Misión incumplida – Parte III: Tras una guerra fallida, EEUU se ve obligado a reconocer soberanía de Irán

Misión incumplida – Parte III: Tras una guerra fallida, EEUU se ve obligado a reconocer soberanía de Irán

Por el equipo de redacción de Press TV El memorando de entendimiento (MoU, por sus siglas en inglés) entre Irán y Estados Unidos representa un punto de inflexión, no solo por poner fin a las hostilidades del enemigo, sino también por constituir un reajuste fundamental de la dinámica de poder en la región de Asia Occidental. Aunque gran parte de los comentarios internacionales se han centrado en los aspectos tácticos del alivio de las sanciones o de las negociaciones nucleares, la verdadera magnitud de este logro reside en el reconocimiento formal, de carácter contractual, de la soberanía y la integridad territorial de Irán. Es importante destacar que este reconocimiento proviene de un Estado que, durante más de cuatro décadas, ha mantenido una política de máxima presión, subversión y supuesto ‘cambio de régimen’ contra la República Islámica. Esta victoria diplomática, alcanzada gracias a la resiliencia y la capacidad de disuasión de Irán, constituye el logro político más importante del memorando y sienta una base nueva, aunque frágil, para un nuevo orden regional en el que Irán fija las condiciones.

El principio fundamental: la soberanía como base del MoU En esencia, el memorando de 14 puntos firmado la semana pasada por los presidentes de ambos países establece un marco claro y vinculante. La disposición más importante es el compromiso explícito de ambas partes de “respetar mutuamente su soberanía e integridad territorial y abstenerse de intervenir en los asuntos internos de la otra parte”. No se trata de un simple detalle de protocolo diplomático, sino del principio fundamental sobre el que descansa todo el memorando. Sin este reconocimiento mutuo, ningún acuerdo puede ser estable ni creíble, y constituye además un criterio para medir la seriedad de la parte estadounidense.

Para Irán, este compromiso representa la culminación de una exigencia que ha planteado de forma constante desde la Revolución Islámica de 1979. La aceptación formal de este principio por parte de Estados Unidos supone un cambio profundo respecto de su enfoque histórico y una importante victoria política para Teherán. La relevancia del memorando también se pone de manifiesto por aquello que no aparece en su texto. No hay ninguna referencia al llamado ‘cambio de régimen’, ni exigencias para desmantelar el programa iraní de misiles balísticos, ni llamados explícitos a eliminar por completo su capacidad de enriquecimiento de uranio.

Al aceptar la coexistencia en lugar de la confrontación, Washington parece haber abandonado, al menos por el futuro previsible, cualquier estrategia orientada a derrocar a la República Islámica. Esto es considerado ampliamente como una prueba del fracaso de los objetivos iniciales de la guerra emprendida por Estados Unidos e Israel. La guerra no produjo un ‘cambio de régimen’ ni pudo eliminar las capacidades estratégicas de disuasión de Irán. Misión incumplida – Parte II: EEUU impuso la guerra, pero Irán redactó los términos de su rendición | HISPANTV El memorando de entendimiento entre Irán y EE.UU. evidencia el fracaso de la “presión máxima” y la fortaleza estratégica iraní.

Forzar el paso de la ‘máxima presión’ al reconocimiento El camino hacia este momento no fue allanado por la buena voluntad de Estados Unidos, sino por la firmeza estratégica de Irán. Durante décadas, Washington intentó debilitar sistemáticamente a Irán mediante una estrategia multifacética, que abarcó desde severas sanciones económicas hasta amenazas militares directas y el apoyo a grupos terroristas y separatistas antiraníes. La campaña de ‘máxima presión’ de la Administración Trump buscó transformar las protestas internas en disturbios e inestabilidad. El propio Trump admitió públicamente que Estados Unidos había suministrado armas a insurgentes antiraníes a través del Kurdistán iraquí con el objetivo de generar caos interno.

El memorando alcanzado después de que la campaña militar no lograra sus objetivos señala, según el autor, un abandono definitivo de este enfoque sostenido durante años por sucesivas administraciones estadounidenses. Al aceptar los principios de soberanía y no injerencia, Estados Unidos se habría visto obligado, en la práctica, a renunciar a su método preferido de ejercer presión. Las disposiciones del memorando son claras: cualquier amenaza futura, apoyo a movimientos separatistas armados o intento de fomentar disturbios constituiría una “violación directa” del primer artículo del acuerdo. Para Irán, esto representa una garantía de importancia crítica.

Según el texto, la parte estadounidense aceptó estas condiciones debido a la fortaleza, la capacidad de disuasión y la determinación del pueblo iraní, y no por voluntad propia. Asimismo, sostiene que la maquinaria militar estadounidense capituló frente a una fuerza de respuesta que no pudo derrotar de manera decisiva en el corto plazo. La decisión de tratar a Irán como una potencia regional creíble, en lugar de un supuesto ‘Estado paria’, sería una consecuencia directa de los elevados costos de la guerra y de la capacidad iraní para resistir la campaña de presión. Misión incumplida – Parte I: EEUU fracasó en alcanzar todos sus objetivos de guerra contra Irán | HISPANTV La agresión estadounidense-israelí contra Irán no alcanzó sus objetivos declarados y la nación iraní emergió fortalecida en los ámbitos político, militar y regional.

Protección de los intereses nacionales fundamentales: el estrecho de Ormuz y más allá El principio de soberanía se extiende más allá de las fronteras políticas para abarcar los intereses nacionales vitales y los activos estratégicos de Irán. El memorando, aunque tiene como objetivo reducir las tensiones, refuerza firmemente el papel de Irán como un actor crucial e indispensable en la región. Un punto clave es la administración del estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica para el comercio mundial situada en aguas iraníes. El memorando garantiza el compromiso de Irán de asegurar el paso seguro de los buques mercantes, proporcionando un alivio a la economía mundial.

Sin embargo, esto no representa una victoria estadounidense ni supone que Washington haya adquirido control sobre el estrecho. Irán se ha apresurado a reafirmar sus derechos soberanos sobre esta vía marítima, tal como considera que le corresponde. En respuesta pública a las afirmaciones estadounidenses, funcionarios iraníes han declarado que el estrecho de Ormuz nunca volverá a las condiciones anteriores a la guerra y que será administrado por la República Islámica de Irán. Además, Irán también ha comunicado a Omán que ningún corredor marítimo en el estrecho será seguro si no cuenta con la aprobación de las autoridades iraníes.

Esta postura firme demuestra que, aunque Irán pueda facilitar el tráfico marítimo, sigue decidido a ejercer el control sobre este activo estratégico y a obtener beneficios de él, desafiando claramente las anteriores suposiciones de Estados Unidos. Según el texto, el memorando consolida el principio de que ignorar a Irán o menoscabar sus derechos soberanos en el golfo Pérsico ya no constituye una opción viable para Washington ni para sus aliados. Ormuz como línea roja: Irán enfrenta plan del corredor de Omán y amenazas de Trump | HISPANTV El cálculo estratégico en torno a las negociaciones que Irán mantiene con Estados Unidos en el marco del memorando de entendimiento ha llegado a un punto crítico. El futuro del memorando depende de la voluntad política en Washington Además, la permanencia de este paradigma basado en la soberanía no está garantizada.

El futuro del memorando sigue dependiendo de la voluntad política en Washington. Ya existen voces influyentes que se oponen al acuerdo preliminar. Algunos senadores estadounidenses han argumentado que concede demasiado terreno a Irán, lo que, según el texto, ha generado preocupación en Washington. De acuerdo con el artículo, la lógica del ‘bandolerismo estadounidense’ sugiere que Estados Unidos, si se le presenta la oportunidad, difícilmente respetará un acuerdo de paz y podría utilizar a sus aliados, especialmente a Israel, para ejercer presión o incluso violar directamente los términos del memorando.

De hecho, Israel es presentado como uno de los principales perdedores, ya que no fue parte de las negociaciones y aparentemente tuvo poca influencia sobre el resultado. El memorando, según el texto, pone de manifiesto una creciente divergencia entre los intereses estratégicos de Estados Unidos y los objetivos bélicos de Israel, lo que plantea la posibilidad de que futuras guerras pongan en riesgo la frágil estabilidad alcanzada. No obstante, las autoridades iraníes han advertido que cualquier violación del principio de soberanía recibirá una respuesta contundente.