Aunque parezcan directores de mundos opuestos, que posiblemente lo son, los seguidores de Quentin Tarantino tienen motivos para estar realmente agradecidos a Pedro Almodóvar. Es verdad que Sergio Leone o Martin Scorsese, por mencionar dos nombres, suelen ser las influencias más directas que vemos en su filmografía, pero sin el de Calzada de Calatrava el director de Pulp Fiction se hubiera quedado sin otro referente en su carrera, uno que le hizo decir: "quiero hacer esto". No es algo que sea fruto de la especulación por nuestra parte, sino una verdad que Tarantino no dudó en poner sobre la mesa en más de una ocasión, y que ha demostrado incluso con hechos. Por ejemplo, La mala educación abrió el Festival de Cine de Cannes de 2004 que él presidía.
Pero sus declaraciones a lo largo de varias décadas son tan contundentes que ignorarlas y no darle visibilidad en este tema sería un error. Así, en una entrevista para Vulture en 2015 recuperada recientemente por Fotogramas, cuando le preguntaron si había algún cineasta que no recibiera suficiente respeto, no dudó en citarle antes que a cualquier otra persona: "Me duele reconocerlo, pero cuando la gente en Estados Unidos se pone a hablar de los grandes autores que son directores y guionistas a la vez, no hablan lo suficiente de Almodóvar. (...) Es un director fantástico. Sus guiones son maravillosos y es una apuesta segura. Y tiene un estilo tan específico... pero, a diferencia de muchos de esos directores de cine de autor tan particulares de los que te acabas cansando, como Wong Kar-wai, de Almodóvar nunca te cansas.
Porque por mucho que tenga esos elementos tan reconocibles, nunca da la impresión de ser la misma peli una y otra vez". Cómo una peli española le cambió la vida a Tarantino Pero hay más. Quizás no lo sepas, pero a mediados de los 80, antes de su debut tras las cámaras, trabajó en un videoclub. Podría decirse que se ganaba la vida con ello, como tantas otras anécdotas de estrellas de Hollywood de las que nos hemos hecho eco alguna vez, pero para él fue algo más: una auténtica escuela de cine.
Gozó de un acceso prácticamente ilimitado a un catálogo inmenso de películas y también habló mucho de cine tanto con sus compañeros como con cientos de clientes. Fue en ese contexto tan propicio donde Pedro Almodóvar entró en su vida e influyó en su mirada, en su ambición para hacer cine: "Pedro Almodóvar sacó Matador, una película con Antonio Banderas bastante divertida en la que nada más empezar podías ver a un tío sentado en una silla en el salón de su casa, con los pantalones bajados hasta los tobillos dándole. (...) Y con lo que se la está haciendo es con las escenas más sangrientas y violentas de películas slasher. ¡Y eso solo eran los créditos! En Estados Unidos no había absolutamente nada parecido. Te quedabas en plan: 'Madre mía, es lo más salvaje que he visto en mi vida, tío.
Es increíble'". "Hice lo que quise hacer, y al hacer lo que quise hacer, cambiamos los 90. De repente, salieron todas estas pelis salvajes" Y me acuerdo de estar sentado en el videoclub y decir: "Yo quiero hacer movidas como estas". Uno de mis colegas me dijo que no me iban a dejar. Mi respuesta fue: ¿Quiénes son ellos para decirme lo que puedo y no puedo hacer? ¿Lo que puedo o no puedo hacer?
Nunca dejé que ellos me detuvieran. Hice lo que quise hacer, y al hacer lo que quise hacer, cambiamos los 90". "Los 90 dejaron de ser políticamente correctos y, de repente, como en un solo año, empezaron a salir Reservoir Dogs, El Mariachi, Ocurrió cerca de su casa (Man Bites Dog), Amor a quemarropa (Romeo Is Bleeding)... Quiero decir, empezaron a salir todas estas películas salvajes, ya sabes, salvajes, irónicas y violentas que simplemente no existían en 1988 o 1989", agregó Tarantino. En resumen, Almodóvar le hizo confiar un poco más en su visión y no renunció a ella, dejándonos grandes imprescindibles.
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