Un laboratorio encontró una forma de reciclar baterías de móviles y portátiles en solo dos horas: el secreto está en un microondas

Un laboratorio encontró una forma de reciclar baterías de móviles y portátiles en solo dos horas: el secreto está en un microondas

Las baterías viejas todavía tienen algo que ofrecer Cada móvil viejo, portátil olvidado o mando inalámbrico que deja de cargar bien esconde algo más que basura electrónica . Dentro de sus baterías hay materiales valiosos como litio, cobalto y níquel, elementos esenciales para fabricar nuevas baterías y sostener buena parte de la tecnología actual. El problema es que recuperarlos no es sencillo. Las baterías de iones de litio no fueron diseñadas pensando en ser desmontadas fácilmente.

Están selladas, compactadas y fabricadas con capas químicas difíciles de separar. Por eso, muchas terminan acumuladas, descartadas o recicladas mediante procesos costosos, lentos y con alto consumo energético. Un equipo de Sandia National Laboratories, en Estados Unidos, acaba de probar una alternativa llamativa: usar microondas para acelerar la recuperación de los cátodos, una de las partes más caras e importantes de la batería. Qué hace exactamente esta tecnología La técnica se centra en el cátodo, el electrodo positivo de la batería.

En muchas baterías antiguas, ese cátodo está hecho con óxido de litio y cobalto, un material valioso pero difícil de reprocesar. © Magnific El equipo de Sandia usa un reactor de microondas, parecido en tamaño a un horno doméstico, aunque diseñado para trabajo de laboratorio. Allí introduce polvo procedente de cátodos usados y lo somete a un proceso químico que lo abre en capas diminutas llamadas nanohojas. La diferencia con métodos anteriores es enorme. Lo que antes podía tardar hasta siete días ahora puede hacerse en unas dos horas.

Además, el nuevo proceso convierte hasta el 95% del material en nanohojas, frente al 60% que lograban técnicas previas. No es simplemente “fundir” una batería vieja. Es transformar su material activo en una forma que puede reutilizarse o adaptarse mejor a las necesidades actuales de la industria. Por qué las microondas funcionan tan bien La idea puede sonar extraña, pero tiene lógica.

Las microondas calientan ciertos materiales de manera rápida y desigual. En la cocina, eso puede ser molesto porque deja partes frías y partes demasiado calientes. En un laboratorio, esa misma característica puede ayudar a romper estructuras químicas y facilitar reacciones. En este caso, el calentamiento desigual favorece la apertura del material del cátodo en capas ultrafinas.

Esas nanohojas pueden servir como punto de partida para fabricar nuevos materiales de batería, incluso con composiciones más ajustadas a las demandas actuales. La ventaja no está solo en la velocidad. También puede reducir energía y costos frente a métodos que requieren hornos industriales de alta temperatura durante largos periodos. El cobalto es el gran motivo de fondo El reciclaje de baterías importa por muchas razones, pero una de las más importantes es el cobalto.

Este metal es clave para muchas baterías y dispositivos electrónicos, pero su cadena de suministro está muy concentrada. Gran parte de la producción mundial procede de la República Democrática del Congo, lo que genera dependencia, riesgos geopolíticos y preocupaciones ambientales y sociales. Recuperar cobalto de baterías usadas permitiría reducir parte de esa presión. En vez de depender únicamente de nueva minería, los países podrían “minar” sus propios residuos electrónicos y baterías agotadas. © Magnific Ese punto será cada vez más relevante.

A medida que envejezcan los primeros grandes lotes de baterías de vehículos eléctricos, habrá millones de unidades listas para reciclaje o reutilización. Convertir ese problema en una fuente de materiales críticos puede ser una ventaja estratégica. Todavía no es una solución lista para todos El avance de Sandia es prometedor, pero no significa que mañana podamos meter una batería vieja en un microondas doméstico y recuperarla. El proceso requiere equipamiento especializado, control químico y una etapa previa de desmontaje y preparación del material.

Ese sigue siendo uno de los grandes desafíos. Las baterías actuales no son fáciles de abrir, clasificar ni procesar. Para que tecnologías como esta escalen, también hará falta diseñar baterías pensando en su segunda vida desde el principio. Aun así, el avance señala una dirección importante.

El reciclaje de baterías no tiene por qué ser solo una forma de reducir residuos. Puede convertirse en una nueva fuente de materiales para móviles, portátiles, vehículos eléctricos, almacenamiento energético y electrónica de consumo. La batería que hoy parece agotada quizá no esté al final de su historia. Con tecnologías como esta, parte de sus materiales puede volver al ciclo productivo y alimentar la próxima generación de dispositivos.

Fuente: Infobae.