Lamine Yamal, en modo bestia: el proceso y los datos que confirman su recuperación

Lamine Yamal, en modo bestia: el proceso y los datos que confirman su recuperación

Cuando Lamine Yamal (18 años) se deslizó en el segundo palo para empujar a la red la asistencia de Mikel Oyarzabal, parecía que todo había sido sencillo. Diez minutos de partido en el Atlanta Stadium, ovación, gol y una nueva exhibición con la camiseta de la selección española. Pero el camino recorrido hasta llegar hasta allí había sido duro, seguramente de las semanas más difíciles de su corta carrera. Ahora todo son sonrisas, felicitaciones y elogios.

Lamine, junto a Oyarzabal, fue la gran figura de la victoria ante Arabia Saudí. Marcó el primer gol, completó cinco de los siete regates que intentó, protagonizó siete progresiones con balón y volvió a ser el futbolista más desequilibrante de la selección en apenas 45 minutos. Cada vez que recibió abierto en la derecha, Arabia (y el estadio entero) sentía que algo podía pasar. Y casi siempre pasaba.

Completó además el 94% de sus pases y volvió a demostrar que cuando controla el balón es imprevisible. Su entrada en el partido fue espectacular y la contagió a sus compañeros. Lamine llevaba muchas semanas trabajando en silencio, visualizando ese momento. Y estaba preparado. "¿Qué haces aquí?" Los primeros días tras la lesión en el isquiotibial de su pierna izquierda fueron especialmente complicados.

El dolor era constante y tenía que ir con hielo hasta por casa. Sin embargo, mientras muchos asumían que tocaba parar, él ya pensaba en volver. Apenas cinco días después de lesionarse apareció por la Ciutat Esportiva Joan Gamper. Algunos ejecutivos del Barça se sorprendieron al verle allí. "¿Qué haces aquí?" No podía trabajar la pierna, pero sí el resto del cuerpo.

Así que entrenaba el tren superior, fortalecía otras zonas y buscaba cualquier manera de acercarse a la recuperación. El plan se diseñó con precisión casi quirúrgica. Barça y selección trabajaron de la mano junto al fisioterapeuta Fernando Galán para controlar cada paso. La idea inicial era clara: no arriesgar en el debut mundialista.

Pero la evolución fue positiva y se pudo recortar algún plazo. Siempre, eso sí, con total seguridad y precaución. Primero llegaron unos minutos ante Cabo Verde. Después aumentó la carga de trabajo.

Finalmente, frente a Arabia Saudí, llegó la titularidad. Y también la confirmación. Porque el encuentro dejó algo más importante que el gol. Solo jugó la primera parte, pero dejó señales de que el físico vuelve a acompañarle.

Alcanzó una velocidad punta superior a los 32 kilómetros por hora (32,3), acumuló 19 sprints y recorrió más de 200 metros a alta intensidad. Datos que explican por qué volvió a parecerse al Lamine que había maravillado durante toda la temporada. El gol también tuvo un valor simbólico. Con 18 años y 323 días, se convirtió en el segundo jugador más joven en la historia de los Mundiales en marcar un tanto que abría el marcador de su selección.

Por delante solo aparece un nombre que pertenece a otra dimensión del fútbol: Pelé. El brasileño tenía 17 años y ocho meses cuando marcó ante Gales en 1958. Rodeado de los suyos Por otro lado, hay otro aspecto muy importante en este proceso que no aparece en ninguna estadística. Desde el inicio de la concentración, Lamine ha estado rodeado por su círculo más cercano.

Su madre, su hermano pequeño, su pareja y varias personas de máxima confianza han acompañado cada paso de una recuperación que también exigía estabilidad emocional. Y su padre, que podría viajar a Guadalajara, apoyando desde Barcelona. Porque para Lamine este Mundial era mucho más que un torneo. Era una obsesión.

Una cita que llevaba años imaginando y que se disputa solo una vez cada cuatro años. Por eso celebró el gol con tanta rabia. No era únicamente el 1-0 de España. Confirmaba su recuperación y la España.