Las imágenes por satélite de la Gigafábrica de Texas, un monstruo industrial donde caben 100 campos de fútbol

Las imágenes por satélite de la Gigafábrica de Texas, un monstruo industrial donde caben 100 campos de fútbol

Junto al río Colorado, en una superficie de terreno de varias hectáreas que llevaba años en el asco más absoluto, en 2003 empezó a construirse una fábrica que, 23 años después, es un gigante de 1.000 hectáreas que ya es más grande que un pueblo. Es la Gigafactory de Tesla, en Texas, y el mastodóntico proyecto se ha convertido en un gigante que ya es visible desde el espacio. Con un edificio principal de 1,2 kilómetros de largo por 365 metros de ancho, el equivalente a 100 campos de fútbol, la estructura tiene 929.000 metros cuadrados y, si se colocase en vertical, sería más alto que el Burj Khalifa. Es tan grande que sus empleados deben desplazarse en bicicletas y carritos de golf para no perder 30 minutos cada vez que acuden a la otra punta de la fábrica.

Elon Musk quiere más Gracias al satélite Sentinel 2 de la Agencia Espacial Europea, dedicado a cartografiar los cambios que se producen en el medio ambiente, las imágenes satelitales permiten ver cómo la palabra Tesla puede leerse desde el espacio gracias a los paneles solares que se han colocado en el techo. La fábrica, que además de dar forma a los vehículos de la marca también se encarga de refinar el litio y fabricar las celdas de combustible, hace casi todo lo necesario para que los coches puedan construirse desde cero sin tener que recurrir a otras empresas o comercios internacionales. Lo que ya de por sí es un gigante de cemento no pretende quedarse ahí. El plan de Elon Musk es seguir construyendo para que la Gigafactory de Tesla no sólo gane en centros de investigación o incluso una fábrica para sus propios microchips, sino también un centro residencial que sumará parques, carriles bicis y humedales que permitan el crecimiento de la vida silvestre.

La Gigafactory de Tesla es el ejemplo perfecto del urbanismo de esta nueva era. Ciudades que crecen alrededor de fábricas muy concretas que se desplazaron allí buscando terrenos baratos y que ahora, gracias a su expansión, han hecho que el suelo que le rodea se encarezca de forma brutal. Si antes eran las grandes ciudades las que motivaban ese impacto, arrastrando a la gente y las empresas hasta allí, el precio del suelo ha empujado al urbanismo en la dirección contraria y, de rebote, quienes vivían allí a un precio irrisorio son los que han tenido que marcharse para poder mantener su nivel de vida.