El primer año de Switch 2 no ha tenido ni un Breath of the Wild ni un Mario Odyssey, pero es la única consola que tiene un plan claro

El primer año de Switch 2 no ha tenido ni un Breath of the Wild ni un Mario Odyssey, pero es la única consola que tiene un plan claro

Se cumple el primer año de Nintendo Switch 2. Una muestra pequeña, pero la primera que podemos medir y comparar con su exitosa antecesora para ver cómo está evolucionando la máquina de Nintendo en un mercado tan convulso como el actual. Ha habido unos cuantos cambios en el camino, sobre todo en tema de precios, pero creo que al final los juegos marcan la pauta . Así que lo mejor es comenzar con un listado del catálogo principal (y de exclusivos) de ambas máquinas: | JUEGOS DESTACADOS NINTENDO SWITCH AÑO 1 | JUEGOS DESTACADOS DE NINTENDO SWITCH 2 AÑO 1 | |---|---| | 1-2-Switch | Mario Kart World | | Fast RMX | Nintendo Switch 2 Welcome Tour | | Snipperclips: ¡A recortar en compañía! | Fast Fusion | | Super Bomberman R | Donkey Kong Bananza | | The Legend of Zelda: Breath of the Wild | Drag x Drive | | Mario Kart 8 Deluxe | Hyrule Warriors: Age of Imprisonment | | ARMS | Kirby Air Riders | | Splatoon 2 | Mario Tennis Fever | | Mario + Rabbids Kingdom Battle | Pokémon Pokopia | | Pokkén Tournament DX | Yoshi and the Mysterious Book | | Fire Emblem Warriors | Star Fox | | Super Mario Odyssey | | | Xenoblade Chronicles 2 | Un goteo constante Hay que admitir una cosa.

Es muy difícil competir con la primera Nintendo Switch porque el cambio de paradigma de la máquina supuso una sorpresa que Switch 2 no puede repetir. Pero es que además se juntaron los astros para poder lanzar un Zelda y un Mario principales el mismo año. Y no cualesquiera, sino ambas entregas de las más importantes de su historia. Hasta entró un Xenoblade Chronicles 2 en el año de lanzamiento.

Hay trampa, claro, ya que ese Zelda iba a ser (y fue también) el colofón final de Wii U. Y este es el primer argumento: en Nintendo, el lanzamiento de la máquina no influye tanto en el ritmo de estreno de los juegos. Estos llegan siempre cuando tienen que llegar, por lo que a veces el calendario cuadra mejor o peor. Switch 1, por ejemplo, no tuvo un Mario Kart completamente suyo, por lo que aprovechó las bajas ventas de Wii U para transformar y hacer crecer ese Mario Kart 8 Deluxe, mientras que para Switch 2, World fue el auténtico protagonista del catálogo.

Sin embargo, hay que reconocer que, desde entonces, el catálogo ha sido de esos en los que, dependiendo de tus gustos, hemos disfrutado más o menos. Donkey Kong Bananza ha sido la estrella del primer año. Un juego creado por el equipo principal encargado de los Mario y se nota, llevando de nuevo al gorila al plataformas tridimensional en el que no lo veíamos desde los tiempos de la Nintendo 64 y que se había mantenido en su zona de confort con los Country de desplazamiento lateral. Eso sí, para algunos, por muy bueno que sea Bananza, sigue sin ser un Mario.

El lanzamiento más curioso probablemente fue ese Kirby Air Riders, un juego que quizá no llegó en el mejor momento porque, aunque sea su propia cosa, a ojos externos sigue pareciendo un racer competitivo como Mario Kart. Tras Bananza llegó el esperado Metroid Prime 4: Beyond, un juego intergeneracional (de tanto que se retrasó y reinició) que, como os comenté en el análisis, me dejó algo frío y no supuso, al menos para mí, el retorno soñado a la saga que esperaba. Eso hizo que esta primera mitad de año transcurriese algo más tranquila de lo que se esperaba y no fuera hasta el presente 2026 cuando la consola empezase a ganar impulso por el goteo constante. Aunque un Mario Tennis entra bien, no fue hasta la llegada de Pokémon Pokopia que las aguas se removieron de verdad.

La fórmula de meter a los Pokémon en un simulador de granja sin duda convenció a la comunidad. Recientemente, se han incorporado a ese goteo Yoshi and the Mysterious Book, en su línea de juego sencillo pero precioso, y aunque técnicamente fuera del primer año, merece la pena incluir al inminente Star Fox y su visión del clásico renovado. En definitiva, no se puede decir que el primer año no haya tenido un catálogo interesante, y con juegos brillantes como Mario Kart World o Bananza, aunque dependiendo de tus gustos todavía puedes sentir que falta ese juego que define una generación, como lo fueron Breath of the Wild o Mario Odyssey. Lo interesante es que, a veces, un constante goteo de buenos juegos es mejor que un bombazo histórico, y tener en el horizonte cercano cosas como Fire Emblem: Fortune's Weave o el remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time hace que no lo echemos de menos.

Una máquina de tacto premium... con los temores de siempre Vale. Juegos cubiertos. Pero, ¿qué hay de la máquina en sí? Yo tengo que destacar una cosa: si algo noto al coger Switch 2 inmediatamente después de la Switch 1, es el diseño.

Esta consola se siente algo premium. Sin inmediatamente sujeto la anterior, me parece casi un juguete de plástico. La calidad de los materiales y de la pantalla es muy superior incluso con sus problemas, como no tener esa calidad OLED del modelo mejorado de su antecesora. Pero no hay duda de que la sensación al tacto y el tamaño de 8.8 pulgadas ha sido un completo acierto.

Sostener esta consola se siente como algo premium gracias a la calidad de sus materiales. ¿Lo que ha sido menos acierto? Los precios de los juegos. El encarecimiento de la nueva generación sumado a que Nintendo no hace demasiadas ofertas a no ser que el juego flaquee en ventas (como ha ocurrido un poco con Metroid 4) ha terminado por hacer que te pienses mucho qué comprar y qué no. Mi miedo es que esta situación favorezca un ecosistema aún más conservador del que ya suele tener Nintendo, en el que se favorezcan sus franquicias principales por ir a lo seguro, y se planteen más dudas con las ideas o licencias nuevas.

Otros aspectos a considerar son la batería y las funciones promocionadas en su lanzamiento, como el modo ratón y el GameChat + cámara. En cuanto a la batería, las cosas no han cambiado. Pese al tamaño extra de la máquina, la duración sigue siendo algo escasa en juegos demandantes pese a que el TDP de Switch 2 suele ser muy bajo, mucho más que una consola portátil PC. Es el precio de mantener un hardware más fino y ligero, supongo.

En cuanto a las funciones, Nintendo está intentando promocionarlas, como ocurrió con el ratón en Metroid Prime 4 Beyond o el GameChat junto a la cámara en Mario Kart World y el nuevo Star Fox, pero todo se sigue sintiendo como un gimmick muy situacional que no termina de ser del todo necesario. Y he sido muy defensor de ese modo ratón, que además permite añadir un dispositivo convencional y no tener que usar el joy-con, pero el problema es que la naturaleza de la máquina es la portabilidad y no estar conectada a un monitor con un escritorio donde reposar la mano. Por cierto, hablando de los joy-con, seguimos temblando con la posibilidad de que el temido drift nos obligue a lidiar con el servicio técnico o volver a gastar una considerable suma en un mando que, además, no vende cada joy-con por separado. La negativa de usar sensores magnéticos, incluso tras haber acumulado demandas colectivas, es preocupante.

Nintendo asegura que la calidad de los nuevos mandos es mucho mejor y, por tanto, la incidencia será menor, pero es algo que no podremos saber hasta pasados unos cuantos años. El empuje de las third-parties y un futuro prometedor Por último, volvemos a los juegos; concretamente a los indies y third-parties. Claramente Switch 1 se benefició de los primeros mientras que tuvo algunos problemas con los segundos. Un indie poco demandante era una delicia para la máquina, que se movía como pez en el agua con estos juegos, aunque la llegada de tanta competencia portátil en los últimos años creo que ha restado glamour a esta alternativa.

Yo, que me compré de nuevo varios juegos que tenía en Steam para jugarlos de forma portátil, con las nuevas máquinas tipo Steam Deck ya no he vuelto a ejecutar apenas juegos de esta índole en Nintendo. En cambio, sí veo que Nintendo ha preparado su máquina para poder mover prácticamente cualquier juego disponible en otras consolas. Buenas pruebas de ello son la llegada de Cyberpunk 2077 con el estreno de la consola o el reciente Final Fantasy VII: Rebirth que, aunque roza el límite, se juega perfectamente en ella; ambos demuestran que, si hay interés, se puede portar cualquier cosa a Switch 2 . Nintendo sigue siendo Nintendo y apostar por ella es apostar sobre seguro Ya solo queda hacer balance y cuenta nueva.

No creo que recuerde el primer año de Switch 2 con tanto cariño como el primero de Switch 1, sinceramente. Pero porque es imposible; se juntaron demasiadas cosas la pasada generación que salieron bien: Zelda y Mario históricos y un hardware revolucionario. Pero eso no significa que no haya sido un año decente. Aun así, creo que el próximo segmento, de junio de 2026 a junio de 2027, lo va a ser aún más.

Claramente con Fire Emblem me tienen ganado, y ese remake de Ocarina of Time hará mucho también, pero visto el conservador Nintendo Direct que nos ha dejado este mes, tengo más la sensación de que Nintendo se está guardando unas cuantas sorpresas para el año que viene. No, no serán de la talla de un Zelda o un Mario, pero ya tenemos programado ese nuevo Xenoblade Genesis y The Duskbloods, lo nuevo de FromSoftware, y todavía pueden caer anuncios como Luigi's Mansion 4 o un Metroid en 2D, ya que habrían pasado ocho y seis años respectivamente desde sus anteriores entregas. Y mi conclusión es esta: Nintendo va lenta pero segura. En la generación más convulsa de la historia, donde una Sony admite a sus accionistas que no sabe exactamente cuál es el mejor paso a seguir para su siguiente generación por los cambios de tendencias y el encarecimiento de los componentes, y una Microsoft que nos ha dejado un reguero de noticias desafortunadas tras un showcase decente, Nintendo sigue siendo Nintendo y apostar por ella es apostar sobre seguro.

Eso significa, ojo, que también es apostar por menos innovación y nombres nuevos, pero su tranquila constancia y sus estándares de calidad siguen siendo el sello de una identidad que ni todos los tumultos tecnológicos actuales es capaz de alterar.