Estos días marcan el aniversario de la agresión del Régimen Sionista y de los Estados Unidos contr a suelo iraní, la cual tuvo lugar el 13 de junio de 2026. Honramos la memoria de todos los queridos mártires iraníes y no olvidamos los atroces crímenes cometidos por el Régimen Sionista y los Estados Unidos contra el pueblo iraní durante los 12 días de la primera guerra y los 40 días de la segunda guerra. No olvidamos que, durante estos dos ataques agresivos e ilegales, perdimos al Líder Supremo de Irán, a numerosos funcionarios del Estado y a un gran número de civiles iraníes. Ellos atacaron las instalaciones nucleares pacíficas de Irán, las cuales se encontraban bajo la plena supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica; destruyeron cientos de miles de viviendas; lanzaron misiles contra infraestructuras industriales y de transporte, universidades y centros científicos y educativos, y, desafortunadamente, no mostraron piedad ni siquiera con los clubes deportivos y las escuelas.
Un claro ejemplo de ello fue el ataque contra la Escuela Primaria de Minab y la muerte de 168 estudiantes inocentes durante el primer día del segundo ataque. Desafortunadamente, la comunidad internacional, y en particular las Naciones Unidas y sus órganos ejecutivos, como la Junta de Gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica , no superaron esta prueba y no cumplieron con sus responsabilidades frente a esta flagrante agresión y esta acción ilegal perpetrada por los Estados Unidos y el Régimen Sionista mediante su ataque no provocado y temerario contra Irán. Durante este periodo, el mundo fue testigo de que Irán, apoyándose en sus propios recursos y capacidades internas, salió victorioso en cuatro ámbitos: la lucha militar, la presencia y resistencia popular , la diplomacia y el servicio al pueblo. El pueblo iraní demostró claramente que no escatimaría esfuerzos en la defensa de la nación iraní y en la salvaguarda de su dignidad nacional, independencia y soberanía.
La heroica resistencia, la dignidad y el orgullo de la gran nación iraní frente a la reciente guerra desigual recibieron más atención y admiración mundial que cualquier otro aspecto de este conflicto. Hemos sido testigos de importantes acontecimientos durante las últimas 24 horas. La finalización del memorándum de entendimiento entre Irán y los Estados Unidos para poner fin a la guerra impuesta por los Estados Unidos y el Régimen Sionista contra Irán en todos los frentes, incluido el Líbano , constituyó un acontecimiento de gran importancia, fruto de la legendaria resistencia del pueblo iraní frente a la agresión y los crímenes de quienes contaban con todos los recursos materiales a su disposición. Tras muchos altibajos, durante los cuales la otra parte llamó a la "rendición incondicional" y a la destrucción de la "civilización iraní", buscó destruir toda la infraestructura de Irán y se refirió a la nación iraní en los peores términos, hoy hemos llegado a un punto en el que se ha concretado un entendimiento para poner fin a la guerra en todos los frentes.
Esto fue simplemente un paso; un paso hacia la reducción de las tensiones y hacia el fin de una guerra que perjudicó a nuestra región, causó grandes daños a la nación iraní y trajo cuantiosas pérdidas y la derrota a los iniciadores de esta agresión. La prolongada hostilidad de la élite gobernante estadounidense hacia el pueblo iraní, que comenzó en 1953 e incluso antes, y que ha continuado hasta el día de hoy, ha generado una profunda desconfianza del pueblo iraní hacia la élite gobernante de Estados Unidos. Por lo tanto, es evidente que Estados Unidos tiene todavía un largo camino por recorrer para ganarse la confianza de los iraníes. Hoy, la atención se centra en lo s pasos políticos y diplomáticos que traerá la próxima fase.
Pasos que fortalecerán la estabilidad y respaldarán los caminos del entendimiento. La República Islámica de Irán siempre ha creído que la paz encierra amplios horizontes para la cooperación, la asociación y el desarrollo, y brinda a la región una nueva oportunidad para dedicarse a proyectos futuros, programas de desarrollo e iniciativas de bienestar. Sin embargo, mientras hoy han aumentado las esperanzas de un futuro más estable, surge aquí la pregunta más importante: ¿Está la región más cerca que nunca del tan esperado momento de la paz? ¿Permitirá realmente Estados Unidos, esta vez, que Oriente Medio conozca la paz, la tranquilidad y la estabilidad? ¿O pretende vender una vez más a la región otro engaño bajo el lema de la "creación de paz y estabilidad", impulsado por su espíritu imperialista? ¿Tiene Estados Unidos la voluntad de abrir esta vez el camino hacia el entendimiento y el acuerdo, o, como ocurrió en dos ocasiones anteriores, pretende utilizar la mesa de negociaciones como una herramienta para atacar nuevamente a Irán? La próxima etapa, por lo tanto, requiere un amplio respaldo internacional y regional para sostener este camino, aumentar sus posibilidades de éxito y convertir los entendimientos alcanzados en una realidad duradera que tenga un impacto positivo en la seguridad y la prosperidad de la región y del mundo.
Además, el éxito de estos esfuerzos ofrece un modelo importante que destaca el valor del diálogo, fortalece el papel de la diplomacia en la solución de las crisis y brinda a los pueblos de la región y del mundo la oportunidad de mirar hacia un horizonte marcado por el desarrollo, la estabilidad y la cooperación. La paz es un valor político y humanitario vinculado al futuro de las naciones y a sus aspiraciones de desarrollo, prosperidad y estabilidad. También permite a los países concentrarse más en planes económicos, proyectos de desarrollo e iniciativas de inversión que impulsan el crecimiento, mejoran la calidad de vida de sus pueblos y promueven el comercio, el turismo y la cooperación internacional. Pero todos estos buenos deseos nos conducen nuevamente a una pregunta clave: ¿Está Estados Unidos , esta vez, realmente dispuesto a dar a los pueblos de Oriente Medio y del resto del mundo la oportunidad de experimentar un período de paz, estabilidad y tranquilidad?
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