Si los motores de un avión dejan de funcionar, no cae como una piedra: esto es lo que realmente pasa en el aire

Si los motores de un avión dejan de funcionar, no cae como una piedra: esto es lo que realmente pasa en el aire

Un avión sin motores sigue siendo un avión La idea de que un avión cae en picada cuando sus motores dejan de funcionar es una de las imágenes más extendidas entre los pasajeros . Tiene sentido que genere miedo: asociamos los motores con la capacidad de mantenerse en el aire. Pero, en realidad, las alas son las que sostienen al avión. Los motores aportan empuje, no “sujeción”.

Si un avión pierde potencia, no se desploma automáticamente. Entra en planeo. Eso significa que sigue avanzando mientras desciende de forma controlada, aprovechando su diseño aerodinámico. La distancia que puede recorrer depende de la altitud, el peso, el viento, la configuración del avión y la habilidad de la tripulación para mantener la velocidad adecuada.

En términos simples, cuanto más alto esté el avión, más tiempo y distancia tendrá para reaccionar. Un avión comercial a gran altitud puede recorrer decenas de kilómetros sin empuje. Ese margen permite intentar reiniciar los motores, comunicarse con control aéreo y buscar el aeropuerto o la zona de aterrizaje más conveniente. © Andrew Ruiz Unsplash Los aviones ya están pensados para perder un motor La pérdida de un motor es una emergencia, pero no una sentencia. Los aviones comerciales modernos, especialmente los bimotores, están certificados para seguir volando con un solo motor operativo.

Esa capacidad forma parte del diseño, de las pruebas y del entrenamiento de las tripulaciones. Por eso, cuando falla un motor, el procedimiento no consiste en “luchar” contra una caída inmediata, sino en estabilizar el avión, asegurar el motor afectado y decidir el mejor aeropuerto alternativo. El vuelo normalmente no continúa como si nada, pero la aeronave conserva capacidad de control y de navegación. El escenario más extremo es la pérdida de todos los motores.

Es raro, pero está contemplado. En ese caso, los pilotos buscan mantener la mejor velocidad de planeo, evalúan si es posible reiniciar la propulsión y preparan un descenso controlado. La prioridad es conservar energía: altura, velocidad y distancia se convierten en recursos vitales. La turbina de emergencia que sale al rescate Muchos aviones comerciales tienen un sistema de respaldo llamado RAT, por sus siglas en inglés: Ram Air Turbine.

Es una pequeña turbina que se despliega en situaciones extremas y aprovecha el flujo de aire para generar energía eléctrica o presión hidráulica. Su función no es reemplazar a los motores ni hacer que el avión vuelva a volar con normalidad. Lo que hace es mantener activos sistemas esenciales, como ciertos instrumentos, controles de vuelo o circuitos hidráulicos necesarios para que los pilotos puedan seguir manejando la aeronave. Es una de esas piezas que los pasajeros casi nunca ven, pero que resume muy bien la filosofía de la aviación comercial: no depender de un único sistema.

Si falla una fuente de energía, hay otra. Si falla un motor, queda el otro. Si falla la propulsión, el avión planea. Y si se pierde energía principal, existen sistemas de emergencia. © Andrew Ruiz Unsplash Los casos reales muestran por qué el entrenamiento importa La historia de la aviación tiene ejemplos famosos.

En 2009, el vuelo 1549 de US Airways perdió casi todo el empuje de ambos motores tras impactar con aves poco después de despegar de Nueva York. El capitán Chesley “Sully” Sullenberger y su tripulación lograron amerizar en el río Hudson, y las 155 personas a bordo sobrevivieron. Otro caso muy recordado es el vuelo 143 de Air Canada, conocido como el “Gimli Glider”. En 1983, un error de carga de combustible dejó sin motores a un Boeing 767 en pleno vuelo.

La tripulación consiguió planear durante una larga distancia y aterrizar en una antigua base aérea. Estos episodios son excepcionales, pero demuestran algo importante: la seguridad aérea no depende solo de que nada falle. Depende de que, cuando algo falla, existan márgenes, sistemas redundantes y pilotos entrenados para responder. La pérdida total de motores sigue siendo una emergencia grave.

Nadie debería minimizarla. Pero tampoco es el escenario cinematográfico de un avión cayendo sin control. La realidad es menos espectacular y mucho más interesante: incluso sin motores, u n avión comercial conserva capacidad de planeo , sistemas de respaldo y procedimientos diseñados para convertir una situación extrema en una oportunidad de aterrizaje. Fuente: Infobae.