El resbalón real que James Cameron se negó a borrar en 'Mentiras Arriesgadas' y que provocó el enfado de Jamie Lee Curtis

El resbalón real que James Cameron se negó a borrar en 'Mentiras Arriesgadas' y que provocó el enfado de Jamie Lee Curtis

Hay un dicho en la industria del cine que pide que no minusvalores a James Cameron . Y con razón: incluso su único fracaso, Abyss , dio dinero, y es el primer director de la historia que superó los 100 millones de dólares de presupuesto en Mentiras Arriesgadas . La parte buena es que los recuperó con creces, sumando 378,9 millones en la taquilla y confirmando que gastar mucho dinero puede dar lugar también a ganarlo ... aunque lo que más se quede en la memoria de la gente no sean, precisamente, las escenas de acción. Mentiras arriesgadas Fecha de estreno 2 de septiembre de 1994 | 2h 24min Dirigida por James Cameron Con Arnold Schwarzenegger , Jamie Lee Curtis , Bill Paxton Medios 3,6 Usuarios 3,4 Sensacine 2,5 Ver en Disney + Resbalones arriesgados Concretamente, en Mentiras Arriesgadas todos recordamos ese tango final entre Arnold Schwarzenegger y Jamie Lee Curtis que termina con un tropezón y ella cayendo al suelo.

Lo curioso es que no estaba en guion, y fue producto de un agotamiento absoluto. Ambos estuvieron entrenando durante meses esta coreografía, pero aún necesitaba más trabajo : dos días antes de rodar, hicieron un ensayo intensivo y repitieron la escena una, otra y otra vez, lo que llevó a que Curtis acabara totalmente agotada y sus cuádriceps no dieran más de sí. Dos días después, con agujetas por todo el cuerpo, Curtis tuvo que bailar delante de las cámaras, repitiendo sin parar, una y otra vez. Y justo al final, sus piernas no aguantaron más y se acabó resbalando y cayó al suelo.

Sin embargo, ella creía que cogerían una de las otras escenas, donde todo quedó perfecto... hasta que vio el montaje final y descubrió que Cameron había escogido el resbalón. Y su cabreo fue épico, como puedes imaginar. Años después lo entendió, al ver la escena con perspectiva y sin sentir la humillación de la caída: ese tropezón pegaba muchísimo con Helen, su personaje, que hasta ese momento se muestra como un ama de casa algo torpe. No importa la identidad que estuviera asumiendo: siempre iba a fallar de una manera u otra .

Al final, una vez más, Cameron tenía razón: los dichos populares nunca fallan.