorrágico. Intentos de magnicidio: múltiples acciones dirigidas contra el fallecido comandante Fidel Castro Ruz. Bloqueo económico y comercial: Considerado de manera reiterada por la comunidad internacional como una práctica violatoria de los derechos humanos. El entramado legal, que incluye normas como la Ley Helms-Burton, restringe severamente el comercio y limita el acceso de la población a alimentos, combustible y medicinas.
Guerra económica extraterritorial: la inclusión arbitraria y unilateral de Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo funciona como una herramienta de asfixia económica que disuade a bancos, navieras y empresas de todo el mundo de comerciar con la isla. Base Naval de Guantánamo: la ocupación ilegal de más de 110 kilómetros cuadrados de territorio cubano desde 1903. Esa base se mantiene contra la voluntad del pueblo y del gobierno cubano y ha sido utilizada por Estados Unidos como un centro de detención internacional al margen del derecho humanitario. Desestabilización interna: intensificación de acciones en múltiples frentes destinadas a generar un estado de conmoción social funcional a los intereses de una intervención, mediante el uso de la llamada estrategia de guerra suave (2) Con este marco histórico en perspectiva, queda aún más expuesta la hipocresía de la casta política estadounidense.
Esa postura se expresa hoy, de manera particularmente visible, en la figura de Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y actual secretario de Estado de la nación norteamericana, quien encarna una de las posiciones más duras entre quienes aspiran a la destrucción total de Cuba. La mitomanía y el ferviente deseo de aniquilar a la Revolución cubana llevan a personajes como Rubio a afirmar que “el presidente Trump está dispuesto a liberar un paquete de ayuda humanitaria” por 100 millones de dólares para la isla, responsabilizando directamente al gobierno cubano de la crisis actual. Según sus palabras, “la verdadera razón por la que no tienen electricidad, combustible ni alimentos es porque quienes controlan su país saquearon miles de millones de dólares”. Resulta, cuanto menos, paradójico que un político del país que más daños ha ocasionado a Cuba pretenda atribuir toda la responsabilidad a quienes han resistido durante décadas esa política de asedio.
Por su parte, el presidente Donald Trump dio curso a sus amenazas mediante la firma de una orden ejecutiva que declara una “emergencia nacional” ante lo que Washington califica como una “amenaza inusual y extraordinaria” de Cuba para la seguridad de Estados Unidos. En ese texto se acusa al gobierno cubano, presidido por Miguel Díaz-Canel, de alinearse con potencias enemigas de Washington, acoger a grupos terroristas y permitir el despliegue militar de países como China y la Federación de Rusia. El texto ejecutivo sostiene, de manera unilateral y sin presentar pruebas públicas, que La Habana se alinea con países hostiles, acoge a grupos terroristas transnacionales y permite el despliegue en la isla de capacidades militares y de inteligencia de Rusia y China. Desde esa misma lógica, Trump llega al extremo de justificar sus medidas en nombre de este “rincón tan sufrido de nuestro hemisferio”, apelando una vez más al ya conocido argumento de la “seguridad nacional” (3) En esa misma línea, la política de Washington hacia Cuba no puede entenderse como un episodio coyuntural, sino como parte de una estrategia histórica de “máxima presión” destinada a quebrar la soberanía de la isla y forzar la claudicación de la Revolución.
A su juicio, Estados Unidos ha combinado durante décadas bloqueo económico, desestabilización, sanciones y amenazas abiertas de intervención como parte de un manual de agresión sistemática contra un país que ha decidido sostener un proyecto propio, ajeno a los designios hegemónicos de la Casa Blanca. El recrudecimiento de las medidas coercitivas bajo la nueva administración de Trump refuerza la idea de que el objetivo de Washington no es promover la democracia ni los derechos humanos, sino profundizar el castigo colectivo, forzar un cambio de gobierno y allanar el camino para intereses económicos ligados al exilio cubano en Estados Unidos. Bajo esta lectura, el bloqueo contra Cuba no puede entenderse solo como una restricción comercial. Se trata de un sistema de presión integral con efectos acumulativos sobre la vida cotidiana, la capacidad productiva del país y sus vínculos con el sistema financiero internacional.
Sus consecuencias alcanzan el abastecimiento de bienes esenciales, el funcionamiento de los servicios públicos y la estabilidad de las familias cubanas, expuestas de forma permanente a carencias, incertidumbre y sobrecostos. Principales ámbitos de impacto Social: afecta de manera directa la salud pública, la alimentación, la educación, el transporte y el suministro energético. Las restricciones dificultan la importación de insumos médicos, reactivos, combustibles y equipamiento, lo que repercute en listas de espera quirúrgicas, limitaciones del cuadro básico de medicamentos y deterioro de servicios esenciales. Financiero: la persecución de transacciones internacionales y el aumento del riesgo país desalientan a bancos, aseguradoras, navieras y proveedores a operar con Cuba.
Como resultado, se encarecen los créditos, se dificultan los pagos y cobros, y se elevan los costos logísticos y de seguros. Económico: el bloqueo actúa como un obstáculo estructural para el crecimiento, al reducir ingresos por exportaciones, aumentar sobrecostos comerciales y dificultar la adquisición de tecnología, repuestos, combustibles e insumos productivos. Sus efectos se extienden a la industria, la agricultura, la energía, el transporte, la biotecnología y los servicios. En el plano económico, los antecedentes a los que es posible acceder desde el exterior convergen con los informes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba en que el bloqueo constituye un obstáculo estructural para el crecimiento.
Las afectaciones comprenden ingresos dejados de percibir por exportaciones de bienes y servicios, sobrecostos por la reubicación geográfica del comercio, mayores gastos logísticos y trabas para adquirir tecnología, repuestos, combustibles e insumos productivos. Todo ello repercute negativamente en la industria, la agricultura, la energía, el transporte, la biotecnología y los servicios, e impide que la economía cubana despliegue plenamente sus capacidades productivas y de inversión. El informe más reciente presentado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX) ante las Naciones Unidas, expuesto por el canciller Bruno Rodríguez, documentó daños y perjuicios materiales por 7.556 millones de dólares. Según el propio informe, esta cifra representa un incremento interanual cercano al 49 % respecto del período anterior, impulsado por el endurecimiento de las medidas coercitivas, la persecución de las exportaciones cubanas y las restricciones a las importaciones.
A precios corrientes, según el texto de denuncia, los daños acumulados desde el inicio de esta política superan los 170.677 millones de dólares y, si se calcula su equivalencia según el valor del oro, la cifra rebasa los 2,1 billones de dólares. Estas magnitudes demuestran que el bloqueo no es un episodio coyuntural, sino una estrategia prolongada de asfixia económica con consecuencias humanas imposibles de medir por completo en cifras. En esa línea, el canciller cubano ha sostenido que las consecuencias del bloqueo se reflejan de forma dramática en las carencias que enfrenta la población. Según su planteamiento, los daños económicos acumulados en apenas 60 días equivalen al costo del combustible necesario para satisfacer la demanda eléctrica del país, lo que ilustra hasta qué punto esta política condiciona la vida cotidiana y limita la capacidad de respuesta del Estado.
En conjunto, el bloqueo y todas sus aristas configuran un mecanismo de coerción multidimensional: socialmente degradante, financieramente asfixiante y económicamente restrictivo. Desde esta perspectiva, las pérdidas materiales cuantificables representan solo una parte del problema, porque a ellas se suman costos humanos, demográficos, sanitarios, energéticos y emocionales que repercuten sobre varias generaciones de cubanas y cubanos. Buen camino es el anunciado por el presidente cubano Miguel Díaz Canel que ha dado a conocer a la población cubana el pasado 12 de junio un importante paquete de reformas económicas destinado a : descentralizar la administración del estado, otorgar mayores grados de autonomía a los gobiernos locales, empresas estatales, facilitar los negocios en una alianza con cubanos en el extranjero e impulsar fuertemente la inversión pública y privada (4) Nuestras sociedades del Sur Global, entre ellos Cuba, debemos ser capaces de buscar márgenes de independencia mediante alianzas más amplias. En el caso cubano, eso se traduciría en ampliar relaciones con actores y espacios como los BRICS y otros polos no subordinados a Washington, para reducir dependencia financiera, comercial y diplomática.
Es fundamental y urgente que Cuba desarrolle alternativas nacionales y socios externos estables para sortear la persecución financiera, el cerco energético y las trabas comerciales. Eso supone diversificar mercados, reducir vulnerabilidades críticas y sostener capacidades internas en sectores estratégicos. Otro componente clave es la construcción de redes de apoyo político, social y cultural fuera de Cuba. Distintos espacios de solidaridad internacional presentan esa dimensión como una herramienta concreta para romper el aislamiento y visibilizar el costo humano del bloqueo.
Pablo Jofré Leal Periodista. Analista Internacional Articulo Para HispanTV 1. Estrategia que recibe diversas denominaciones pero que expresan lo mismo: intervención y acciones delictivas: Golpe Suave, Golpe de Estado blando, golpe no tradicional y atribuida al politólogo Gene Sharp de quien se sostiene recibió el encargo de la CIA estadounidense para llevar a cabo los puntos de esta estrategia de perturbación, social, económica y política en la república popular Chinea en China el año 1989 y que posteriormente fue asumida por los servicios de inteligencia del régimen israelí y su ejército para apoyar la labor de los servicios de inteligencia occidentales en planes y acciones golpista. En la actualidad a las acciones propias del “Golpe Suave” y sus cinco puntos esenciales se une la denominada guerra judicial – lawfare – para llevar a cabo acciones de desestabilización y golpismo mediante mecanismos aparentemente legales 2. http://www.cubadebate.cu/noticias/2025/09/17/cuba-presenta-informe-sobre-bloqueo-de-eeuu-hasta-febrero-de-2025-danos-y-perjuicios-materiales-aumentaron-49-por-ciento/ 3. https://www.state.gov/translations/spanish/hoja-informativa-el-presidente-donald-j-trump-se-pronuncia-respecto-a-las-amenazas-a-estados-unidos-por-parte-del-gobierno-de-cuba 4. https://www.isri.cu/es/node/694