El crecimiento salarial negociado en la zona euro parece estar ralentizándose tal y como se había previsto, según mostraron los datos del BCE, lo que supone un alivio para los responsables políticos, ya que el repunte de la inflación provocado por la guerra en Irán no ha desencadenado una nueva ronda de reivindicaciones salariales. El crecimiento salarial negociado en la zona euro parece estar ralentizándose tal y como se había previsto, según mostraron ayer 17 de junio, los datos del Banco Central Europeo (BCE), lo que supone un alivio para los responsables políticos, ya que el repunte de la inflación provocado por la guerra en Irán no ha desencadenado una nueva ronda de reivindicaciones salariales. El BCE teme que los trabajadores exijan una compensación por la rápida inflación, al igual que ocurrió en el 2022, lo que desencadenaría un ciclo que se refuerza a sí mismo y que solo puede frenarse mediante un aumento de los costos de financiamiento. Sin embargo, el propio indicador salarial del BCE, que incluye datos hasta finales de mayo, no se ha revisado e indica un crecimiento salarial negociado de alrededor de 2.6% para finales del 2026, por debajo de 3.2% del año pasado.
La serie de datos, que incluye los pagos puntuales sin suavizar, muestra un crecimiento salarial para todo el 2026 de 2.6%, frente a 3.0% del año anterior, según ha señalado el BCE, que lleva tiempo defendiendo que un crecimiento salarial entre 2.0 y 3.0% es compatible con su objetivo de inflación de 2.0 por ciento. Aunque solo son una pieza del rompecabezas de la inflación, estos datos podrían aliviar la presión sobre los responsables políticos para que vuelvan a subir rápidamente las tasas de interés. El BCE elevó su tasa de referencia a 2.25% la semana pasada, después de que la inflación superara 3.0%, principalmente para evitar que aumentaran las expectativas, y los responsables políticos debaten ahora si es necesario un nuevo aumento.