Hemos visto ya los nuevos capítulos de La Casa del Dragón. Mejora mucho, pero su mayor enemigo sigue siendo ella misma

Hemos visto ya los nuevos capítulos de La Casa del Dragón. Mejora mucho, pero su mayor enemigo sigue siendo ella misma

La Casa del Dragón tiene todo lo que me gusta: intrigas palaciegas, sorprendentes traiciones, batallas espectaculares y, por encima de todo, dragones. Es un culebrón histórico con criaturas mitológicas, ¿cómo no me va a gustar esa mezcla?. Y aun así, cuando llega el momento de volver a Poniente para esta tercera temporada, me entra una pereza tremenda. Si has visto las dos entregas anteriores y sientes algo parecido, este artículo es para ti, porque estamos en las mismas.

No es que la serie haya hecho nada imperdonable o que sea una mala serie. No se trata de eso. Al contrario: te adelanto ya que los cuatro primeros episodios que he podido ver me han gustado bastante más que toda la temporada pasada, y que hay en ellos secuencias que justifican por sí solas el regreso a la saga. El problema tiene que ver con la sensación de estar viendo más de lo mismo.

Sí, la historia avanza y los personajes evolucionan, pero llevamos ya tres temporadas dando vueltas a tramas que, en mi opinión, Juego de Tronos se habría merendado en un par de capítulos. ¿Por qué La Casa del Dragón se me hace bola? En lo técnico no hay reproche posible Si algo no se le puede reprochar a esta serie es el músculo técnico, el altísimo nivel de producción, del que esta tercera temporada hace gala desde el primer minuto: la fotografía, el diseño de vestuario y de escenarios y, sobre todo, la ambición de ofrecer el mayor espectáculo cinematográfico del género de fantasía. El episodio de estreno de esta tercera temporada arranca con una enorme batalla naval que es de lo mejor que ha ofrecido esta ficción hasta el momento. Hay una contundencia física en el choque de los barcos, una escala y una coreografía que por fin hacen sentir el peso de una guerra que durante dos años se nos había prometido más que mostrado.

Cuando la serie decide desplegarse en este sentido recuerda por qué HBO invirtió tanto tiempo y dinero en Juego de Tronos y cómo esta serie todavía puede ser digna heredera de aquella propuesta. No es casualidad que el propio Ryan Condal vendiera el episodio de estreno como el más ambicioso de toda la serie: Entertainment Weekly llegó a describirlo como "posiblemente el episodio de televisión más loco jamás hecho", y comparó renunciar a esta batalla con rodar El Señor de los Anillos sin el Abismo de Helm. Bueno, tal vez eso sean palabras mayores que tengan más de promocional que de verdad, pero sí reconozco que es espectacular, emocionante y sorprendente. El problema es que el espectáculo no puede ser la única apuesta de la serie durante ocho episodios.

Una batalla soberbia te sostiene un capítulo, quizá dos, pero no sustituye a la sensación de que la historia avanza hacia algún sitio al que merezca la pena llegar. Y ese creo que es el problema de La Casa del Dragón. Emma D'Arcy sostiene ella sola buena parte de este invento El reparto es la cara y la cruz, su mejor baza (dragones a parte) y su punto más débil. En la cara, Emma D'Arcy haciendo de Rhaenyra Targaryen, que a estas alturas es sin discusión lo mejor que tiene la serie en el plano interpretativo.

Sé que tiene sus críticos, pero yo creo que hace un buenísimo trabajo. Hay en su trabajo una profundidad que el resto del elenco no siempre alcanza: dice más con la mandíbula apretada y una mirada que se niega a llorar que muchos de sus compañeros con monólogos enteros. Cuando la cámara se queda a solas con ella, la temporada sube un peldaño entero de credibilidad, y entiendes por qué este personaje carga con el peso dramático de toda la serie. Es la clase de interpretación que sostiene un proyecto incluso cuando el guion no la acompaña… Algo qu epasa más veces de las que debería.

El reparto es la cara y la cruz, su mejor baza (dragones a parte) y su punto más débil La cruz es que a su alrededor el nivel oscila demasiado. Junto a intérpretes solventes que ya conocíamos, Matt Smith y Ewan Mitchell siguen cumpliendo con personajes que se les dan bien, conviven otros francamente justos, y alguno que, como Olivia Cooke, se me hace cuesta arriba cada vez que aparece en pantalla. No es un problema menor en una serie coral, porque cada escena que no funciona te saca un poco de Poniente. Y eso, en una historia en la que los personajes hablan tanto y durante tanto tiempo, es un problema La sensación, episodio a episodio, es la de un equipo con un par de figuras de primer nivel y un refuerzo de actores que hace flaco favor a su trabajo.

Y eso que hay una cantidad tremenda de grandes secundarios aquí y allí, como Tommy Flanagan, Phoebe Campbell o Nicholas Jones. Pero están completamente desaprovechados, y es que con tantísimos personajes, algunos de estos grandes actores apenas pueden lucirse en un par de escenas antes de que se los coma un dragón o alguien les apuñale por la espalda. Y es una pena. Heredera al trono de un fenómeno irrepetible La Casa del Dragón tiene la complicadísima papeleta de ser heredera de uno de los mayores fenómenos televisivos de la historia, una serie que en su momento contaba con una saga literaria extensa, viva (y todavía inconclusa) para respaldar cada giro.

Aquella ficción podía permitirse el lujo de un universo escrito al detalle del que ir tirando. Esta, en cambio, está extendiendo como buenamente puede lo que su autor narró en un único libro, Fuego y Sangre, que además no es una novela al uso sino una crónica histórica firmada por cronistas poco fiables. El caso es que adaptar eso a ocho episodios por temporada durante cuatro años obliga a rellenar huecos, estirar tramas y, a ratos, inventar de cero. Es una pena que una producción de esta envergadura tenga que forzar la mano para cumplir un cupo de episodios inflado de una manera tan artificial El relleno se nota, y se nota más cuanto más avanza la guerra.

En la práctica, que cuatro temporadas salgan de un solo libro responde tanto a una aritmética de negocio, la marca es demasiado rentable para cerrarla antes de tiempo, como a una necesidad narrativa, y eso es un problema. Si el libro da para dos temporadas, si estamos en la tercera es porque se están haciendo trampas. El propio Condal admitió a Entertainment Weekly que algunos de esos cambios decepcionaron a Martin, a la vez que defendía que trasladar el material original obligaba a elegir, a ajustarse a un presupuesto y a acertar con los acontecimientos esenciales. No es un problema exclusivo de esta serie, ni mucho menos, pero aquí tal vez se nota más porque todos los fans que hayan leído el libro (o que hayan visto Juego de Tronos) hacia dónde va.

Mantener el equilibrio entre una trama que sorprenda a los espectadores y contar una historia cuyo final ya conocemos supone mantener un complicado equilibrio que la Casa del Dragón, hasta el momento, no siempre ha logrado, especialmente en la temporada 2. En esta tercera temporada, y con solo sus cuatro primeros episodios disponibles, puedo decir que la cosa mejora, pero no del todo. Irregular pero mejor que la temporada pasada Hay una buena noticia que quiero subrayar: este arranque me ha parecido bastante más estimulante que toda la temporada pasada. Donde la segunda entrega se atascó tratando de enfatizar las rivalidades entre las diferentes familias, casas y bandos del conflicto, esta arranca con la sensación de que las cosas, por fin, se mueven.

No es una temporada redonda en lo narrativo, ni de lejos; es francamente irregular, con episodios que funcionan mejor que otros y transiciones que no siempre cuadran. Pero se beneficia mucho de haberle dedicado tanto tiempo en la temporada anterior a dibujar el escenario del conflicto. Pero una vez que la acción termina, y termina pronto, volvemos a tener un buen número de idas y venidas, reuniones y charlas de personajes que resultan redundantes y sobre explicativas. Comprendo que se mantiene un núcleo duro de aficionados dispuestos a llegar hasta el final de este viaje, ¿pero estarán satisfechos?

El tercer episodio, sin ir más lejos, propone un cambio de tono y de ritmo desconcertante, por ejemplo. Hay un viraje emocional del relato que rompe con lo anterior y que reconozco me dejó un buen rato sin saber del todo qué estaba viendo. Entiendo que ver los capítulos seguidos, uno tras otro, potenció esta sensación de desorientación, pero en apenas unos minutos pasé el dramón épico a casi una comedia de situación. Esa clase de contrastes no siempre resultan elegantes (y aquí permitidme que os recomiende de nuevo La Maldición de Widow's Bay).

Es una pena que una producción de esta envergadura tenga que forzar la mano de guionistas, actores y espectadores para cumplir un cupo de episodios inflado de una manera tan artificial. Y llego así a mi gan duda con esta serie. Resulta difícil juzgar con justicia una temporada con apenas cuatro episodios. Por que, sí, las tramas de los personajes principales avanzan, hay movimientos importantes en el tablero y nadie podrá decir que no pasan cosas; de hecho, el propio Condal ha salido al paso de las críticas por el ritmo en unas declaraciones en las que defiende que el equipo siempre tuvo un plan y que no piensa dejarse llevar por el ruido mediático.

Pero no tengo nada claro que la serie logre mantener a los fans de la saga, que episodio a episodio ha ido empeorando sus valoraciones por parte de los espectadores y viendo cómo su audiencia disminuye. Cuando el espectáculo bélico termina y vuelves a las salas del trono, a los pasillos y tabernas, esa sensación de estar dando vueltas para hacer tiempo regresa Ese es, creo, el verdadero talón de Aquiles de la propuesta, más que cualquier intérprete flojo o cualquier transición extraña: ¿sigue interesando La Casa del Dragón a sus fans? Comprendo que se mantiene un núcleo duro de aficionados dispuestos a llegar hasta el final de este viaje, ¿pero estarán satisfechos? Una serie puede permitirse ser lenta si sabes que cada paso te acerca a un lugar que te importa; lo que cuesta sostener es la lentitud sin una brújula visible.

La Casa del Dragón tiene un final claro, que es el del libro. Sin embargo, se acerca a ese momento dando tumbos y tomando extraños desvíos que no estoy seguro de que enriquezcan la historia más de la que la entorpecen. La serie presenta la guerra civil más espectacular que se ha visto en televisión, pero a ratos se olvida de contarte por qué deberías seguir viéndola. Y cuando el espectáculo bélico termina y vuelves a las salas del trono, a los pasillos y tabernas, esa sensación de estar dando vueltas para hacer tiempo regresa.

Con todo, yo sigo interesado en la serie, aunque cada vez con menos fe. Soy de esos fans que se han ido desenganchando poco a poco de la saga, de los que llegaron a vivir Poniente como un acontecimiento y hoy vuelven más por inercia que por deseo. Y eso que me encantó El Caballero de los Siete Reinos. Mi sospecha, después de estos cuatro episodios, es que La Casa del Dragón está estirando una historia de la que no se puede sacar tanto partido como nos prometen temporada tras temporada.

No es que no quede fuego en estos dragones; es que empiezo a estar convencido de que no hay suficiente relato original para justificar cuatro años de serie. Y, sin embargo, creo que mi sed de épica y dragones se impondrá al menos durante una temporada más a la pereza que me genera volver a Poniente. Tal vez sea más inercia que interés real. La Casa del Dragón me ha reconquistado con el inicio esta tercera temporada, pero creo que la segunda mitad de la temporada puede suponer un nuevo jarro de agua fría para mí interés por lo que queda de serie.

La tercera temporada de La Casa del Dragón se estrena el 22 de junio en HBO Max. ¿Y tú qué opinas? ¿Tienes ganas de ver esta nueva temporada de La Casa del Dragón o ya te has desconectado del todo? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.