Hoy en día, un juego triple A (no muy bien optimizado, por cierto) puede superar ampliamente los 100 GB de almacenamiento. Baldur's Gate 3 en PC exige 148,13 GB libres en el disco duro, mientras que ARK: Survival Evolved puede superar los 200 GB si sumamos todos sus contenidos. No obstante, hace 30 años, las tarjetas de memoria externas de la primera PlayStation apenas alcanzaban los 128 KB de capacidad, algo que en pleno 2026 no solo es ridículo, sino que hablamos de una cantidad de almacenamiento que ni siquiera bastaría —como ironiza la propia comunidad— para guardar "un dedo de Kratos". Si echamos un vistazo al pasado del almacenamiento, los centenares de gigas que tenemos hoy en día se podían conseguir, sí, pero sumando miles de dispositivos para alcanzarlos.
Durante la quinta generación de consolas, el almacenamiento interno era un sueño y una promesa de futuro. Si bien consolas como la Sega Saturn contaban con algo más cercano al concepto de "almacenamiento interno", eran apenas 32 KB de memoria SRAM, que necesitaban energía constante para no borrarse. En el caso de Nintendo, la compañía delegó el almacenamiento en sus cartuchos, mientras que el resto dependía de los CD, que albergaban la totalidad del juego en cuestión. Volviendo a la PlayStation original, los japoneses vendieron de forma adicional las famosísimas Memory Card, tarjetas de memoria intercambiables EEPROM de 128 KB (1 megabit), donde era matemáticamente imposible almacenar texturas, vídeos, voces o archivos de instalación.
Lo único que se guardaba en ellas eran líneas de código con variables numéricas y texto; básicamente, archivos de guardado. Sin embargo, aunque estas memorias imponían un dilema para los jugadores, el apego emocional que vivimos todos los que tuvimos una en nuestras manos era obvio: ahí se guardaban nuestras horas de juego, nuestro momento de ocio en la palma de la mano. Por eso, y a raíz de una publicación en Reddit sobre las Memory Card, ha revivido una nostalgia de una época que los jugadores más jóvenes no han vivido. "Esta es la Memory Card de mi infancia, ahora guarda recuerdos", titulaba el usuario. "Esta cosa me trae muchísimos buenos recuerdos. Jugando a Resident Evil 1 y Twisted Metal en la habitación de mi hermano pequeño.
Gané una PS1 en los 90 llamando al número que venía en la parte trasera de una caja de Ritz Bitz, y venía con esta genial tarjeta de memoria. Lo busqué en Google y almacenaba 15 bloques, o unos 128 KB. Tiempos más simples”. Y es que, como decíamos, a pesar de su extrema sencillez técnica, su misión era vital: congelar el progreso del usuario para evitar la tragedia de tener que reiniciar nuestro progreso en Tomb Raider, Gran Turismo o Final Fantasy VII cada vez que se apagaba la consola.
De hecho, en aquel entonces, la inmensa mayoría de los títulos, como Gran Turismo, se conformaba con un solo bloque, equivalente a unos escasos 8 KB, por lo que, si hacemos las cuentas, podías guardar partidas de 15 juegos diferentes en una sola Memory Card. Aun así, había juegos llamados "glotones", proyectos que no se limitaban a un solo bloque. Por ejemplo, el primer Diablo aterrizó en PS1 en 1998 y su maravilla técnica venía con sacrificios y un poco de trampa: el juego base requería 10 bloques para guardar el estado del "mundo" y luego 1 bloque extra por cada personaje que crearas. Otros, como Discworld, tenían tantos escenarios, puzles abiertos a la vez e ítems que meter en los bolsillos del protagonista que su archivo se expandía habitualmente hasta ocupar 12 bloques.
La pregunta es: ¿cabría un dedo del Kratos actual en una Memory Card? Así, y viajando al presente, el volumen de los archivos de guardado también ha sufrido una inflación. En PS5 y Xbox Series X|S no es extraño que las partidas generen archivos individuales que oscilan entre los 300 MB y los 500 MB debido a la enorme cantidad de puntos de control automáticos y a la complejidad de los mundos abiertos, cuando se da el caso. Por eso, en perspectiva, los 128 KB de la tarjeta de 1994 equivalen a apenas 0,125 MB; una cifra diez veces menor que la capacidad de un disquete de 3,5" de la época (1,44 MB), tan infinitamente ridícula que, teniendo en cuenta los casi 90 GB de God of War: Ragnarök y los estándares de compresión y desarrollo en la industria actual, la textura del dedo de Kratos podría ocupar en torno a 3.200 KB.
Así, necesitarías unas 26 tarjetas de memoria de la PlayStation 1 conectadas en fila solo para poder almacenar los archivos de imagen que le dan color, relieve y realismo a un único dedo. Vía | JeuxVideo