Aunque nosotros ya os contamos las razones para no comprar SpaceX en bolsa justo en el momento de lanzamiento de la OPV, hoy podemos confirmar que la euforia por la salida a bolsa de SpaceX ha durado poco para muchos inversores. Pese a protagonizar una de las salidas a bolsa más grandes de la historia reciente, la acción ahora mismo cotiza en torno a 154,60 dólares, por debajo de aquel primer cierre y muy lejos de los máximos marcados pocos días después. No todos pierden: depende de cuándo compraste El matiz importante es que no todos los inversores pierden dinero. SpaceX fijó su OPV en 135 dólares por acción, por lo que los que pudieron comprar a este precio o similar, siguen en positivo.
La pérdida la encontramos en aquellos que compraron ya a precio de mercado, cuando el valor se negociaba en un rango superior. El primer día, SpaceX empezó a cotizar en torno a 150 dólares y llegó a cerrar cerca de 160 dólares. Con la acción cotizando por debajo del cierre del primer día, el inversor que entrara en ese momento ya no tiene asegurada ninguna ganancia. Quien comprara cerca de máximos, está en una posición todavía peor.
La diferencia entre “precio de OPV” y “precio de estreno” es clave, ya que muchos pequeños inversores no terminan de entenderla. Conseguir acciones al precio institucional de salida es prácticamente imposible para el inversor medio, que se ve obligado a ir directamente al mercado cuando el precio se ha disparado. La acción se ha desplomado desde máximos La caída ha sido fuerte. SpaceX llegó a tocar máximos por encima de 200 dólares pocos días después de la salida a bolsa, impulsada por la fiebre compradora, tener a Elon Musk detrás, la narrativa con Starlink, los cohetes reutilizables, la IA o el “fomo” de quedarse fuera de una de las empresas más llamativas del momento.
MarketWatch recoge que SpaceX cerró el lunes en 154,60 dólares, con una caída diaria del 16,4% y una pérdida de valor de mercado de unos 400.800 millones de dólares en una sola sesión. Según otros medios, la bajada en tres sesiones fue cercana al 27%, tras haber alcanzado un máximo posterior a la OPV de 211,39 dólares. La valoración era muy exigente La caída no sorprende tanto si se mira la valoración de salida. De hecho, había consenso generalizado que SpaceX alcanzó una valoración desorbitada de hasta 1,77 billones de dólares.
Reuters contó, antes de la salida a bolsa, que la compañía salía con múltiplos muy altos, en torno a 110 veces ventas pasadas y con riesgos por su elevada valoración, sus grandes necesidades de capital, la competencia futura y los desbloqueos de acciones posteriores. La reacción posterior del mercado ha mostrado justo eso: una cosa es creer en el futuro de SpaceX y otra pagar cualquier precio por la compañía. Nadie niega que es una empresa extraordinaria y, posiblemente, una de las que más futuro tienen en el mundo, pero con una acción tan cara, el escenario era bastante previsible. Otro factor que ha jugado en su contra es que lo que cuenta Axios, que confirmó que SpaceX quiere emitir deuda por unos 20.000 millones de dólares después de haber levantado una cantidad récord en la OPV.
Esa imperiosa necesidad de capital está muy relacionada con la inteligencia artificial y la infraestructura. El caso SpaceX recuerda una lección clásica de las OPV: entrar el primer día no siempre es buena idea. Estamos cansados de verlo y posiblemente, lo volveremos a ver. Nadie niega que SpaceX es una gran empresa, pero no se puede pagar el precio de la euforia si se quiere ganar dinero en bolsa.