Meta encontró una forma simple de bajar el precio Las gafas inteligentes de Meta ya no son una rareza. Después del éxito de las Ray-Ban Meta, la compañía entendió que había un producto con potencial real: unas gafas normales en apariencia, pero con cámara, micrófonos, altavoces abiertos y un asistente de inteligencia artificial integrado. El problema era el precio. La marca Ray-Ban aportaba diseño, prestigio y familiaridad, pero también encarecía el producto.
Ahora Meta decidió dar un paso distinto: lanzar sus propias gafas inteligentes bajo el nombre Meta Glasses , manteniendo la colaboración con EssilorLuxottica, pero sin usar la marca Ray-Ban. Ese es el gran truco. Las nuevas gafas no rompen con el ecosistema anterior ni cambian por completo la tecnología. Lo que hacen es quitar una capa de marca para ofrecer un precio más accesible y abrir el producto a un público más amplio.
Tres diseños y una apuesta más de moda que de tecnología pura La nueva familia llega con tres estilos: Meta Adventurer, Meta Fury y Meta Glasses by Kylie, una edición diseñada en colaboración con Kylie Jenner. No se trata solo de vender tecnología, sino de convertir las gafas inteligentes en un accesorio de moda. Ese punto es clave. Uno de los grandes problemas de los wearables siempre fue el diseño.
Un reloj inteligente puede parecer tecnológico sin molestar demasiado, pero unas gafas se llevan en la cara. Si el usuario no se siente cómodo con cómo quedan, no importa cuánta IA tengan dentro. Por eso Meta amplió colores, tamaños y combinaciones. La compañía habla de 26 estilos disponibles, con distintas monturas, lentes y acabados.
También incorpora mejoras de comodidad como almohadillas nasales ajustables, patillas adaptables y bisagras pensadas para distintos tipos de rostro. © CNET Youtube. La tecnología sigue siendo muy parecida Aunque ya no lleven Ray-Ban en la patilla , las Meta Glasses conservan buena parte de la experiencia que hizo populares a las gafas anteriores. Permiten hacer fotos y grabar video sin usar el móvil, escuchar música o podcasts con altavoces abiertos, atender llamadas, enviar mensajes y consultar a Meta AI mediante voz o un botón físico. También integran el nuevo modelo Muse Spark, pensado para mejorar las respuestas de Meta AI y sus capacidades multimodales.
Eso significa que las gafas no solo escuchan al usuario, sino que también pueden interpretar parte de lo que ven a través de la cámara. Meta quiere que el producto funcione como un asistente cotidiano: algo que puede ayudarte a recordar información, traducir, responder preguntas, guiarte mientras caminás o capturar un momento sin sacar el teléfono del bolsillo. Más baratas, pero no necesariamente “baratas” El precio es el gran gancho. Las Meta Glasses Adventurer y Fury parten de 299 dólares en Estados Unidos, y en España aparecen desde 309 euros.
Eso las coloca por debajo de algunos modelos Ray-Ban Meta y bastante lejos de versiones más caras con pantalla integrada. Pero no hay que confundir “más accesibles” con “económicas”. Siguen siendo un producto premium, especialmente si se suman lentes graduadas, acabados específicos o versiones más exclusivas como la colaboración con Kylie Jenner. La jugada de Meta parece clara: mantener una línea aspiracional con Ray-Ban y Oakley, pero crear una gama propia para que las gafas inteligentes no dependan siempre de marcas externas.
Si el formato despega, Meta necesita que el usuario compre la idea de “gafas Meta”, no solo “Ray-Ban con tecnología”. El verdadero negocio es llevar la IA a la cara Más allá del precio, el movimiento encaja con una estrategia mayor. Meta cree que las gafas pueden convertirse en uno de los dispositivos centrales de la era de la inteligencia artificial . El móvil sigue siendo dominante, pero obliga a mirar una pantalla.
Las gafas, en cambio, pueden acompañar al usuario durante el día, escuchar órdenes y ver el mundo desde su perspectiva. Eso abre posibilidades enormes, pero también preguntas incómodas. Una cámara en la cara siempre despierta dudas sobre privacidad. Meta asegura que mantiene indicadores visibles de grabación y controles para proteger a quienes están alrededor, pero el desafío cultural sigue ahí: convencer a la gente de que estas gafas no son una invasión constante.
La compañía parece dispuesta a apostar fuerte. Primero fueron Ray-Ban Meta. Después llegaron modelos deportivos con Oakley. Ahora aparecen las Meta Glasses bajo marca propia, más baratas y con más variedad estética.
El “truco” no es malo: es estrategia Meta no descubrió una tecnología radicalmente nueva para bajar el precio. Descubrió algo más práctico: que, una vez que el público entiende qué hacen estas gafas, quizá no necesita pagar tanto por llevar una marca famosa en la montura. El truco es quitar Ray-Ban sin quitar la tecnología. Y si funciona, puede ser uno de los pasos más importantes para convertir las gafas inteligentes en un producto cotidiano.
Las Meta Glasses no prometen todavía una revolución de realidad aumentada completa. No proyectan mundos digitales delante de los ojos ni reemplazan al móvil. Pero sí hacen algo que puede ser más importante a corto plazo: normalizar la idea de llevar una IA en la cara, escuchando, viendo y ayudando en tareas pequeñas durante todo el día. Ese es el verdadero cambio.
Meta no solo quiere vender gafas más baratas. Quiere que usar gafas inteligentes deje de parecer raro. Fuente: Hipertextual.