Microsoft dice que Majorana 2 acerca el ordenador cuántico. Una crítica en Nature acaba de enfriar el entusiasmo

Microsoft dice que Majorana 2 acerca el ordenador cuántico. Una crítica en Nature acaba de enfriar el entusiasmo

La gran apuesta cuántica de Microsoft Microsoft lleva casi dos décadas persiguiendo una idea distinta a la de muchos de sus rivales. Mientras IBM, Google o Quantinuum trabajan con tecnologías cuánticas más conocidas, Microsoft apostó por los llamados cúbits topológicos, basados en modos de Majorana. La promesa es enorme. Si funcionan como espera la compañía, estos cúbits serían más estables y menos sensibles al ruido que los enfoques actuales.

Eso permitiría construir ordenadores cuánticos más resistentes a errores, uno de los grandes obstáculos que todavía frenan a esta industria. Esa es la razón por la que Majorana 1 llamó tanto la atención en 2025, y por la que Majorana 2 volvió a hacerlo en junio de 2026. Microsoft asegura que su nuevo chip usa materiales mejorados, reemplaza aluminio por plomo en parte de su estructura y consigue cúbits mucho más estables que los de la generación anterior. La compañía incluso aceleró su calendario: ahora dice que podría tener un ordenador cuántico escalable en 2029. ©Microsoft Youtube.

El problema: la ciencia todavía genera dudas La dificultad está en que la apuesta de Microsoft depende de una base física muy exigente. Los modos de Majorana no son partículas fundamentales observadas de forma directa, sino fenómenos emergentes que deberían aparecer en ciertos materiales superconductores. Y ahí entra la crítica publicada en Nature. Henry Legg, físico de la Universidad de St.

Andrews, revisó datos vinculados al trabajo de Microsoft y planteó que el software usado para identificar señales clave habría producido resultados inconsistentes. El punto central es técnico, pero decisivo: Microsoft necesita demostrar que existe un “gap” topológico estable en sus dispositivos. Ese gap sería una de las condiciones que permitiría construir cúbits topológicos fiables. Según Legg, los datos no prueban con suficiente claridad que ese fenómeno esté ocurriendo como afirma la compañía.

En otras palabras: la crítica no cuestiona un detalle menor del chip. Cuestiona una de las piezas sobre las que Microsoft construyó su narrativa de avance. Microsoft responde: el avión ya está volando La respuesta de Microsoft fue firme. La compañía sostiene que respalda su investigación y que la herramienta cuestionada no es una prueba aislada, sino un sistema práctico que ya utiliza para configurar sus chips.

Chetan Nayak, responsable del hardware cuántico de Microsoft, usó una metáfora muy directa: discutir si el vuelo es posible mientras uno está parado al lado de un avión. Para Microsoft, la discusión científica sigue abierta, pero los avances prácticos ya estarían ocurriendo. Ese contraste resume el choque actual. Para Microsoft, Majorana 2 demuestra que la ingeniería avanza.

Para sus críticos, todavía falta una cadena de evidencias más sólida que confirme que los modos de Majorana están realmente ahí y pueden convertirse en una plataforma fiable. Una promesa enorme con antecedentes incómodos La desconfianza no aparece de la nada. Investigaciones anteriores respaldadas por Microsoft en esta misma área ya fueron retiradas de Nature, y otros trabajos quedaron bajo escrutinio. La compañía sostiene que algunos de esos artículos fueron realizados fuera de sus laboratorios y que no revisó los datos antes de su publicación .

Aun así, el historial pesa. En una carrera tan competitiva como la computación cuántica, anunciar un calendario agresivo sin cerrar del todo las dudas científicas puede ser arriesgado. La promesa de 2029 no desaparece por esta crítica. Pero queda bajo presión.

La carrera cuántica entra en una fase más dura La computación cuántica ya no es solo ciencia básica. Es una carrera tecnológica, económica y geopolítica. Estados Unidos está invirtiendo miles de millones, las grandes tecnológicas compiten por demostrar ventaja y cada avance puede atraer talento, contratos y financiación. Por eso el caso Microsoft importa.

Si su enfoque topológico funciona, podría saltarse parte de los problemas que frenan a sus competidores. Si no funciona, habrá perdido años en una ruta fascinante pero demasiado incierta. La pregunta ya no es si Microsoft puede fabricar chips cuánticos llamativos. La pregunta es si puede demostrar, con evidencia suficientemente sólida, que su apuesta con Majorana puede sostener un ordenador cuántico real.

Hasta entonces, 2029 no es una fecha garantizada. Es una promesa ambiciosa que la ciencia todavía tiene que dejar pasar. Fuente: Xataka.