Hay muchos aspectos en los que Valve es una empresa innovadora, pero no todos son igual de positivos. La misma compañía que creó Steam también fue una de las primeras en sumarse a una práctica que ahora vuelve a estar más de actualidad que nunca: introducir publicidad dentro de los videojuegos. Y es que no lo recordarás, pero hubo un día que Counter-Strike amaneció lleno de vallas publicitarias. Una nueva realidad que nos golpeó en el año 2006 y que, por suerte para todos, fue un fracaso estrepitoso.
Una de las peores ideas de Valve Valve no es la única compañía que experimentó con los anuncios ‘in-game’ en la década de los 2000, pero su historia es la más rocambolesca. La primera vez que vimos anuncios en Counter-Strike fue sin el consentimiento de la compañía. IGA Worldwide —una empresa de marketing de la época— llegó a varios acuerdos con creadores de mapas, mods y dueños de servidores para que colocaran vallas de publicidad dentro del juego a finales de 2005 y comienzos de 2006. Así, una podía estar paseando por el Dust original y encontrarse con que un montón de carteles te decían que fueras a comprarte un bocata al Subway.
Valve no estaba contenta con la situación. La compañía se reunió con la empresa de marketing para mostrar su descontento y finalmente llegaron a un acuerdo para resolver la situación sin ir a juicio. En un comunicado de prensa citado en Game Industry se deja claro que las compañías "llegaron a una resolución amistosa de sus diferencias con respecto a la publicidad dentro de Counter-Strike que absuelve a la agencia de marketing y a los anunciantes de cualquier responsabilidad". En palabras menos legales, el asunto parecía quedarse en agua de borrajas.
La cuestión es que en todo este proceso la desarrolladora descubrió cuánto podía ingresar si llevaba a cabo acciones de marketing dentro del juego. Hay que tener en cuenta que, aunque Steam ya existía en aquel entonces, no era ni mucho menos la plataforma capaz de ingresar miles de millones de dólares anuales como lo es ahora. Las cifras eran tentadoras, y hasta en el mencionado comunicado de prensa daba la impresión de que se abría la puerta a colaboraciones en el futuro. "Como en cualquier acuerdo comercial, para añadir anuncios en juegos como Counter-Strike se requiere el permiso de los dueños de la propiedad intelectual", decía Valve. Si la polémica con IGA Worldwide tuvo lugar a principios de 2006, a finales de ese mismo año Valve llegó a un acuerdo con esa misma empresa para añadir anuncios a Counter-Strike.
Además, lo hizo actuando como lo haría cualquier empresa supervillana. En lugar de reconocer que buscaba obtener más ingresos, le explicaba a los jugadores que esto es lo que realmente el juego necesitaba y que lo hacían pensando en los usuarios. "Tomamos este tipo de decisiones teniendo en cuenta a toda la comunidad", decía la compañía en una entrevista. Este truco, que no funciona ahora, por supuesto que tampoco funcionaba hace 20 años. Al principio se introdujo, a modo de prueba, publicidad solo de los juegos de Valve.
Después, sin embargo, la compañía llegó a diferentes acuerdos promocionales para añadir vallas promocionales de la película Ases Calientes e introducir anuncios de ciertos productos de Intel. Diferentes fuentes también hablan de campañas promocionales locales y de menor escala que se llevaron a cabo entre los años 2007 y 2013. En cualquier caso, el experimento no debió gustar mucho a la compañía. Poco después del inicio el ritmo del marketing bajó considerablemente y en 2013 se descartó completamente la iniciativa.
Tampoco la hemos vuelto a ver en Global Offensive o Counter-Strike 2. Hoy en día Valve parece estar más lejos que nunca de este tipo de ideas. Mientras que cada vez más compañías llevan a cabo colaboraciones y acuerdos comerciales con marcas para introducir productos reales en los juegos —como la reciente aparición de Porsche en Resident Evil Requiem— tanto los títulos de la desarrolladora como Steam se mantienen ajenos a este tipo de fenómenos. Una situación que, teniendo en cuenta la realidad económica tan desahogada en la que se encuentra la empresa, no debería cambiar en el corto o medio plazo.