Otra cara del Mundial: México conquista corazones, EEUU enfrenta críticas

Otra cara del Mundial: México conquista corazones, EEUU enfrenta críticas

Por MOHAMMAD REZA GILANI Y en esa competencia paralela, México parece haber tomado la delantera. Mientras diversos medios internacionales han dedicado titulares a las dificultades migratorias registradas en Estados Unidos —incluyendo restricciones de visado, problemas de ingreso para aficionados y cuestionamientos por el trato recibido por algunos árbitros y miembros de delegaciones deportivas—, la imagen que emerge desde México es muy distinta: calles llenas de aficionados de todas las nacionalidades, celebraciones espontáneas, hospitalidad y un ambiente festivo que recuerda la esencia más auténtica de una Copa del Mundo. No se trata únicamente de una percepción local. Medios de comunicación de distintos países han destacado la calidez con la que México ha recibido a visitantes y selecciones.

Desde Ciudad de México hasta Guadalajara, Monterrey y Tijuana —esta última no es ciudad anfitrión del mundial, pero hospeda a la Selección Nacional de Irán que juega en Estados Unidos— miles de aficionados han encontrado algo más que sedes mundialistas: han encontrado una bienvenida. La diferencia es significativa porque el Mundial siempre ha representado mucho más que un torneo deportivo. Es un encuentro entre culturas, una oportunidad para derribar barreras y demostrar que el fútbol puede unir a personas de orígenes, idiomas y creencias distintas. Cuando un aficionado siente incertidumbre al cruzar una frontera, cuando un árbitro designado para el torneo no puede ingresar al país anfitrión o cuando miembros de una delegación enfrentan obstáculos burocráticos inesperados, inevitablemente surge una pregunta: ¿se está preservando el espíritu universal de la Copa del Mundo?

México ha respondido a esa pregunta de otra manera. Con música en las plazas, con aficionados compartiendo una mesa sin importar la camiseta que vistan, con voluntarios, comerciantes y ciudadanos que han convertido el Mundial en una celebración colectiva. Quizás por eso las imágenes que más circulan en redes sociales no son únicamente goles o jugadas espectaculares. Son escenas de convivencia: mexicanos abrazando a visitantes extranjeros, aficionados de distintos continentes cantando juntos y ciudades enteras transformadas en espacios de encuentro.

La infraestructura es importante. Los estadios son importantes. La seguridad también lo es. Pero la historia demuestra que los grandes anfitriones son recordados por algo más profundo: la capacidad de hacer sentir bienvenido al mundo.

Apenas comienza el Mundial 2026, pero hay una conclusión que ya parece evidente. Más allá de los resultados en la cancha, México está ganando uno de los partidos más importantes del torneo: el de la hospitalidad. Y esa es una victoria que no aparece en el marcador, pero que permanece en la memoria mucho después del pitazo final.