Ingenio de una singular flota de pescadores de Cuba

Ingenio de una singular flota de pescadores de Cuba

Ingenio de una singular flota de pescadores de Cuba La Habana, 23 jun (Prensa Latina) Una singular flota de pescadores artesanales, siempre tuvo su base de operaciones en la Bahía de La Habana, y hoy se mantienen como imagen turística. Se puede pensar que los problemas económicos y las necesidades alimentarias sustentan dicha flota, pero realmente, personas de varias generaciones formaron parte de tales pequeños botes, desde incluso antes del triunfo de la Revolución Cubana de 1959. Basta asomarse al Malecón o recorrer la cinta costera de la capital para toparse con un paisaje que se repite: pequeños botes anclados, hechos de materiales improvisados, que se mecen con la marea. Son las embarcaciones de los pescadores particulares que, con paciencia y oficio, salen cada día a buscar el sustento en las aguas de la bahía de La Habana.

No se trata de grandes barcos industriales, sino de pequeñas balsas de polietileno, tablones de madera y tornillos que desafían las olas, junto a otros botes de mejor construcción, tradicionales. Un barco normal cuesta mucho dinero, explica un pescador de Santa Fe, mientras revisa su precaria nave. Aquí no hay dinero para eso. Y además, no necesitan combustible, que escasea y es caro, sentencia otro pescador.

A primera vista parecen frágiles, listas para zozobrar, pero la práctica ha demostrado lo contrario: con el cuidado adecuado, pueden durar décadas, solo cambiando los tornillos corroídos por la sal. La pesca artesanal en la capital tiene raíces profundas. Desde antes de la llegada de Colón, los habitantes de la isla ya utilizaban redes de hilo de palma y cordeles para capturar langostas y otras especies. Hoy, la tradición pervive en los casi 600 kilómetros de costa habanera, aunque las condiciones son muy distintas.

La pesca con estas embarcaciones improvisadas está oficialmente prohibida, pero se tolera en la práctica, porque permite a las familias obtener alimentos o un ingreso extra en medio de la escasez. Los pescadores salen en parejas, casi siempre al amanecer o al caer la tarde, cuando el tiempo lo permite. Barracudas, pargos, loros y dorados son las capturas más comunes. Pero la jornada no siempre es productiva.

La pesca fue malísima. Depende del tiempo. Pescar es suerte, comenta Omar Martín, de 46 años, que compró su barca de segunda mano por unos 80 dólares. Mientras el Estado apuesta por reorganizar el sector y duplicar la producción acuícola para el 2030, estos pequeños botes anclados en la bahía siguen siendo un símbolo de la resistencia cotidiana.

Son el testimonio de que, a falta de medios, el ingenio y el conocimiento del mar se convierten en la mejor herramienta para seguir adelante. Y por demás, las siluetas de los botes y sus ocupantes permanecen en el recuerdo de muchas personas mediante una fotografía tan turística como histórica.