Las imágenes satelitales muestran cómo una mina puede devorar su entorno en apenas tres décadas

Las imágenes satelitales muestran cómo una mina puede devorar su entorno en apenas tres décadas

Los activistas llevaban décadas planteando que las minas no sólo eran una fuente de minerales, también una de las formas más agresivas de transformar el paisaje y su entorno medioambiental. Probar su teoría, en cambio, resultaba mucho más difícil, principalmente porque hablamos de cambios que no ocurren de la noche a la mañana. Por suerte para ellos, las imágenes satelitales de Google Earth Engine terminaron dándoles la razón. En apenas 30 años, el cambio en el paisaje de tres grandes explotaciones mineras a cielo abierto ha servido para que entendamos hasta qué punto puede llegar a cambiar el territorio.

Ya no hay cifras o debates que valgan porque, simple y llanamente, las imágenes dejan muy claro cómo han cambiado esos paisajes desde los años 80. De la mano de tres ejemplos y con la mina de carbón de North Antelope Rochelle a la cabeza, la considerada la mayor mina de carbón del mundo es el ejemplo perfecto de cómo su producción de alrededor de 60 millones de toneladas anuales es capaz de dejar una cicatriz irrecuperable en el terreno. Lo que tardó millones de años en formarse es capaz de desaparecer en tres décadas. Pero no sólo hablamos de transformación del paisaje, de cómo zonas boscosas pueden llegar a desaparecer por completo, sino también del legado que se deja en esas zonas de la mano de balsas de residuos, carreteras de acceso, instalaciones de procesamiento y, sobre todo, aquello que el ojo humano no puede llegar a ver ni siquiera de la mano de imágenes por satélite.

El impacto real, el que va más allá del subsuelo en forma de contaminación freática, es aún más importante que el que se ve desde el espacio. "No pasa nada, porque el salto a las energías renovables lo cambiará todo2. Bueno, pues no exactamente, porque aunque eso nos abre la puerta a abandonar el carbón y alcanzar los objetivos del Acuerdo de París en materia climática y energética, también impulsa otros tipos de minerías. Si queremos llegar a las cifras acordadas antes de 2040, eso supone multiplicar por seis las actividades mineras a gran escala de la mano del litio y el cobalto. Y estas, como las del carbón, también demostrarán su impacto de aquí a 30 años.

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