Bloomberg Línea — La intensa ola de calor que golpea a Europa está dejando de ser únicamente un fenómeno meteorológico para convertirse en una variable que los inversores empiezan a incorporar en sus análisis. Las temperaturas récord registradas en varios países europeos han alterado el funcionamiento de infraestructuras críticas, elevado la demanda de electricidad y puesto de manifiesto que los episodios climáticos extremos pueden trasladarse con rapidez a los resultados empresariales, las inversiones y las expectativas del mercado. Más allá del impacto inmediato sobre la actividad económica, los analistas coinciden en que estos episodios están reforzando tendencias estructurales que ya condicionaban las decisiones de inversión. La cuestión ya no pasa por anticipar cuánto durará una ola de calor, sino por identificar qué sectores afrontan mayores costos y cuáles pueden beneficiarse de un ciclo de inversión que parece ganar impulso.
Rubén Dalfovo, analista de Deutsche Bank, señala que “el objetivo para los inversores no es negociar con el termómetro”, porque “el objetivo es comprender cómo el clima extremo puede pasar de la página del pronóstico a los ingresos, los costos, los márgenes y las pérdidas de las aseguradoras“. Esa tesis sitúa el fenómeno climático dentro del análisis financiero y no únicamente en el ámbito medioambiental. De la demanda de aire acondicionado a la inversión La primera consecuencia económica aparece en el consumo energético. El aumento de las temperaturas dispara la demanda de equipos de refrigeración y, con ello, el uso de electricidad, una cadena que termina presionando unas redes eléctricas que ya afrontan el reto de integrar más energías renovables y una creciente electrificación de la economía.
Saxo Bank identifica a los fabricantes de sistemas de climatización y de equipamiento para edificios entre los primeros beneficiados de esta tendencia. Sin embargo, Dalfovo advierte de que el verdadero cambio no reside en un incremento puntual de las ventas de aparatos de aire acondicionado, sino en una transformación más profunda del parque inmobiliario europeo. → Suscríbete al newsletter Línea de Mercado, una selección de Bloomberg Línea con las noticias bursátiles más destacadas del día. El analista explica que los edificios necesitarán mejor aislamiento, sistemas eléctricos más eficientes, controles inteligentes, ventilación y una gestión energética más avanzada para evitar que el incremento del consumo eléctrico termine trasladándose a unos costos energéticos cada vez mayores. Ese proceso desplaza el foco desde el consumo estacional hacia un ciclo de inversión de largo plazo que también alcanza a las infraestructuras eléctricas.
A medida que aumentan los picos de demanda, las redes deben adaptarse para soportar mayores cargas y gestionar flujos energéticos más complejos. UBS considera que esta situación añade presión para acelerar inversiones que ya figuraban entre las prioridades europeas. La entidad sostiene que la ola de calor “podría añadir un mayor impulso político a la descarbonización, la adaptación al clima, la electrificación y la inversión en eficiencia energética“, una combinación que refuerza varias de las transformaciones estructurales de la economía europea. El banco recuerda además que las matriculaciones de vehículos eléctricos crecieron un 34% interanual en abril en 16 mercados que representan más del 80% de las ventas de automóviles de la Unión Europea y la EFTA, después de aumentar un 51% en marzo.
Ese avance se produce mientras la Unión Europea mantiene el objetivo de convertirse en el primer continente climáticamente neutro en 2050 y después de que las energías renovables representaran el 47% de la generación eléctrica europea en 2024. Infraestructuras, aseguradoras y energía La ola de calor también ha puesto de relieve la vulnerabilidad de infraestructuras consideradas esenciales. Francia redujo la producción de varias centrales nucleares debido a las limitaciones para acceder al agua necesaria para su refrigeración, mientras las altas temperaturas afectaron al transporte ferroviario, obligaron al cierre de escuelas y alteraron servicios públicos en distintos países. Para UBS, esos episodios refuerzan la necesidad de acelerar las inversiones en infraestructuras.
El banco destaca que el reciente conflicto en Medio Oriente ya había puesto el foco sobre la seguridad energética y las cadenas de suministro, mientras que las temperaturas extremas muestran hasta qué punto las redes eléctricas, el transporte y los servicios públicos siguen siendo vulnerables. La entidad considera que Europa entra en un nuevo ciclo inversor apoyado por objetivos más ambiciosos de gasto en defensa y por proyectos dirigidos a reforzar aeropuertos, puentes, puertos, redes ferroviarias, gasoductos, terminales de gas natural licuado y redes eléctricas. El sector asegurador constituye otro de los focos de atención. Dalfovo explica que las olas de calor pueden elevar los riesgos sanitarios, agrícolas y de interrupción de negocios, además de incrementar la probabilidad de incendios forestales y daños sobre infraestructuras.
Esa presión puede traducirse en mayores siniestros en determinados ejercicios, aunque también abre la puerta a un endurecimiento de las condiciones de contratación y a primas más elevadas conforme estos riesgos se vuelvan más visibles. La entidad resume esa dinámica al afirmar que “la lógica del seguro es extraña“, porque “el mal tiempo puede perjudicar las reclamaciones a corto plazo, pero favorecer una mejor fijación de precios más adelante“. La señal para los inversores va más allá del verano Ni Saxo Bank ni UBS plantean la ola de calor como una oportunidad táctica ligada únicamente a un verano especialmente cálido. Ambos informes sitúan el fenómeno dentro de un proceso más amplio que afecta a la construcción, la generación eléctrica, la adaptación de las ciudades, la financiación de infraestructuras y la transición energética.
Saxo Bank advierte de que uno de los principales riesgos consiste en sobrerreaccionar a un único episodio meteorológico, ya que un incremento temporal de la demanda de aire acondicionado no garantiza una década de crecimiento de beneficios. También, recuerda que el aumento de los precios de la electricidad puede provocar intervenciones gubernamentales que alteren las perspectivas de rentabilidad de algunas compañías del sector. UBS mantiene una posición neutral sobre la renta variable de la eurozona, aunque considera que la descarbonización constituye una de las grandes tendencias estructurales que seguirán condicionando las decisiones de inversión junto con las infraestructuras, la seguridad energética, la transformación demográfica y la financiación de ese proceso. Mark Haefele, director de inversiones de UBS Global Wealth Management, dijo que Europa “está entrando en una fase de renovación, impulsada por empresas de categoría mundial, una aceleración de los beneficios empresariales y una poderosa combinación de apoyo fiscal, monetario y de políticas estructurales“.
El responsable añade que las oportunidades más relevantes se concentran en compañías capaces de beneficiarse tanto de tendencias globales como “la inteligencia artificial, la energía y los recursos, y la longevidad“, además de las reformas estructurales emprendidas por la región. Más que anticipar el próximo récord de temperatura, ambos análisis apuntan a otra cuestión que puede tener mayor recorrido para los mercados: identificar hasta qué punto la adaptación al calor deja de ser un coste puntual para convertirse en uno de los motores de inversión que marcarán la evolución de numerosos sectores europeos durante los próximos años.