De forma paralela, reuniones ministeriales de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), la Junta de Gobierno de la Comunidad de las Democracias y un foro de líderes globales complementaron una agenda internacional que diversos movimientos calificaron de contradictoria frente al legado integracionista del Libertador Simón Bolívar. Durante la Asamblea General de la OEA fueron aprobadas resoluciones sobre la situación política en Cuba, Venezuela y Nicaragua, las cuales recibieron una inmediata respuesta del Gobierno de la mayor de las Antillas. El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, denunció que el organismo hemisférico omitió cualquier referencia a la política de Estados Unidos contra la isla y calificó de «escandaloso» que exprese preocupación por la situación interna del país sin condenar las medidas coercitivas que, según afirmó, buscan estrangular la economía nacional y deteriorar las condiciones de vida de la población. En un mensaje divulgado en la red social X, el canciller instó a la OEA a pronunciarse contra lo que describió como un castigo colectivo impuesto al pueblo cubano, en violación del derecho internacional y de los derechos humanos, al tiempo que cuestionó el papel desempeñado por la Secretaría General del organismo.
Las críticas a la organización continental también estuvieron presentes en los debates académicos y políticos desarrollados en el contexto del bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá. Historiadores y analistas recordaron que la OEA, creada en 1948, surgió en el escenario de la posguerra como un mecanismo impulsado por Washington para institucionalizar su influencia sobre América Latina y el Caribe, alejándose del proyecto de integración soberana concebido por Bolívar. En ese sentido evocaron episodios como la invasión a Guatemala en 1954, la intervención en República Dominicana en 1965, el respaldo a dictaduras militares, la ocupación de Granada en 1983 y la invasión estadounidense a Panamá en 1989, hechos que, señalaron, evidencian el papel desempeñado por el organismo frente a los intereses de Estados Unidos en la región. Diversas voces calificaron de «cinismo histórico» que la OEA encabezara las actividades conmemorativas del Congreso Anfictiónico, al considerar que existe una contradicción entre el ideal bolivariano de unidad, independencia y concertación entre naciones soberanas y la trayectoria política atribuida al organismo hemisférico.
Para organizaciones como el Frente Nacional por la Defensa de los Derechos Económicos y Sociales (Frenadeso) y el partido Frente Amplio por la Democracia (FAD), el bicentenario representa una oportunidad para revitalizar el pensamiento integracionista de Bolívar y fortalecer la unidad latinoamericana y caribeña frente a las nuevas expresiones de dominación externa. Los colectivos insistieron en que los principios de soberanía, independencia e integración promovidos por el Congreso Anfictiónico mantienen plena vigencia y deben convertirse en una fuerza movilizadora para enfrentar los desafíos políticos y geopolíticos que enfrenta la región. mem/ga