Análisis del día - 26 de junio de 2026 Por el personal del sitio web de HispanTV Lo que surgió de la guerra impuesta no fue simplemente una reafirmación de las capacidades defensivas de Irán, sino una reordenación fundamental de la dinámica de poder que los Estados árabes del Golfo Pérsico parecen, en el mejor de los casos, reacios a reconocer y, en el peor, activamente tratando de socavar. Las posturas individuales y colectivas de estos Estados —la imprudente y unilateral incursión de Omán en la navegación del estrecho de Ormuz, el intervencionismo atípico de Catar, la detención de personal militar iraní por parte de Kuwait y la intensificación de la represión interna de Baréin contra los ciudadanos proiraníes— no son incidentes aislados de torpeza diplomática. Constituyen una estrategia desesperada y miope que busca poner a prueba los límites de un nuevo orden regional, al tiempo que intenta apaciguar a unos Estados Unidos que buscan desesperadamente restaurar su influencia erosionada mediante la presión indirecta sobre Irán. Este comportamiento es un síntoma de ansiedad estratégica ante la demostrada capacidad de resistencia de Irán y el claro fracaso de la arquitectura de seguridad occidental para garantizar su seguridad.
Error de cálculo de los Estados del Golfo Pérsico: una muestra de firmeza indirecta Las acciones de los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico (CCG) en las últimas semanas revelan un esfuerzo coordinado, evidentemente alentado por Washington, para complicar el cálculo estratégico de Irán e intentar restablecer su influencia antes de cualquier posible negociación. Sin embargo, cada maniobra revela una debilidad estructural más profunda y una peligrosa interpretación errónea del equilibrio regional transformado. Históricamente, Omán ha actuado como interlocutor discreto de la región, un puente entre Irán y Occidente. Su anuncio unilateral de una ruta marítima a través del estrecho de Ormuz, eludiendo los carriles y aranceles designados por Irán, representa un marcado distanciamiento de esta política.
Esta medida, que provocó una respuesta inmediata y contundente de Teherán, es emblemática de la presión que ejerce Estados Unidos para obligar a los Estados del Golfo Pérsico a desempeñar el papel de ejecutores de la guerra económica de Washington. La arriesgada apuesta de Omán fue rápidamente corregida por las creíbles advertencias militares de Irán: los buques que utilizaban la ruta fueron interceptados o obligados a regresar, lo que demuestra las limitaciones de las declaraciones en papel frente al control marítimo establecido. Ormuz como línea roja: Irán enfrenta plan del corredor de Omán y amenazas de Trump | HISPANTV El cálculo estratégico en torno a las negociaciones que Irán mantiene con Estados Unidos en el marco del memorando de entendimiento ha llegado a un punto crítico. Esto no demuestra la autonomía de Omán, sino que revela la profunda implicación de los Estados del Golfo Pérsico en una estrategia liderada por Estados Unidos que pone sus intereses económicos inmediatos (las exportaciones seguras de energía a través del estrecho de Ormuz) en conflicto directo con la estabilidad regional a largo plazo.
Catar, que durante mucho tiempo ha sido un mediador neutral y un defensor de las relaciones no hostiles con Irán, también ha adoptado últimamente una postura intervencionista con respecto al estrecho de Ormuz. Esto es particularmente significativo dado el papel de Catar como mediador en las negociaciones entre Irán y Estados Unidos, junto con Pakistán. Al ejercer presión sobre esta vía marítima estratégica, Catar corre el riesgo de socavar su propia credibilidad como intermediario imparcial. Sus acciones sugieren que el cálculo de la “indispensabilidad estratégica” (término que describe la influencia del Golfo Pérsico a través del control económico de los flujos globales de energía y datos) podría estar llevando a Doha a sobreestimar su capacidad para desafiar la principal fuente de poder geográfico de Irán: su control sobre este punto estratégico.
La detención continuada por parte de Kuwait de cuatro militares iraníes y la represión constante de Baréin contra las comunidades chiítas demuestran que la política de “máxima presión” de Washington simplemente se ha delegado y rebautizado como una estrategia de acoso a nivel local. La negativa a liberar o conceder acceso consular al personal iraní constituye una afrenta deliberada. Asimismo, la nueva ola de arrestos y la prohibición de ceremonias de duelo por el líder mártir en Baréin envían un claro mensaje a Teherán: Estados Unidos apoya a sus aliados en la lucha contra la influencia iraní mediante la desestabilización interna. Sin embargo, como sugiere el reciente análisis de RUSI, estas tácticas tienen un alto costo para los Estados del Golfo Pérsico, poniendo en peligro la estabilidad que han vendido a los inversores.
El equilibrio regional: una nueva realidad no reconocida Las posturas de estos Estados árabes sugieren una incapacidad para reconocer el cambio en el equilibrio de poder regional tras la Guerra del Ramadán, que fue impuesta ilegalmente a la República Islámica de Irán y terminó con la catastrófica derrota de los agresores. La derrota de los objetivos estratégicos estadounidenses e israelíes durante la guerra se ha descrito como un momento decisivo. La estrategia estadounidense de consolidar su influencia mediante la “indispensabilidad” ha quedado al descubierto como profundamente dependiente de una garantía de seguridad que ya no es creíble. Los Estados del Golfo Pérsico están intentando, mediante maniobras políticas y mediáticas, ocultar esta realidad e impedir que el nuevo equilibrio regional se consolide.
La declaración conjunta de Estados Unidos y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), emitida el jueves, que repite las acusaciones infundadas de Washington sobre los programas nucleares y de misiles de Irán, es un ejemplo clásico de esta alineación ostentosa. Demuestra que los Estados del CCG están dispuestos a hacerse eco de discursos que sirvan a los intereses estadounidenses, incluso si dicha retórica antagoniza a su vecino. Sin embargo, las implicaciones de estas posturas difieren fundamentalmente de las de Estados Unidos o del régimen sionista. Estados Unidos e Israel operan a distancia.
Los Estados del Golfo Pérsico son vecinos permanentes de Irán y, durante la reciente guerra, experimentaron de primera mano que la seguridad colectiva es indivisible. Cualquier amenaza a la seguridad de Irán pone en peligro directamente la suya propia. Si bien se prevé que el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) lidere la inteligencia artificial y la transformación digital, estableciendo una ventaja de 300 mil millones de dólares sobre Irán, esta ventaja económica se basa en la paz y la estabilidad. Sus actuales políticas antagónicas socavan precisamente esa estabilidad, demostrando que no han asimilado por completo los costos económicos y de seguridad de alinearse con el eje Estados Unidos-Israel contra la República Islámica de Irán.
Visión del Líder: Convertir la victoria militar de Irán en una nueva realidad regional | HISPANTV La evolución del panorama geopolítico tras la tercera guerra impuesta ha generado un punto de inflexión decisivo en el cálculo estratégico de Irán, uno que, según el marco intelectual y analítico del Líder de la Revolución Islámica, trasciende de manera contundente los límites de cualquier memorando de entendimiento. La cuestión de la moderación iraní: Creando una impresión errónea Una posible razón de esta conducta poco amistosa es la excesiva moderación mostrada por los funcionarios iraníes hacia estos países durante y después de la reciente guerra. Durante los ataques de represalia de Irán contra bases y activos militares estadounidenses en toda la región, los funcionarios iraníes enfatizaron repetidamente que estos países debían distinguirse de Estados Unidos, y que el objetivo eran las bases estadounidenses, no su territorio. En algunos casos, funcionarios iraníes incluso se disculparon por atacar las bases estadounidenses en países árabes.
Esta política de distinción pudo haber creado la impresión errónea de que Irán les teme. En realidad, permitir que el enemigo histórico de Irán utilice bases militares en su territorio constituye desde hace años un acto hostil. Durante la última guerra, esas bases sirvieron como puntos de partida para ataques contra Irán, incluyendo el asesinato del Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, la muerte de miles de ciudadanos iraníes inocentes, daños generalizados a la infraestructura y graves perjuicios a la economía iraní. La normalización de las relaciones entre Arabia Saudí e Irán en 2023, mediada por China, se ha visto sometida a esta presión, y el acuerdo de cooperación de 25 años con Pekín (valorado en 400 000 millones de dólares) sigue en gran medida sin implementarse, lo que pone de manifiesto los límites de la capacidad estratégica de Irán.
La prueba libanesa: una alianza estratégica La situación en Líbano constituye una prueba crucial para esta reorientación regional. La persistencia del régimen sionista en sus ataques al sur de Líbano es un mensaje político de Estados Unidos e Israel dirigido a Irán. Al continuar con los ataques militares y adoptar una retórica cada vez más agresiva, el régimen busca socavar la hoja de ruta estratégica del Frente de Resistencia unificado. La estrategia estadounidense-israelí busca desvincular el frente libanés del programa nuclear iraní.
Al continuar las operaciones y aprovechar las discrepancias públicas entre Netanyahu y Trump, Estados Unidos pretende presionar a Irán para que se conforme con detener los ataques militares, abandonando su insistencia en la retirada de los territorios ocupados. Sin embargo, desde la perspectiva iraní, la guerra ha enseñado al mundo árabe que Estados Unidos es un socio poco fiable y que la hostilidad de Israel no solo se dirige a Irán, sino a todos los países árabes e islámicos. La agenda del “Gran Israel”, articulada por los estrategas israelíes, contempla la fragmentación de los estados árabes, incluidos Arabia Saudí, Jordania e Irak. El asesinato del Líder de la Revolución Islámica el primer día de la guerra impuesta obligó a Hezbolá a ocupar una posición estratégica donde la inacción resultaba más costosa que la escalada, destrozando la ilusión del alto el fuego posterior a 2024 de que el escenario libanés pudiera desvincularse de la confrontación más amplia.
Los Estados del Golfo Pérsico podrían haber desempeñado un papel constructivo apoyando la insistencia de Irán en un alto el fuego integral y la retirada militar de Israel del Líbano. En cambio, Washington ha presionado fuertemente a Beirut para que participe en negociaciones mediadas por Estados Unidos con Israel, con el objetivo de forzar al Líbano a entablar conversaciones directas y, potencialmente, obligar al gobierno libanés a un conflicto directo con Hezbolá. De la superioridad en el campo de batalla al apalancamiento estratégico: toma forma la nueva doctrina posbélica de Irán | HISPANTV El memorando de entendimiento, destinado a poner fin a la última fase de la guerra de agresión de EE.UU. e Israel, es esencialmente la codificación política de una realidad en el campo de batalla. Una respuesta diplomática y estratégica iraní decisiva En este contexto, se espera que la diplomacia iraní, junto con la preparación de sus fuerzas armadas, responda con decisión ante cualquier acción hostil de sus adversarios.
Las declaraciones de condena son totalmente insuficientes. La respuesta debe tener consecuencias tangibles. El primer pilar de la respuesta de Irán debe ser diplomático. Irán debe condicionar cualquier acuerdo futuro con Estados Unidos a la exclusión de los Estados árabes que mantienen políticas hostiles.
Deben comprender que la época en la que se escudan en los enemigos de Irán mientras conspiran contra su vecino más grande ya no es aceptable. El segundo pilar implica el uso de la geografía estratégica. Irán podría ejercer su soberanía sobre el estrecho de Ormuz imponiendo restricciones de navegación a los buques procedentes de esos países, en proporción a su conducta hostil. La importancia estratégica de los Estados del Golfo Pérsico constituye su mayor arma contra Irán, pero su dependencia del estrecho para las exportaciones de energía representa su mayor vulnerabilidad.
Un bloqueo selectivo enviaría un mensaje claro: los Estados del Golfo Pérsico no pueden beneficiarse del libre acceso a una ruta comercial mientras intentan contener a Irán. En lo que respecta al Líbano, la respuesta diplomática de Irán debe consistir en una insistencia aún más firme en la Cláusula 1 de cualquier memorando de entendimiento, que exige la retirada inmediata y completa del ejército sionista de todas las zonas ocupadas del Líbano. Las declaraciones que no cumplen con esta exigencia son insuficientes. Al declarar claramente que no se celebrarán negociaciones sobre la cuestión nuclear a menos que se evacuen las zonas ocupadas del Líbano, y al condicionar cualquier negociación futura a dicha retirada, Irán puede consolidar el marco estratégico del Frente de Resistencia unificado.
Los estados árabes intentan mantener el statu quo Las posturas de los Estados árabes del Golfo Pérsico representan un último intento por mantener un statu quo que ha sido destruido por los acontecimientos de la Guerra del Ramadán. Se encuentran atrapados entre la exigencia de Estados Unidos de que actúen como instrumentos de presión contra Irán y una nueva realidad regional que exige relaciones de buena vecindad. Durante demasiado tiempo, estos Estados han intentado tenerlo todo: beneficiarse de las garantías de seguridad y los lazos económicos de Estados Unidos, al tiempo que esperaban inmunidad ante las represalias iraníes por actos de agresión militar ilegal y no provocada que emanaran de su territorio. Esta última guerra ha puesto fin a esa época.
Irán es la nueva superpotencia del Golfo Pérsico, y los Estados árabes deben aceptar que su seguridad no puede sostenerse aliándose con potencias externas contra su vecino inmediato. Mientras se nieguen a aceptar esta realidad, Irán debe asegurarse de que su miopía se encuentre con una respuesta firme y decisiva, ya sea mediante la exclusión diplomática, el uso estratégico del estrecho de Ormuz o la consolidación del Frente de Resistencia. La elección para los Estados del Golfo Pérsico es clara: o bien forman parte de un marco de seguridad colectiva que beneficie a todos los Estados ribereños, o bien continúan siendo títeres de una potencia en declive.