Chile quiso tender un cable directo a China para no depender de Estados Unidos: terminó atrapado en una tormenta geopolítica

Chile quiso tender un cable directo a China para no depender de Estados Unidos: terminó atrapado en una tormenta geopolítica

Un cable submarino puede parecer infraestructura, pero también es poder Durante años, Chile intentó convertirse en un puente digital entre Sudamérica y Asia. La idea tiene lógica: el país mira al Pacífico, comercia intensamente con China y quiere dejar de depender de rutas de datos que pasan por Norteamérica o por infraestructuras dominadas por grandes tecnológicas estadounidenses. En ese contexto apareció el proyecto Chile-China Express, una propuesta para tender un cable submarino de fibra óptica entre la costa chilena y Hong Kong. Sobre el papel, era una obra de conectividad: más velocidad, más redundancia y una ruta directa hacia Asia.

En la práctica, se convirtió en una pieza más de la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China. El problema es que los cables submarinos ya no se ven solo como tubos invisibles por donde viaja internet. Son infraestructura crítica. Transportan datos comerciales, financieros, gubernamentales y personales.

Quien controla rutas, estaciones de amarre, mantenimiento y equipos de red puede tener influencia sobre una parte estratégica de la economía digital. ¿Se enteraron de que Chile intentó conectar un cable submarino directo a China para dejar de depender de las redes norteamericanas? Casi todo el internet de América Latina depende de servidores y cables controlados por empresas estadounidenses como Google, Meta o Amazon, por lo… pic.twitter.com/NydI1Wk0sE Carlos Vassan (@Carlos_Vassan) June 20, 2026 Washington vio una amenaza donde Chile veía diversificación Desde la perspectiva chilena, buscar una ruta directa hacia Asia tenía sentido. Casi toda la conectividad internacional de América Latina ha estado históricamente condicionada por Estados Unidos, ya sea por territorio, empresas, nube, centros de datos o acuerdos de infraestructura. China Mobile ofrecía una alternativa.

Pero para Washington, que lleva años tratando de limitar la presencia china en redes 5G, cables submarinos, puertos y centros de datos, el proyecto encendió alarmas inmediatas. El temor no era solo comercial, sino de seguridad: que una empresa estatal china participara en una ruta de datos estratégica desde Sudamérica hacia Asia. La tensión escaló cuando Estados Unidos revocó visas a funcionarios chilenos vinculados al proceso. La medida fue interpretada en Chile como una presión directa sobre una decisión soberana.

Para Washington, en cambio, era una respuesta a un proyecto que podía comprometer la seguridad regional. El cambio de gobierno dejó el problema envenenado El episodio llegó en un momento especialmente delicado: la transición entre el gobierno de Gabriel Boric y la llegada de José Antonio Kast a la presidencia. Boric quedó asociado a la tramitación del proyecto, mientras Kast heredó una decisión incómoda: cómo mantener la relación con China, principal socio comercial de Chile, sin romper con Estados Unidos, su principal inversor extranjero y aliado estratégico. El cable Humboldt, impulsado junto a Google para conectar Chile con Australia, apareció como una salida más aceptable para Washington.

Pero esa alternativa no resuelve completamente la pregunta de fondo. Si el objetivo chileno era reducir la dependencia de rutas bajo influencia estadounidense, un cable asociado a una empresa norteamericana y con destino en un país aliado de Estados Unidos deja parte del problema intacto. Por eso la discusión sigue abierta. No se trata solo de elegir un cable u otro, sino de decidir qué tipo de autonomía digital quiere construir Chile. 🇨🇱🇺🇸 Una negociación entre Chile y China para instalar un cable submarino de telecomunicaciones pudo ser la causal de las sanciones estadounidenses contra 3 funcionarios del gobierno de Boric. pic.twitter.com/BPOlmezYQL Roi Lopez Rivas (@RoiLopezRivas) February 20, 2026 América Latina entra en la guerra invisible de los datos El caso chileno muestra una tendencia más amplia.

China lleva años expandiendo su presencia tecnológica en América Latina mediante telecomunicaciones, nube, redes 5G, centros de datos y empresas como Huawei, ZTE, China Telecom o Alibaba Cloud. Estados Unidos, por su parte, observa esa expansión como una amenaza directa a su influencia histórica en la región. En ese tablero, los países latinoamericanos quedan ante una decisión difícil. Elegir a China puede traer inversión, infraestructura y una ruta alternativa.

Elegir a Estados Unidos puede reducir tensiones diplomáticas y garantizar acceso a socios tecnológicos consolidados . Pero depender demasiado de cualquiera de los dos implica perder margen de maniobra. La verdadera salida quizá no sea elegir entre Washington y Pekín, sino construir más capacidad propia: regulación, conocimiento técnico, infraestructura regional y criterios transparentes para evaluar proyectos críticos. El cable Chile-China Express no es solo una disputa por fibra óptica bajo el océano.

Es una señal de cómo será la próxima etapa de la geopolítica digital. Ya no se trata únicamente de quién fabrica chips o quién domina la nube. También importa por dónde viajan los datos, quién puede vigilarlos y quién tiene el poder de cortar, aprobar o bloquear las rutas invisibles que sostienen internet. Fuente: Xataka.