James Cameron casi se ahoga rodando su película menos exitosa. De aquel infierno salió la tecnología de Titanic y Terminator 2

James Cameron casi se ahoga rodando su película menos exitosa. De aquel infierno salió la tecnología de Titanic y Terminator 2

En 1989, James Cameron estrenó The Abyss, la historia de un equipo de perforación submarina enviado a rescatar un submarino nuclear en el Atlántico. Para rodarla descartó el mar real y tomó un reactor nuclear abandonado en Carolina del Sur, uno cuyo contenedor podía albergar más de 28 millones de litros de agua. Así, James Cameron lo convirtió en el mayor plató subacuático de la historia del cine, pero lo que ocurrió durante los seis meses siguientes tiene tanto de leyenda como de pesadilla. El equipo trabajó jornadas de 70 horas semanales durante medio año.

Mary Elizabeth Mastrantonio, por ejemplo, sufrió un colapso físico y emocional en el plató, pero otras figuras como Ed Harris tampoco se quedaron atrás al confesar que llegó a llorar conduciendo de vuelta a casa por el estrés. Además, el cloro de la piscina quemaba la piel de los buzos y les decoloraba el pelo, una tormenta eléctrica rasgó la lona del tanque y obligó a rodar de noche y hasta Cameron, director de la cinta, sufrió en su propia piel las consecuencias de un rodaje tan extremo al estar a punto de ahogarse quedándose sin oxígeno en el fondo. El infierno que pagó el futuro del cine Cameron podría haber rodado casi todo en un plató seco con efectos convencionales, pero eligió lo contrario: una producción extenuante imposible con la tecnología disponible. Su equipo tuvo que inventar herramientas que no existían como, por ejemplo, cascos que iluminaban la cara de los actores sin cegarlos, un sistema de megafonía subacuática o vehículos de propulsión construidos por su hermano ingeniero.

Así, cada problema exigió una solución que después quedaría disponible para toda la industria. Sin embargo, el legado más importante no fue el equipamiento, sino un solo plano. Para crear el pseudópodo, el tentáculo de agua que imita el rostro de Mastrantonio, Cameron recurrió a Industrial Light & Magic. ILM tardó seis meses en producir 75 segundos de criatura y Cameron tenía un plan B, ya que la escena se escribió para poder eliminarse si el efecto fallaba.

Por suerte fue más allá de las expectativas y se convirtió en el primer personaje fotorrealista generado por ordenador de la industria del cine. Ese ensayo hizo posible la existencia del T-1000 de Terminator 2 dos años después. Un equipo de seis personas que creó el agua de The Abyss fue el núcleo del que salió el hombre de metal líquido y, de ahí, la era CGI completa con clásicos de la talla de Titanic o Jurassic Park. En un laboratorio, Cameron e ILM aprendieron lo que cambiaría el cine para siempre, pero la ironía es que la película no recogió ese premio en taquilla.

The Abyss fracasó y, hasta hoy, ha quedado como el único fracaso comercial en la carrera de Cameron. Ganó el Óscar a Mejores efectos visuales, pero el dinero de la taquilla nunca acompañó. Así, queda la pregunta que toda producción extrema arrastra: si el sufrimiento del equipo fue la semilla de la revolución digital, ¿eso justifica todo? Cuando los actores compararon el rodaje con Vietnam, Cameron los llamó niños mimados y dejó para la historia una lección tecnológica que cambió el cine moderno mientras muchos se preguntan lo mismo: ¿valió la pena el precio que se pagó?

En 3DJuegos | El mapa de la escasez: las impactantes imágenes satelitales que muestran cómo el calor está transformando el paisaje en España En 3DJuegos | La NASA ya ha aterrizado y explorado Marte, pero de una forma que sólo los videojuegos pueden conseguir