Los veranos en España ponen siempre a prueba nuestra resistencia, pero también la de los dispositivos que conviven con nosotros. Móviles, consolas, televisores… todos echan humo, metafóricamente hablando, durante los meses de calor. No es raro que, tras unos minutos de exposición directa al sol o al exigirle un rendimiento extra a la cámara, la pantalla se congele y muestre un temido mensaje de advertencia: «Temperatura alta: el dispositivo debe enfriarse». Cuando esto sucede, lo mejor es reaccionar sabiendo qué hacer y qué no, sobre todo si quieres preservar los componentes internos de tu dispositivo.
Hay un protocolo que seguir para el terminal recupere una temperatura adecuada sin problemas. Consecuencias del calor A diferencia de los ordenadores, los teléfonos móviles no tienen ventiladores internos que disipen el calor, por lo que dependen exclusivamente de la disipación pasiva a través de su chasis de aluminio o cristal. Cuando la temperatura ambiental supera los 35 grados, esta capacidad de refrigeración natural se reduce a cero. El componente que más sufre en este escenario es la batería de iones de litio.
Y en este sentido, el calor extremo acelera la degradación química de las celdas de energía de manera irreversible. Para evitar que esto suceda, al alcanzar temperaturas por encima de los 45 grados, el procesador del smartphone activa por seguridad un mecanismo de defensa que reduce la velocidad del chip al mínimo, atenúa el brillo de la pantalla y detiene la carga para evitar un colapso mayor o, en casos extremos, una perforación de la batería por hinchamiento. Nunca hagas esto Cuando el teléfono se bloquea por sobrecalentamiento, el usuario suele buscar soluciones rápidas, pero no hay que dejarse guiar por la desesperación. Por eso, en estos casos, abrir TikTok y probar el truco viral que te guardaste, probablemente no sea la mejor opción, y mande tu dispositivo directamente al servicio técnico: El peor error que se puede cometer con un dispositivo caliente es intentar enfriarlo aplicando frío extremo de golpe, una práctica muy habitual que desencadena un proceso letal de condensación interna.
Al meter el teléfono en la nevera o en el congelador, es tal el contraste térmico que convierte la humedad del aire atrapada de forma natural dentro del chasis en microgotas de agua líquida. En consecuencia, esta humedad interna se deposita directamente sobre los componentes de la placa base, sulfatando los conectores y provocando un cortocircuito inminente que destruirá el teléfono por dentro, lo que además hará que cualquier garantía oficial deje de ser válida en ese mismo instante, por daños de agua. De igual forma, dejar el móvil pegado a la rejilla del aire acondicionado del coche mientras se usa como GPS bajo el sol veraniego genera un efecto de choque térmico similar en el cristal de la pantalla, debilitando el sellado resistente al agua y al polvo. Cómo enfriarlo Si tu dispositivo ya ha lanzado el aviso de emergencia por calor, debes tratar de reducir su temperatura poco a poco hasta devolverlo a un rango óptimo, que suele situarse, idealmente, entre los 0 y los 35 grados.
El primer paso es quitar la funda o carcasa de inmediato. El plástico, la silicona y el cuero actúan como aislantes térmicos, reteniendo el calor residual en la parte trasera e impidiendo que el chasis de aluminio disipe la energía hacia el exterior. Acto seguido, se debe apagar el terminal por completo, ya que mantenerlo encendido, aunque sea en reposo, implica que el procesador y los módulos de conectividad sigan generando energía calorífica. Por último, tras trasladar el teléfono a un lugar a la sombra y fresco (nunca sobre superficies calientes como el capó de un coche o la arena de la playa), se debe evitar conectarlo a una batería externa o cargador.
El proceso de carga es una reacción química que eleva la temperatura por sí misma, por lo que forzar al sistema a recibir energía estando ya de por sí a altas temperaturas, puede degradar la vida útil de la batería un 20 % en cuestión de minutos.