La prohibición de redes sociales para menores de 16 años suena, en apariencia, como una medida muy necesaria para adolescentes y niños. Sin embargo, tiene una consecuencia mucho más amplia de la que pocos están hablando: para saber quién es menor, las plataformas tendrán que comprobar la edad de todos. Es decir, no hablamos de una simple prohibición por ser menor, es, a todas luces, una restricción de acceso a redes sociales para todo el mundo hasta que cada usuario demuestre que puede entrar. España ya ha anunciado su intención de prohibir el acceso a plataformas digitales a menores de 16 años.
Esto obligará a las plataformas a implementar sistemas de verificación de edad. La Moncloa presentó la medida en febrero de 2026 dentro de un paquete de gobernanza digital y protección de menores. Sin embargo, en este artículo no queremos debatir sobre si los menores necesitan más protección en Internet, porque la respuesta es obvia. La intención es poner en el aire otra pregunta: ¿queremos que el acceso a redes sociales dependa de identificarnos ante una plataforma, una app de verificación o un sistema del gobierno?
La prohibición no funciona si nadie comprueba la edad Una red social puede escribir en sus condiciones que no acepta menores de 16 años, pero eso no hace que los menores dejen de registrarse en ella. El problema no es nuevo. De hecho, redes sociales como Instagram, TikTok, YouTube, Snapchat o Facebook llevan años con límites de edad, y eso no ha impedido que millones de niños y adolescentes las utilicen. Por eso los gobiernos están pasando de la edad declarada a la edad verificada.
Australia es uno de los primeros países en aplicarlo y evitar que los menores de 16 años utilicen redes sociales. Además, su regulador lo ha dejado claro: no hay sanciones para los menores ni para sus padres, sino para las plataformas si no toman medidas razonables para impedir esas cuentas. Reino Unido ha sido una de las últimas en sumarse a estas medidas, con una entrada en vigor prevista para primavera de 2027. Esto afectará a aplicaciones como TikTok, Instagram, YouTube, Snapchat, Facebook o X, pero no a otras como WhatsApp y Signal.
Para proteger a los menores, se controla a todos El cambio más brusco es que, una norma pensada para proteger a los menores, va a terminar cambiando el sistema de acceso para todo el mundo, incluyendo a los adultos. Si una plataforma debe bloquear a menores de 16 años, necesita distinguir entre menores y adultos. Para esto, las opciones son variadas: usar una app de identidad digital, recurrir a estimación facial de edad, cruzar datos con terceros, tarjeta bancaria, operador móvil o sistemas de verificación externos. Todas esas opciones tienen un coste para la plataforma y algunas de ellas reducen al mínimo el anonimato de Internet.
Otras incluso crean nuevos intermediarios o añaden datos sensibles al proceso. Finalmente, las de estimación facial pueden ser falseadas con un simple bigote falso. El DNI como llave de Internet El escenario más polémico es el del DNI o documento oficial. No es que se vaya a obligar a usar este método, pero sí es cierto que es uno de los más fiables y que menos costaría a las empresas para tener una prueba de identidad.
Los sistemas pueden ser variados, pero cuando se quiere verificar al usuario de forma robusta se usa el DNI. Basta con haberse dado de alta online en algún banco o haber contratado algo por Internet, siempre hay que pasar un proceso de validación que incluye escanear el DNI e incluso fotografiarnos con él. Esto puede cambiar por completo la naturaleza de Internet. Hasta ahora podíamos abrir una cuenta en redes sociales con una dirección de correo electrónico, pero este nuevo modelo de verificación de edad cambiará los requisitos desde el mismo momento del registro.
La privacidad se convierte en el gran problema La verificación de edad no es un trámite neutro e implica tratar con datos personales. No hablamos de cualquier dato, se incluyen algunos tan sensibles como: edad, identidad, biometría, documento oficial, prueba de residencia o información de una cuenta de pago. Es cierto que hay personas que defienden que se pueden diseñar sistemas de verificación de edad que preserven la privacidad, pero la pregunta es si todos los proveedores destinarán los recursos necesarios para que eso suceda. Y en caso de suceder, quien auditará el sistema, cuánto tiempo se guardarán los datos y qué ocurre si hay una filtración.
En resumen: las nuevas prohibiciones para que los menores de 16 años queden excluidos de las redes sociales exigirán identificación. No tendremos que identificarnos por ser sospechoso de ser menor, tendremos que hacerlo para demostrar que no lo somos.