En la mayoría de los casos, una herramienta es tan buena o mala como el uso que se le dé. Un martillo, por ejemplo, puede servir para decorar tu casa pero también para hacer daño a un vecino (algo que, para el propósito de este párrafo, consideraremos negativo). No son beneficiosas ni perjudiciales en sí mismas, sino elementos neutros que se perfeccionan o se pervierten con el uso. Y la estadística, como herramienta, no escapa a esa definición.
Su implementación y profesionalización han hecho mucho bien al baloncesto, pero tengo mis dudas con respecto a cómo de positivo ha sido su impacto en el discurso sobre el baloncesto. Porque no son pocos los casos en los que alguien con una tabla de números se siente legitimado para rebatir a quien ha absorbido horas y horas de juego apelando a un par de datos cuidadosamente filtrados. Y sí, si nos ponemos técnicos, algo de fundamento hay en esa visión. Al fin y al cabo, el frío dato es objetivo y no se ve afectado por sesgos personales, pero personalmente siempre he pensado que el buen analista es aquel usa la estadística como recurso para confirmar o explicar lo que le dice el ojo, que es quien manda.
Cuando dejamos que la cifra nos niegue lo que estamos viendo en la pista, quizás es que la estamos usando mal. Y construir un discurso en torno a esa cifra es peligroso. Porque ¿qué pasaría si os dijera que, según la estadística, el impacto ofensivo de Jalen Brunson en estas Finales ha sido como mínimo cuestionable? Entiendo que todos estamos en desacuerdo, pero lo cierto es que los Knicks tienen peor rating ofensivo con él que sin él, que su impacto en la calidad de los tiros generados es residual (+0,01), y que a nivel de acierto presenta un porcentaje de effective field-goals peor que el del resto de titulares.
Ha sido, según todos estos datos, ineficiente. JALEN BRUNSON (32.6 PPG, 42.1 FG%, 38.9 3P%) IS YOUR 2026 NBA FINALS MVP 🔥 The Captain, who led all players in scoring, put up 45 PTS in Game 5 (29 in 2H) to lead New York to its first NBA championship in 53 years! pic.twitter.com/R79uzW9i6e — NBA (@NBA) June 14, 2026 Y esa es una de las palabras de moda en cualquier análisis que se haga: eficiencia. Algo que, de nuevo, tiene su razón de ser pero que no debería centralizar todo el discurso porque entonces tal vez los árboles no nos dejen ver el bosque. Porque entonces empezamos a poner peros a unas Finales en las que Brunson ha estado excelso y en las que ha hecho siempre lo que los suyos necesitaban.
Lo cual incluye, en cierto modo, esa ineficiencia. Dictar qué pasa Existe desde siempre el tópico del jugador egoísta que juega para sí mismo, se lanza sus 30 tiros y 35 si le dejan, y se va al vestuario a mirar su hoja de estadísticas sin acordarse siquiera de cómo ha quedado el partido. Pocas veces se habla, sin embargo, de la otra cara de la moneda. De ese jugador que no querría tirar 30 tiros pero al que le corresponde hacerlo incluso cuando no le están entrando porque su equipo lo demanda.
Y en estas Finales, Jalen Brunson ha sido a ratos ese jugador. La estadística reconoce que un 5/10 es mejor que un 8/20, pero sacados de la hoja de Excel lo cierto es que esos 10 tiros de los que 7 no entran tienen una utilidad real. Marcan un tono, fuerzan una reacción. En el caso de jugadores tan talentosos que sabes que acabarán anotando tarde o temprano, la defensa siempre va a tener más miedo a un lanzamiento que a cualquier otra decisión que puedan tomar.
Y por eso incluso un tiro que no entra tiene el poder de forzar ajustes. No necesitamos irnos muy lejos para establecer una comparación. En la ronda anterior, el gran éxito de la defensa de San Antonio fue seguramente forzar un Shai Gilgeous-Alexander excesivamente pasivo . Uno que miró el aro mucho menos de lo habitual y que dejó que fuera la defensa rival la que dictara su partido en lugar de imponer él sus condiciones.
Y aunque hubo otros muchos factores que explican la caída de OKC, es difícil no tener ese en cuenta. Brunson, por el contrario, se ha empeñado en llevar la batuta de las Finales aun cuando la orquesta desafinaba. Ha ido encontrando el acierto con el avance de la serie, pero incluso al inicio, cuando cada canasta le costaba horrores, nunca bajó de los 25 intentos, cifra a la que Shai nunca llegó en las Finales del Oeste. Y eso trajo consigo bastantes más fallos y peores porcentajes.
Pero también significó que los Knicks jugaban a lo que querían y que la defensa tenía mucho más trabajo. Con un 42,1% el tiros de campo, Brunson se ha convertido en el MVP de las Finales con peores datos de acierto de los últimos 15 años, y sin embargo son muy pocos a los que me atrevería a colocar por encima en un ranking de los mejores FMVP de dicho periodo. Porque esos malos datos han llegado fruto de sus intentos de despertar a los Knicks cuando estaban en la lona, de obligar continuamente a trabajar a varios de los mejores defensores exteriores del mundo, de no pasar patatas calientes y forzarse a sí mismo a encontrar soluciones. Y a la hora de la verdad, todo eso son cosas que valen más que un numerito en una tabla.
Hay un partido del que me acuerdo recurrentemente desde el año pasado, y es el Game 5 entre Indiana y Cleveland en el que los Cavs caen eliminados con Donovan Mitchell firmando un 8/25. Y sin embargo, fue un 8/25 irreprochable, pues a base de puro empuje y obstinación estuvo a punto de remontar el choque a pesar de que no le entraban ni un tercio de los intentos. Sobre todo teniendo en cuenta que, con el resto dejándose llevar por el pánico, solo él parecía atreverse a fallar. Y es que en el baloncesto de playoffs, en ese en el que se siente sobre la pista todo lo que hay en juego, un solo hombre empeñado en tirar del carro incluso sin acierto puede realmente cambiar dinámicas.
Y si de algo ha ido esta serie, en la que los Spurs han contado con diferencias de dobles dígitos en cada encuentro, ha sido de cambiar dinámicas. Algo que Brunson ha hecho como nadie aceptando la ineficiencia como el precio a pagar. (Fotografía de portada: Brad Penner-Imagn Images)